Problemas de amigos (II)

Ayudar a una amiga, incluso cuando no sabe que lo necesita.

Ocurre a los 21 años y 7 meses.


Problemas de amigos (II)

No puedo evitar fijarme en el riachuelo de luz anaranjada que se cuela en el restaurante a través de la puerta principal.

Al fin, el último cliente de la tarde ha sido servido (un okonomiyaki del mar), y puedo sentarme a comer algo. Teniendo en cuenta que no he podido comer por la actividad de la tarde, voy a necesitar uno de los grandes.

—¡Ukyô —llamo hacia la barra —, qué tal si me haces uno de esos especiales de la casa? ¡Estoy hambriento!

—Claro que sí —responde, y sonría de una manera que me recuerda al símbolo del yen.

De hecho, tengo razones para pensar que sonríe así a propósito. Últimamente no parece pensar en otra cosa que no sea el dinero. En cuanto termina de desayunar, abre el restaurante y se atrinchera detrás de la plancha. No deja de cocinar ni para comer ni para hacer un descanso. Incluso ha usado todos los favores que le debía Ranma para que promocione el restaurante por las calles circundantes en su forma de chica.

Se ha convertido en una empresaria que no se detiene ante nada. Ni siquiera ante su propia salud.

—¡Mousse —me susurra de repente al oído Konatsu —, necesito su ayuda!

—¡Marchando un especial de la casa! —el okonomiyaki aterriza perfectamente sobre mi plato, y mando un agradecimiento de vuelta (el dinero ya saldrá del sueldo).

—¿Qué necesitas, Konatsu?

—Tenemos que sacar a Ukyô de esta espiral de trabajo —responde el kunoichi apesadumbrado —. ¡Se está matando!

No puedo más que asentir mientras engullo el okonomiyaki. Todavía no me puedo preocupar demasiado, porque a pesar del comportamiento de la chef, su cocina sigue siendo fantástica. Aún así…

—¿Qué tienes planeado, Konatsu?

—Bueno… Aprendí unas técnicas cuando vivía con mis hermanastras…

—¡Guau! ¿No crees que eso puede ser ir un poco lejos?

Konatsu se pone rojo como un tomate y hace gestos de negativa. Parece que no se ha dado cuenta de que le estoy tomando el pelo.

—¡No! Me refiero a unos masajes y unas técnicas de relajación —se explica cuando la vergüenza le deja hablar.

Ponderó la idea unos momentos. Aunque seguramente liberarse de la tensión no le vendría mal, dudo mucho que vaya a permitir que sea Konatsu quién le dé esos masajes. A lo mejor algo que pueda hacerlo a su propio ritmo. Algo que le aleje de la atmósfera de Nerima. Algo… como unos baños termales.

—¿Qué tal unos baños termales? Algo que se pueda tomar con calma, que le permita relajarse, que le limpie.

—¡Es una gran idea! —afirma Konatsu, al parecer de acuerdo.

—Muy bien, tenemos un plan. Tú ve a reservar un… —me paro a pensar. Que el kunoichi travestido haga una buena compra es casi tan probable como Ranma besando a Kunô. Lo mejor será qué yo mismo me encargue de la parte económica del asunto —Pensándolo mejor, yo me encargo de la reserva y luego ya los dos la convencemos de que la use, ¿de acuerdo?

—¡De acuerdo! —responde con entusiasmo.

Ahora lo único que falta es que Ukyô permita que la ayudemos. Y la verdad es que no estoy muy seguro de que eso vaya a ser así.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.