El diccionario de las oscuras penas: “Sonder”

Comienza mi exploración de las palabras inventadas por el canal The Dictionary of Obscure Sorrows.

Esta es la primera entrada de una corta serie que se va a centrar en el trabajo que lleva a cabo el canal de youtube llamado The Dictionary of Obscure Sorrows. Mi objetivo es darle eco en este blog, ya que me parece uno de los canales más interesantes a los que se puede suscribir uno en youtube ahora mismo (o tal vez sea porque tiene que ver con palabras, y está claro que me gustan). En todo caso, estas entradas no sólo servirán para traducir las definiciones de estas palabras inventadas que tratan de dar nombre a esas sensaciones y esos sentimientos que a veces nos toman, sino que también servirán para poner mi granito de arena y añadir mi visión sobre cada una de estas palabras.

Sin más, empiezo.

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Sonrisas deshilachadas

La honestidad a veces cuesta decepeciones.

Esta es la tercera versión que escribo de esta entrada. Y, honestamente, no veo que vaya a conseguir lo que intenté en las otras dos, así que voy a cambiar de estrategia.

Tenía muchas ganas de escribir algo más ligero, menos lleno de niebla y tristeza. Y me he chutado con todo lo que me hace sentir bien: he visto capítulos de Scrubs, he escuchado mis canciones más alegres (no mis favoritas, porque son casi todas tristes o melancólicas o taciturnas), e, incluso, ahora mismo estoy escuchando la canción de créditos de La vida secreta de Walter Mitty. En resumen, he intentado buscar todas las cosas que me han cambiado el humor a uno más positivo en algún momento de mi vida.

El problema, por supuesto, reside en que este no es un momento cualquiera de mi vida. Es un momento muy particular, unas semanas y unos meses que me marcarán para el resto de mi existencia. Según The dictionary of obscure sorrows, lo que siento ahora es Dès vu (al final de la entrada voy a poner un link al video, merecen todos muchísimo la pena, y creo que terminaré haciendo una entrada para unas cuantas palabras). Sé que lo que viva y lo que piense ahora se me quedará grabado a fuego en el cerebro por el resto de mi existencia. Y sé que tengo una oportunidad de oro de cambiar justo ahora. Ahora que me toca reconstruirme puedo elegir cómo hacerlo.

Y no quiero fingir. Quiero seguir escribiendo aquí, continuar esta especie de mezcla entre diario, taller literario y expresionismo escrito. Quiero cambiar algunos hábitos, introducir unos nuevos que mejoren mi salud física, y quiero un nuevo nivel de higiene mental que no he tenido hasta ahora. Quiero disfrutar de la soledad, y quiero poder salir de ella sin secuelas para quedar y socializar con tranquilidad, sin la sensación de que necesito o no necesito hacerlo según las circunstancias. Simplemente, estoy intentando ser más fiel y honesto conmigo mismo, a fin de poder serlo con los demás.

En cierta manera me gustaría decir que estoy mejor y ya está. Que lo malo se acabó el día D a la hora H y que a partir de ese momento hice el desembarco en la playa de un nuevo estado anímico y que lo demás quedó al otro lado del estrecho. Me gustaría poder mirar al futuro con el optimismo con el que decidí apuntarme a kung fu y aplicarlo a todo lo demás, como si se me hubiera agotado la tristeza y la nostalgia y tan sólo hubiera sabor felicidad en el menú. Me gustaría, llegados a este punto, haberme recompuesto ya y que ahora tan sólo hubiera tiempo para todas las cosas buenas y nuevas que tengo por delante.

Pero, no es así. Nunca es así. Las personas somos un barullo de emociones, cuyo volumen lo controla otro barullo de hormonas, que a su vez se ve afectado por un barullo de decisiones que tomamos cada día. El nivel de complejidad es apabullante. Y aunque cada día más personas entienden que esto es así, aún nos obcecamos en ponerle cuadrículas a estas cosas e intentar colocarle medias y medianas a este tipo de cosas. Es magnífico pensar como, sin apenas entender como funciona nuestro estado de ánimo, hemos sido capaces de conseguir tanto.

Una vez más, me voy por las ramas. Lo que quería decir es que, sencillamente, durante un buen tiempo, aunque parezca que esté bien, y aunque por el día me divierta y me ría y me duela y vaya y vuelva y haga comida y organice eventos y estudie y apruebe y suspenda y escuche y hable, a pesar de todo esto, seguiré pegando mis trozos. Me seguirá ocurriendo que cuando se acabe el día y todo el mundo se haya ido y me mire ante el espejo, solo y casi a oscuras, una sensación incontenible de rotura me rasgue en dos. Se me parará el corazón y examinaré mi imagen del otro lado con la curiosidad clínica del descubrimiento de una nueva especie. Miraré y me moveré a su alrededor, con el corazón parado y la respiración perdida, tratando de encontrar el punto de donde provienen todos los rotos que me sesgan por dentro. Tiraré de los hilos de una sonrisa deshilachada, y mientras mi mirada se escapa entre párpados de plata, apuntaré con presura cada uno de los sonidos encantados que escapen de mi forma convertida en estatua.

Y habiendo estudiado con tanto detenimiento la parte de mí que hará las veces de maquillaje amable, me retiraré y me esconderé de nuevo en sus adentros, con el fin de no dejar vacías de alma las cuencas de unos ojos que, poco a poco, cada vez ven menos. Menos colores, menos luces y menos razones para seguir abiertos.

Si es que, no se me puede dejar solo. Con nada me pongo como tonto con ese tipo de prosa tan pintada que a veces da la sensación de no ser ni de este planeta. Pero claro, es el tipo de cosa y el tipo de manera de las que me gusta escribir. Simplemente, me sale solo.

Dicho todo esto, de paso un aviso. Esto no significa que no me apetezca hacer todas esas cosas de las que hablaba unos párrafos antes, o que no las vaya a disfrutar. Muy al contrario. Precisamente, contra este manto infinito de gris y negro, las luces de todas esas estrellas que me acompañan son tan brillantes y cálidas que no puedo dejar de sentir lo maravillosas que son. Y además, su contraste me permite encontrar las partes bellas del manto gris y negro que me suele cubrir.

En fin, ya voy terminando. Si bien no es que sea mucho más alegre, al menos no es tan triste. Al fin y al cabo, el tiempo hace su efecto, y las conversaciones amigables también. Me sigue dando miedo que todo esto deje de dolerme en algún momento, ¡pero bueno! No sería la primera vez que estoy muy equivocado sobre algo.

P.D.: Aquí va el link al video del que hablaba, Dès vu. Creo que no tardaré mucho en empezar a hablar de este canal.

Comienzos

Un viaje imposible para un comienzo imposible.

Comienza un nuevo giro. Mirando al Sol, nuevos cantares y nuevos paisajes.

Comienza todo de nuevo. Son nuevas sonrisas, nuevas lágrimas y nuevas confesiones, aunque sean heridas viejas. Son nuevas experiencias, siempre que desciendo por este afluente de vuelta a mi corazón, en el bosque de mis vergüenzas. Continúo hasta encontrar de dónde brotan todas estas lágrimas, en un valle de remordimientos. Y por fin, arranco del mapa todos estos lugares, y en una maceta en el alfeizar, planto todo esto junto a las semillas de un nuevo yo. Tal vez, con el Sol y la nueva lluvia, algún día crezcan madreselvas y nuevas canciones, y germine un nuevo destino, un mar en el que navegar otra vez, cuyo fondo esté poblado de mis antiguos naufragios, hogar de mis nuevo sueños, y de los bailes imposibles que brillan como estrellas en la noche abisal que es su hogar.

Comienza un nuevo fuego de la noche de San Juan en una playa desconocida. Tumbado sobre la arena, me hundo poco a poco, y van desapareciendo las viejas estrellas. Me transporto entre mil colores y el caleidoscopio de mi mente por los tiempos pasados y las tormentas que trajeron consejos y las olas que me permitieron elevarme entre el fuego del falso cariño. Y cuando ya no puedo aguantar las vueltas y el dolor, se acaba, me deja, y sin fuerzas, abro los ojos por primera vez. Las estrellas son todas nuevas, tan lejanas como siempre, tan sólo duelen menos. Sólo duelen menos, aunque no sea difícil. Menos brillantes, y la Luna sonríe apesadumbrada, clavada en el cielo con las palabras de una despedida, se derraman sus lágrimas invisibles por toda la eternidad.

Comienzan todos los bosques a volverse fantasmagóricos, ahogados en bruma y el ulular de un búho que no puede dormir los recorren. El apesadumbrado quejido de flores que llevan muertas entre la bruma toda una eternidad que nadie conoció. Se posan en sus pétalos muertos las esperanzas perdidas, los sueños robados y las expectativas malogradas. Y como una cascada de tristeza, se acumulan en el pantano donde dan hogar a nenúfares multicolor, llenos de la amargura que llevaban las palabras que nunca se dijeron. Perviven durante siglos, incapaces de morir porque nunca podrán expresar la razón de su existencia, eternamente vivos por no poder morir. Y mientras, los sauces llorones continuarán cubriéndolo todo, peleando como caballeros, con sus infinitas hojas, por los rayos de sol que nunca podrán llegar a su objetivo.

También comienzan los desiertos a volverse multicolor, soledades hechas león que nunca han tenido amigos, tiempos que se deshacen sobre las dunas, incapaces de hacer tic-tac en su justa medida, absurda parodia de la mayor fuerza de nuestro universo. Porque sin tiempo no hay recuerdos, y sin recuerdos hay olvido, y así surgieron todas las sombras, los inviernos y la verdad, que quema y arranca la piel de unos labios nacidos de ortigas, de una imagen de cartón piedra que pintamos mientras tuvimos los ojos vendados. Y mientras las dunas avanzan, cubriendo los ojos de una tierra incógnita, todas nuestras palabras son arrastradas por el viento, perdidas entre los barcos que se llevan nuestros amores de verano y la ilusión de esa inocencia que perdimos entre suspiros. Y en las entrañas de este nuevo desierto, allí donde se esconde el oasis de nuestra verdad, allí descansan todas las carreteras que nos vieron sonreír, los árboles que nos dieron sombra mientras nos abrazábamos, las sábanas con las que nos escondimos al volar, los rayos de sol que nos iluminaron al besarnos. Allí, sin esperar a nadie, estamos nosotros, cuando todo era tan imperfecto como ahora, pero aún no nos importaba.

Al fin, comienza también ahora un nuevo hogar. Las puertas serán reforzadas, y las paredes se funden con el asfalto y con las ganas de no-vivir. Más rígidas y más maleables que nunca, toman formas imposibles, se mantienen y se retuercen, y se hacen invisibles cada vez que saco un boli y lo apunto al desván. No hay calefacción en este nuevo hogar, tan sólo el fuego hueco de un enfado sin razón, y las razones huecas de un teatro de fin de semana, una representación ilegal de unos sueños que se venden al mejor postor, una realidad alternativa que amenaza con absorber todo lo demás. Soplaré todo el polvo de los estantes, y retiraré las sábanas blancas de los muebles. Dejaré a la vista las alhajas, y en la caja fuerte guardaré papeles sin importancia y tickets sin usar. Apagaré las luces, y cuando ya no pueda aguantar más, abriré las ventanas y dejaré que entre el invierno. Se enfriarán mis corazones y ya no pensaré más. Tan sólo sentiré viejos sentimientos y viejas sensaciones. Soplaré y soplaré todo lo que he sufrido y dejaré que entre nueva música, y se derramarán como enredaderas mis historias por la fachada, y surgirán de ellas cientos de flores, donde se acumularán sueños, esperanzas y expectativas. Dibujaré estrellas en mis techos, y por la noche, brillarán titilantes, bailando imposiblemente en el fondo de mi pupila, repitiendo todos aquellos movimientos que una vez me hundieron en arenas movedizas multicolor. Y en el sótano, al fondo más profundo, instalaré un oasis artificial, donde pueda volver a ver todas las veces que fui feliz, siempre que me olvidé de todo menos de ti, siempre que la sonrisa no fue un maquillaje amable.

Ahora que comienza mi primer día sin ti, recuerdo lo que ha acabado. Porque la parte más difícil de acabar es volver a empezar, y por muchas luces que se enciendan a mi alrededor, ninguna brillará tanto como tú. Y aunque algún día parezca que no recuerdo nada de lo viejo, lo cierto es que siempre lo llevaré puesto; bajo la piel, donde nunca nadie lo vea. Sólo tú, que siempre pudiste ver mi interior sin esfuerzo, aunque no te dieses cuenta. Nunca nadie me conoció como tú, y ahora tendré que cargar por siempre con el adiós que te dí.

Y llora el río cuando pasa, porque sabe que no volverá.

Aguja en el pajar

Dudas, dolor y destrucción.

Lo peor son las dudas.

Porque en este momento de aceptar la realidad, de rodar con los golpes y seguir adelante, de flotar por encima de la superficie y no dejarme hundir; en este momento en el que debo levantar la vista y mirar con esperanza el futuro, mi mirada me pesa, se queda pegada al suelo. Me pierdo en el gris, en las líneas que no se acaban, en todas esas cosas que le sorben el color a la realidad. Mudo y sordo, camino sin sentido cuesta abajo, sin pensar a dónde voy o qué hago con mi tiempo. Tan sólo quiero quemarlo, que pase y quede detrás de mí, huir de todo lo que puede hacer, de lo que me hará.

Porque, ¿qué será de todo esto? De los sentimientos que ahora me queman, de la realidad que me cuentan, de todo lo que no puedo siquiera dejar de ver, de oír. De todas las miradas, de todos los susurros, de esas caricias que una vez compartimos con el otro con todo el corazón. Las almas que una vez fueron una, los oleajes que capeamos juntos, los viajes que realizamos a mil y una realidades. Todo lo que una vez fue nuestro, que ahora se deshilacha en tuyo y mío; todo lo que siempre quisimos, ese futuro que ya no será, tanto luchar y al final, ya no importa, porque se apagó el fuego que alejaba el invierno de esa soledad que había olvidado, ese silencio cuando me escondo entre las sábanas.

Y saber que ya no aparecerás, que no me esperan más sorpresas por las noches, que las estrellas vuelven a estar ciegas y que tu mirada ya no es la misma. ¿Y qué ha sido de la mía? No lo sé, ya no me miro en el espejo, porque siempre que miro tan sólo veo un muñeco, un títere cuyos hilos están viciados, que perdió sus articulaciones cuando las palabras se ataron a su cuello. Que ya no queda aire, me ahogo cuando miro por la ventana y no hay nadie para apartar este silencio ominoso, este nuevo compañero que todo lo ensordece, que ya nada parece de este mundo, que nada me queda en el mundo, aunque siga girando y todo se haga borroso, y yo buscando el final de un viaje que acaba de perder todas las direcciones y todas las intenciones.

Si una vez yo no sentía esto, si yo tenía una luz al final del camino, mi propia estrella, una guía entre la niebla de la juventud; y ahora ha desaparecido, ya no queda ni la luz ni la sabiduría ha llegado aún. Vuelvo a estar perdido, y estoy partido: todo es nuevo otra vez, pero ya no estoy seguro de querer lo nuevo. Aunque lo viejo esté roto, al menos existía, y la promesa de lo nuevo ya no tiene efecto en este marinero que fue a parar a mal puerto. ¿Por qué debería seguir, si no me apetece? Si acaso siento que he vuelto al principio, que vuelven los viejos sueños y las certezas aún más antiguas. Si todo esto no hace más que confirmar aquel viejo sentimiento de imposibilidad; si lo intenté con todas mis fuerzas y aún así no fue suficiente, tal vez sea el momento de aceptar lo que ha sido demostrado una y otra vez. Que hay cosas que no pueden ser, que hay quienes están condenados a ser la aguja en el pajar: siempre rodeados, siempre solos.

Pero, ¡qué más da! Si todo esto durará hasta que vuelva el entumecimiento, la parálisis de la rutina, del escapismo desmesurado de una vida en algodones. No sentir por ser tan difícil, tan sólo imaginar todo lo bueno, nada de lo malo. Ser otro contacto ausente de una lista infinita en una vida que no se detiene ante nada ni nadie. Si puedes desaparecer entre las grietas de la distancia y el tiempo, ser imposible porque fuiste a intentarlo y comenzaste de la manera más difícil, y ahora ya no tienes energías para nada más. Invertiste todo, y lo perdiste.

Ahora toca destrucción. Frente al espejo, esa imagen fracturada que mantuviste unida por otros, ya no puede estar más. No queda más que romperla, destrozar ese espejo, y con el, todas las mentiras que se han ido convirtiendo en una máscara que te quema la piel, no te deja ver y vicia el aire que respiras. Destruir cada segundo de mentiras e imposibles. Quemar todo lo que se ha vuelto veneno, y no dejar que el cariño envenene nada más de falso amor. Respirar en la ventana, salir y caer, volar o no, lo que dicte cada uno de esos sentidos que se embotaron y se volvieron en tu contra. El dolor es honesto, atraviesa todas tus mentiras para llegarte directo al corazón. Agárralo con fuerza y no lo sueltes jamás, y elige: o dejas que te consuma, o lo consumes, parte de ti para siempre, combustible para que nadie más tenga que sentirse así.

¿Y después de todo esto? Seguramente reconstrucción. Quién sabe. Nada es seguro y todo es probable. Tal vez se pueda imaginar algo nuevo, tal vez se pueda crear algo que sea verdadero, una verdadera expresión de esa alma que se vuelve a formar, más estallada pero duradera.

Por ahora, sin embargo, continúa el final de todo. Aunque sea bajo la piel, aunque sea con una sonrisa y el final de una mentira que es costumbre usar. Porque no importa lo que diga, si cuando aplico la pluma al papel éste acaba mojado, significa que aún me estoy curando. Y que duele, aún duele aunque no entienda nada.

Pero eso es bueno. Significa que aún queda algo, que no se ha consumido todo mi capacidad de sentir. Que ésa es mi mayor duda. Porque de tanto entumecimiento, de tanta parálisis, empezaba ya a dudar de que hubiera algo moviéndose por dentro. Imaginaciones mías, me decía. Pero no.

Duele. Pero eso es bueno.

Eso es que estoy vivo.

¿Alguna vez..?

Sobre la tristeza de tener una realización que nadie más tiene, y lo solo que eso te puede hacer sentir.

¿Alguna vez te ha pasado que, tras disfrutar de una historia que te gusta mucho, en forma de peli, serie, libro o lo que sea, al reflexionar sobre ella y darte cuenta de lo mucho que te conmueve y que la llevarás siempre contigo a partir de ese momento, te invade la tristeza?

Sé que es raro, pero a mí me sucede. Me sucedió hace poco con Moonrise Kingdom. Es una historia, en realidad, bastante triste. Llena de música fantasmagórica, temas serios y oscuros, y el indefectible ritmo visual de Wes Anderson, capaz de crear nostalgia con colores pasteles.

Entre toda esa amalgama de contradicciones he encontrado cierta inspiración, cierta perspectiva, perfectamente centrada y encuadrada, sobre las verdades que subyacen en este mundo. Sobre la inocencia y su pérdida; sobre la responsabilidad y su adquisición; sobre la realidad y nuestra manera de construirla. En resumen, he encontrado una nueva manera de observar lo que me rodea, y unos nuevos acordes que me acompañen.

Pero eso no es lo importante, o al menos, de lo que quiero hablar. De lo que quiero hablar, sobre lo que pregunto al principio, es la tristeza irremediable que me tomó después. Una especie de nostalgia por algo que nunca he tenido; ese tipo de sentimiento irracional que acosa con más asiduidad a aquellos que aún no han aprendido a tomar las riendas de su propio ser. Un esplín que casi no se puede explicar, pero que me ataca siempre en estas situaciones.

Cuando algo me define; cuando siento que lo que estoy presenciando es una de esas verdades que se esconden a plena vista; cuando no puedo dejar de pensar que el mundo sería un lugar mejor si todo el mundo interiorizase lo que acabo de interiorizar. Entonces, me llena una terrible tristeza que me corta la respiración y hace que pierda un latido o dos de mi vida. Y se me llena la boca de silencio, y mi mente se vacía y se llena sin ton ni son, y no me puedo ni mirar al espejo. Y si no estoy solo con mi reflejo, entonces prefiero esconder la cara. Porque muchas veces la tristeza es demasiada, y no puedo ni mantener la compostura.

Reconozco otra vez que es muy raro. Pero es tan poderoso que no lo puedo negar. Me consume de una forma desmedida, hasta el punto en que suelo revisar varias veces el momento en el que ocurre, y la reacción continúa siendo la misma. Aunque ya lo tenga aceptado o me prepare para ello. Da igual, ese momento me habrá marcado para siempre, y debido a los fuertes lazos que creo entre la memoria y los sentimientos asociados a ella, no fallará en ocurrirme incluso cuando tan sólo esté recordando ese momento.

Honestamente, no sé ni explicar qué me sucede. ¿Es tristeza por la humanidad, una manera de expresar mi desesperanza más profunda por esta especie capaz de lo mejor y de lo peor? ¿O tal vez es algún tipo de onanismo intelectual, una manera sutil de llorar el solipsismo intelectual al que uno se ve sometido a veces al parecer que su ADN se desarrolló en una estrella muy lejana, donde el ser humano era tan sólo un folio mal impreso entre la guía del Museo de Historia Natural Universal? ¿O, tal vez, no sea nada más que la manera de un alma desordenada de expresar una tristeza que no tiene más salida que romper los diques de lo cotidiano y escapar por una grieta entre tanto intelectualismo desbocado que al final no sirve sino para ocultar una mediocridad de la que no se escapa nunca hasta conseguir lo imposible y nunca jamás estar contento nunca más?

Y así, al dejarse ahogar en este océano de tristeza, sentir una justificación más para cerrar los ojos y escapar, venir al folio en blanco y escribir estas cartas sin destinatario que, como buenas riendas, me llevan y me dirigen a seguir avanzando aunque no sepa en qué dirección.

O, tal vez, sea simplemente que soy un tipo triste. Un adicto a la tristeza que necesita su chute incluso si viene de algo alegre, porque de alguna manera hay que poner en marcha la máquina del humor.

Así que, en una especie de nueva y extraña necesidad (tal vez esté madurando, o tal vez me esté haciendo aún más niño), lo pregunto aunque nadie me responda.

¿Alguna vez te ha pasado que te ha hecho sentirte muy triste una lección que has aprendido y que sientes que el resto también deberían aprender, pero te das cuenta de que no lo harán? ¿Sentir que una historia pareciese que está hecha para ti y que nadie a tu alrededor se siente así? ¿Descubrir que nadie entiende una peli o serie o lo que sea como tú, o que nadie le saca el mismo significado?

¿Alguna vez has llorado con un final feliz?

Cuando te sientas sola

En los momentos más oscuros, un buen recuerdo puede ser lo que cambie el rumbo.

Cuando te sientas sola, recuérdame.

Cuando todo a tu alrededor se desmorone, cuando los dinteles se resquebrajen y las ventanas encojan. Cuando los teléfonos comuniquen y el silencio se apodere de tus canciones. Cuando haga frío hasta debajo de las sábanas y el Sol que entre en tu habitación esté descolorido y apagado. Cuando cierres los ojos y lo único que veas sea tu huida y un mar infinito, embravecido y lleno de todos tus miedos.

Cuando tengas miedo hasta de tu respiración, recuérdame.

Recuérdame en aquella tarde lluviosa de noviembre. Vuelve a dibujar nuestro paraguas en tu mente, y deja que el sonido de la lluvia te envuelva. Siente el calor de nuestro abrazo, y las palabras sin sentido que susurré a tu oído. Trae de vuelta tu sonrisa sin miedo y el latir acelerado de nuestros pechos. Observa una vez más las casas que se mecían a nuestro alrededor, que fueron dejando paso a aquel campo verde como el mar más amable que nunca habíamos visto.

Recuérdame, y no olvides que si lo bueno se acabó, también lo hará lo malo.

Que la oscuridad que vive en tu interior también habita en todos los que te rodean. Que abandonarse a ella a veces parece sensato, y hasta podría decirse que es nuestro destino, que está escrito en nuestros genes. Que cuando lo engulle todo, tan sólo resta cerrar los ojos y fundirse con ella. Dejar a un lado todo lo que fuimos y nunca más volver a preocuparse por la quemazón de la luz.

Pero entonces, recuérdame en la oscuridad.

Recuérdame bajo las estrellas. Vuelve a sentir el suelo en tu espalda, su frío y nuestro calor. Deja que te inunden las infinitas chispas de aquel cielo invernal. Vuelve a aquella mirada y todo lo que comprendimos sin decir nada. Recuérdame con las constelaciones y las estrellas fugaces, y no te preguntes dónde se fue ese tiempo, o no podrás pedir otro deseo.

Recuérdame, y no dejes de comprender que en la oscuridad nace la luz, y que la luz necesita de la oscuridad.

Y si se marchita aquel árbol que te dio la sombra; y si los campos por los que corre tu alma libre están secos; y si las flores de tu pensamiento se han malogrado. Si ya no quedan madreselvas en tus ventanas y te ha crecido una ortiga en la piel cada vez que tocas a alguien. Si te retienen las raíces de un árbol milenario y sientes tu vida ser absorbida por tu celda.

Si el verde dejó paso al negro, recuérdame a la orilla del mar.

Recuérdame en aquella playa desierta. Vuelve, y vuelve a echar todos tus miedos al mar. Que zarpen otra vez todos los barcos de papel que hicimos. Cántame otra vez esa canción que sólo tú conocías. Invoca al fuego, su pureza, y la tormenta que arreciaba a lo lejos.

Recuérdame, para que puedas recordar que allí te liberaste de todos los miedos y lamentaciones que ahora te atacan. Y que no me necesitaste, porque nunca me has necesitado.

Recuérdame, para olvidarme por siempre.

La infinita tristeza de lo que no empieza

La madrugada del 5 de junio de 2015 me pregunto qué es exactamente lo que estoy haciendo. Como es habitual, no encuentro respuesta.

Recuperando otra entrada antigua. Del 5 de junio de 2015. Casi un año ha pasado, y aunque no todas las dudas se han resuelto ni todas las pesadillas se han ido a dormir, mucho ha cambiado desde entonces.

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Canciones que trascienden

Obsesionado, como suele ser usual en mí, con cierta canción, le doy otra vuelta de tuerca a lo que una composición puede trascender a su propio medio.

No puedo negar que, en buena parte, estas entradas tienen parte de diario.

A veces se me suben las metáforas a la cabeza e intento escribir algo con cierto toque lírico. A veces toco temas un poco alejados de mí, y a veces simplemente se me va la cabeza y lo que quiero es dejar fluir mi consciencia y ver qué sale. Pero, en general, hay siempre el elemento común de hablar, más o menos rebuscado, de mí.

Eso es lo único continuo, lo único que se repite sin cesar en este lugar; algo, por otro lado, natural, ya que se trata de un blog, y ese es uno de los objetivos de un sitio así. Es, al fin y al cabo, el hilo conductor de esta historia maltratada por la pluma de este escritor regulero que soy yo.

Por eso, muy de vez en cuando, me gusta dejar todo el atrezzo y todos los maquillajes y simple y llanamente hablar de algo que me ha pasado a mí. Por suerte, no es una época que me suela durar mucho, y así no tengo que hacer sufrir a nadie más de la cuenta.

Y hoy me gustaría dar cuenta de una canción de la OST de Transistor, aunque bien podría hablar de muchas. Me gustaría centrar la atención especialmente sobre Paper Boats.

Esta canción lleva dando vueltas por mi cabeza unas semanas, y parece haberse instalado para siempre.

Y es que es increíble. ¡Cómo en tan poco tiempo y con tan pocas palabras se pueden decir tantas cosas!

La voz de Ashley Barret, la cantante, tiene un toque que parece directamente sacado del Nueva York de los años 20. Esa melodiosa seda acústica que te habla de lo imposible que es que no termine junto a alguien. Junto a él.

Porque es importante recordar a quién va dirigida la canción. Hay unos pocas con parte vocal, y todas las que la tienen están íntimamente relacionadas con la historia del videojuego. Todas están muy dirigidas.

A partir de ahora entro en zona de spoilers, así que si en algún momento hay interés en jugarlo, recomiendo no leer lo siguiente. Si no, aquí vamos.

Paper Boats en particular está dirigida al coprotagonista de la historia, el único ciudadano de CloudBank que no está en el sistema. B es la ciudad interconectada y automatizada que es, sin lugar a dudas, el tercer protagonista de la historia. Este hombre que está fuera del sistema tiene algún tipo de relación sentimental no romántica con Red, la protagonista. Y según avanza el juego, este hombre se sincera y confiesa su amor por Red. Y ésta desarrolla tanto cariño hacia él que termina convirtiéndose en algo más. Y cuando, llegado el final del juego, todo el poder que Red adquiere no puede salvar a su salvador, ella decide acompañarle en su vida en muerte.

Por supuesto, me estoy dejando cosas, muchas cosas por el camino. Pero ese es, a grandes rasgos, el devenir del argumento. Paper Boats aparece al final, cuando todo ese círculo se ha completado, y ya sólo queda expresar lo que Red ha desarrollado hacia su compañero. Cuando Red al fin puede abrazar a su compañero, ella, que ha estado muda hasta entonces, lo saluda con un “Hi” que, bueno, dice más de lo que se puede comprender sin jugar el juego. Y entonces, de fondo una imagen de ellos dos, los créditos empiezan a aparecer, y comienza la canción.

Arriba está la canción para que se pueda escuchar mientras se lee la entrada. Porque no quiero estar dedicando muchas líneas a lo que dice exactamente la canción. Pero sí quiero hacer especial hincapié sobre un par de versos.

We are magnets pulling from different poles // With no control // We’ll never be apart. Me encanta esta parte. Hacer que un concepto tan científico como el funcionamiento de los imanes se convierta en una metáfora de encontrar a otra persona. Me parece realmente excepcional. Y va tantísimo y tan bien con la temática del juego, que no hace sino reforzar la capacidad de la canción de mezclarse con el argumento y, así, reforzarlo aún más.

We can run, but we can’t hide // Try. Otras pocas líneas que me encantan. Me encantan porque demuestran una seguridad de Red en sí misma que me fascina y me enamora. Creo que durante mi vida casi siempre he volado alrededor de mujeres seguras de sí mismas. Y que, precisamente, lo que más feliz me ha hecho ha sido poder ayudarlas cuando flaqueaban en esa seguridad. Cuando necesitaban a alguien con quién hablar, con quién plantearse preguntas jodidas sobre su existencia, quiero pensar que he formado parte del grupo de personas que les ha ayudado a volver a mirarse en el espejo y ver lo mucho que valen. Porque, si alguna vez lo he conseguido… Bueno, eso vale más que cualquier otra cosa que consiga en la vida.

¡Qué le voy a hacer! Me atraen las personas seguras de sí mismas. Aunque luego eso me dé problemas cuando no coincida con ellas. Esa siempre ha sido la parte que debería mejorar.

Pero, volviendo al juego. Por lo que acabo de decir, es fácil deducir que otra razón por la que me he obsesionado con el juego ha sido, precisamente, su personaje principal. Red, esa cantante de fuego y hielo, que no está dispuesta a rendirse aunque toda una ciudad esté contra ella. Aunque lo haya perdido todo. Aunque todo esté en contra, no se rinde. Y a pesar de la admirable fortaleza que demuestra con cada paso que da, todavía sigue siendo una persona. Una mujer que está sintiendo como una persona que ha dado la vida por ella sufre y pierde la esperanza. Y como, poco a poco, se da cuenta también de que lo que siente por su salvador es más que amistad. Supongo que, en parte, esta fascinación proviene de que me considero poca cosa, un tipo corriente de poca valía, y que por eso precisamente me llama tanto la posibilidad de enamorar a alguien tan fuerte y tan autosuficiente.

Por suerte, conozco gente así. De algunos y algunas, soy amigo, y es un honor. De otra, soy algo más. Y soy muy feliz por ello. Siempre hay esa sensación, esas ganas de salvar, de abrazar y hacer sentir bien cuando todo va mal. Aunque, poco a poco, comprendo que debo respetar cuando no quieren eso.

Porque a veces es el momento de abrazar, y otras es el momento de mostrarse duro como la roca.

Y a veces hay que encarnar un ángel destructor que rehaga la realidad a voluntad.

Y ya después, en la intimidad, ya se volverá vulnerable entre tus brazos, como una niña o un niño ante la oscuridad. Esos son los monstruos de los que le puedes proteger.

Y que ella o él te proteja de los demás.