Sonrisas deshilachadas

La honestidad a veces cuesta decepeciones.

Esta es la tercera versión que escribo de esta entrada. Y, honestamente, no veo que vaya a conseguir lo que intenté en las otras dos, así que voy a cambiar de estrategia.

Tenía muchas ganas de escribir algo más ligero, menos lleno de niebla y tristeza. Y me he chutado con todo lo que me hace sentir bien: he visto capítulos de Scrubs, he escuchado mis canciones más alegres (no mis favoritas, porque son casi todas tristes o melancólicas o taciturnas), e, incluso, ahora mismo estoy escuchando la canción de créditos de La vida secreta de Walter Mitty. En resumen, he intentado buscar todas las cosas que me han cambiado el humor a uno más positivo en algún momento de mi vida.

El problema, por supuesto, reside en que este no es un momento cualquiera de mi vida. Es un momento muy particular, unas semanas y unos meses que me marcarán para el resto de mi existencia. Según The dictionary of obscure sorrows, lo que siento ahora es Dès vu (al final de la entrada voy a poner un link al video, merecen todos muchísimo la pena, y creo que terminaré haciendo una entrada para unas cuantas palabras). Sé que lo que viva y lo que piense ahora se me quedará grabado a fuego en el cerebro por el resto de mi existencia. Y sé que tengo una oportunidad de oro de cambiar justo ahora. Ahora que me toca reconstruirme puedo elegir cómo hacerlo.

Y no quiero fingir. Quiero seguir escribiendo aquí, continuar esta especie de mezcla entre diario, taller literario y expresionismo escrito. Quiero cambiar algunos hábitos, introducir unos nuevos que mejoren mi salud física, y quiero un nuevo nivel de higiene mental que no he tenido hasta ahora. Quiero disfrutar de la soledad, y quiero poder salir de ella sin secuelas para quedar y socializar con tranquilidad, sin la sensación de que necesito o no necesito hacerlo según las circunstancias. Simplemente, estoy intentando ser más fiel y honesto conmigo mismo, a fin de poder serlo con los demás.

En cierta manera me gustaría decir que estoy mejor y ya está. Que lo malo se acabó el día D a la hora H y que a partir de ese momento hice el desembarco en la playa de un nuevo estado anímico y que lo demás quedó al otro lado del estrecho. Me gustaría poder mirar al futuro con el optimismo con el que decidí apuntarme a kung fu y aplicarlo a todo lo demás, como si se me hubiera agotado la tristeza y la nostalgia y tan sólo hubiera sabor felicidad en el menú. Me gustaría, llegados a este punto, haberme recompuesto ya y que ahora tan sólo hubiera tiempo para todas las cosas buenas y nuevas que tengo por delante.

Pero, no es así. Nunca es así. Las personas somos un barullo de emociones, cuyo volumen lo controla otro barullo de hormonas, que a su vez se ve afectado por un barullo de decisiones que tomamos cada día. El nivel de complejidad es apabullante. Y aunque cada día más personas entienden que esto es así, aún nos obcecamos en ponerle cuadrículas a estas cosas e intentar colocarle medias y medianas a este tipo de cosas. Es magnífico pensar como, sin apenas entender como funciona nuestro estado de ánimo, hemos sido capaces de conseguir tanto.

Una vez más, me voy por las ramas. Lo que quería decir es que, sencillamente, durante un buen tiempo, aunque parezca que esté bien, y aunque por el día me divierta y me ría y me duela y vaya y vuelva y haga comida y organice eventos y estudie y apruebe y suspenda y escuche y hable, a pesar de todo esto, seguiré pegando mis trozos. Me seguirá ocurriendo que cuando se acabe el día y todo el mundo se haya ido y me mire ante el espejo, solo y casi a oscuras, una sensación incontenible de rotura me rasgue en dos. Se me parará el corazón y examinaré mi imagen del otro lado con la curiosidad clínica del descubrimiento de una nueva especie. Miraré y me moveré a su alrededor, con el corazón parado y la respiración perdida, tratando de encontrar el punto de donde provienen todos los rotos que me sesgan por dentro. Tiraré de los hilos de una sonrisa deshilachada, y mientras mi mirada se escapa entre párpados de plata, apuntaré con presura cada uno de los sonidos encantados que escapen de mi forma convertida en estatua.

Y habiendo estudiado con tanto detenimiento la parte de mí que hará las veces de maquillaje amable, me retiraré y me esconderé de nuevo en sus adentros, con el fin de no dejar vacías de alma las cuencas de unos ojos que, poco a poco, cada vez ven menos. Menos colores, menos luces y menos razones para seguir abiertos.

Si es que, no se me puede dejar solo. Con nada me pongo como tonto con ese tipo de prosa tan pintada que a veces da la sensación de no ser ni de este planeta. Pero claro, es el tipo de cosa y el tipo de manera de las que me gusta escribir. Simplemente, me sale solo.

Dicho todo esto, de paso un aviso. Esto no significa que no me apetezca hacer todas esas cosas de las que hablaba unos párrafos antes, o que no las vaya a disfrutar. Muy al contrario. Precisamente, contra este manto infinito de gris y negro, las luces de todas esas estrellas que me acompañan son tan brillantes y cálidas que no puedo dejar de sentir lo maravillosas que son. Y además, su contraste me permite encontrar las partes bellas del manto gris y negro que me suele cubrir.

En fin, ya voy terminando. Si bien no es que sea mucho más alegre, al menos no es tan triste. Al fin y al cabo, el tiempo hace su efecto, y las conversaciones amigables también. Me sigue dando miedo que todo esto deje de dolerme en algún momento, ¡pero bueno! No sería la primera vez que estoy muy equivocado sobre algo.

P.D.: Aquí va el link al video del que hablaba, Dès vu. Creo que no tardaré mucho en empezar a hablar de este canal.

Ojos que no ven, corazón que se sorprende

Un aviso sobre el rumbo del blog, y unas pocas palabras sobre esa sorprendente revelación que se está haciendo típica.

La de hoy será una entrada escrita en primera persona, sin muchas metáforas o recursos literarios varios. En parte porque debe servir como aviso de un pequeño cambio, y en parte porque quiero compartir algo que me ha pasado toda la vida, pero que recientemente ha vuelto a ocurrir.

El aviso no es más que, a partir del último sábado de este mes, los sábados se publicarán capítulos de mis fanfiction de Ranma 1/2. Hasta final de año, de hecho, porque tenía un montón de material guardado que tenía que subir aquí, así que hay meses y meses de capítulos que, semana a semana, se irán publicando. Por tanto, quedan avisados que los sábados se van a dedicar, a partir de mayo y hasta finales de año, a mis fanfiction de Ranma 1/2.

Sin embargo, dado que he estado casi dos meses subiendo entradas sobre, voy a llamarlas así, “mis cosas”, con la regularidad que quería, voy a intentar postear algo de ese estilo todos los miércoles. De tal manera que no pierda el ritmo que he cogido y simplemente cambiar de día las entradas más personales.

En resumen, los miércoles serán, a partir de mayo, los días de las entradas más personales, y los sábados serán para los capítulos de mis historias de Ranma 1/2. Aún así, les invito a leer dichos capítulos. En muchos de ellos no hago más que ponerme la piel de un personaje para expresar mis propios desasosiegos y alegrías.

Cambiando de tema, me gustaría plasmar aquí lo que vengo rumiando unos días, desde que una buena amiga del trabajo me confesó que había comenzado a visitar este blog.

Y es que, en los muchos años ya que llevo llenando hojas en blanco, ya sean físicas o electrónicas, con mis desvaríos, esta situación se ha dado varias veces. Cierto es que, últimamente, me siento mucho menos acongojado al confesar que llevo una de estas raras cosas que son los blogs. De hecho, empiezo a decirlo con cierto orgullo y con muchas ganas de que lo lean. En buena parte empecé esta aventurilla para que pudiera recibir algún tipo de comentario sobre lo que escribía.

Los comentarios que recibía en ff.net siempre habían sido, cuanto menos, poco críticos. A ver, siempre es muy agradable recibir los ánimos de una persona anónima que decía haber disfrutado de lo que había escrito. Pero hay algo distinto al hablar cara a cara con alguien que ha leído lo que has escrito. Es mucho más rápido, directo y natural, y puedo extraer mucha más información en mucho menos tiempo. No es que escriba para la que le guste a la gente, pero me gusta saber porque a la gente le ha gustado algo o, más importante, porque no le ha gustado.

Volviendo al tema, siento que estas sorpresas que se lleva a la gente al leer lo que aquí expreso no hacen sino dar fuerza a una sensación que me ha acompañado durante toda la vida: no termino de ser yo mismo ahí fuera. Tal vez sea la razón por la que me gusta estar, en cierta manera, aislado. Tal vez no sea más que una capacidad de actuar y de hacer teatro que nunca he desarrollado, y que ha encontrado otros derroteros. O, tal vez, no sean más que las secuelas de un niño un poco miedica que quiso encajar después de que sus amigos de toda la vida le dieran la espalda. Pero la cuestión es sencilla, y es que lo que ve la gente no encaja con lo que luego descubren.

Aunque claro, una parte de mi mente me sugiere otra idea: ¿no será, tal vez, que estamos tan acostumbrados a juzgar a los libros por su tapa que luego, cuando se abren, nos sorprendemos? Quiero decir, que no sólo es que sea más fácil catalogar a la gente con un par de etiquetas y seguir adelante (entre los 20 y los 30 conocemos a la mayor parte de las personas con las que vamos a coincidir en nuestra vida). Y es muy fácil hacer eso. Pero es que además parece que hemos evolucionado para hacer exactamente eso. Al fin y al cabo, el cerebro se forma una idea de la personas que tiene delante en apenas unos segundos. Estamos hechos, en cierta parte para eso.

Por suerte o por desgracia, en cierta manera hemos sobrepasado eso. Como bien decía Carl Sagan, ya no estamos sujetos sólo a los instintos o necesidades. Desde que tenemos consciencia somos capaces de sobreponernos a los mecanismos simplemente evolutivos y podemos usar el razonamiento.

Por eso, tal vez, siento que sería ideal si estás sorpresas fueran menos comunes. Una pequeña parte de mí piensa que eso debería significar que vamos dejando atrás los instintos menos justos en la sociedad en la que vivimos ahora.

O tal vez simplemente soy un tipo de lo más extraño, que también es posible. Polifacético, variado o multi… Raro, vamos. Raro como un perro verde.

A mí eso me divierte.

Lo evidente de lo increíble

Apenas a unas horas de hacer mi primer viaje para ver a una amiga y no a la familia, pienso en algo que escribir. Y se me ocurre que no es mala idea pensar un poco en por qué voy a hacer este viaje.

En esta semana extraña y bastante extenuante, me enfrento a una nueva aventura.

Es una aventura pequeña. Modesta en comparación con las odiseas y epopeyas que otros Ulises viven a mi alrededor. Poca cosa para una persona cualquiera que está acostumbrada a los pájaros de metal y a empaquetarse en un equipaje de mano. Es casi rutina para los jóvenes, para los que han hecho de la exploración su modus vivendi, para los que no prestan atención a las imágenes de lo que puede ir mal, para los que pueden acallar esos nervios que no te dejan dormir y provocan un sudor frío cuando la hora del despegue se acerca.

No es ningún drama, aunque parezca que lo pinto así, pero sí es algo nuevo para mí. Es la primera vez que tomo un vuelo yo solo y mi destino no es la familia o la universidad. Al fin y al cabo, para alguien de costumbres y sueños moderados, una excursión en avión es sin lugar a dudas lo más alejado a la rutina que se pueda imaginar. Y está bien, porque es vital no quedarse encerrado siempre en lo mismo, incluso cuando lo deseo a veces con extremada fuerza. Aunque a veces sin quererlo, acepto totalmente que llevar las rutinas al extremo de volverlas irrompibles e inflexibles no hace más que hacerme daño.

Así que lo dicho, con ilusión y cierta cantidad de congojo, acometo este placer que es reunirme con esa sabia de montes verdes y calas olvidadas en los mapas. La reunión me transporta ya, antes incluso de que ocurra, a otras épocas, a otras versiones de mí mismo. Más ignorantes, más energéticas y, en definitiva, más jóvenes. Pero reflejos de mí afortunados por haber conocido y haber convivido con esta mujer de irrepetible carácter y perenne expresión.

Y eso me alegra, porque esas imágenes antiguas me recuerdan también cosas que quería hacer. Proyectos, gustos, horas de mi vida que invertí, que no puedo dejar que se queden a medias. Porque la única manera de estar totalmente contento conmigo mismo, en mí caso, es terminar lo que dejé empezado. Puede ser una especie de compulsión que apenas puedo controlar, pero tiene lo bueno de darme, a veces, esa energía que necesito para ponerme en marcha.

Porque, cuando lo pienso, ahora mismo estoy bastante bien. Avanzando al fin en varios frentes. Algunos tan difíciles como siempre. Otros aún más extraños y complicados de lo que jamás pude imaginar. Pero uno en particular me trae buenas vibraciones. Una de las partes de mi vida que nunca supe como iba a mostrarse. Hablo de mi trabajo, claro, el que me cayó del cielo de repente y que me está demostrando, casi sin darme cuenta, que hay algo que sí puedo hacer. Que demuestro poco a poco que lo puedo hacer, y mejor que otros incluso.

La divulgación, aunque sea tan constreñida como debe ser cuando se tiene el tiempo y la materia ya medida, es lo que hago. En cierta manera, es lo que hacía tiempo atrás. Aunque en Valladolid nunca llegué a tomármelo en serio (demasiado ocupado estaba en ser joven e inexperto ante todo), al llegar a las islas descubrí que era una cosa que podía hacer. De ahí que me apuntara a un grupo que tenía ganas de hacer precisamente eso, y que se lo puso incluso en el ADN. Tenía ganas de probar a contarle a la gente lo que se perdía cuando miraba sólo una parte de las cosas. De alguna manera tenía que transmitir la visión casi transcendental que adquirí del universo de los grandes divulgadores del siglo pasado. Tanta belleza, pienso, no puede quedarse escondida de todos los que nunca se plantearon como funcionan las cosas.

Y a base de leer, escuchar, repasar y compartir, continué por ese camino. He aprendido más sobre cómo transmitir conocimiento en estos años que en el resto de mi vida. Atrás se quedan los años en los que intentaba torpemente explicar algún tema a mi familia. Más atrás queda cuando me resigné a no hacerlo. Ahora he encontrado un lugar y unas personas que aprecian el esfuerzo que conlleva seguir este extraño y siempre cambiante camino. Es revigorizante poder hablar con gente que comparte esas inquietudes, y que está dispuesta a ponerse delante de más de 300 personas a hacer un poco de teatro y hacer reír a la gente, para conseguir al mismo tiempo que entiendan que transmitir la Ciencia es fundamental en esta sociedad que sufre de amnesia parcial.

Aún me fascina que, por ahora, esta faceta sea la que pone un techo sobre mi cabeza y comida en mi plato.

Y volver al pasado, reconectar con aquella que representa lo mejor de mí mismo tiempo atrás, renueva mis ganas de seguir mejorando en esto que hago. Comunicarme más y mejor, y pasar de transmitir esta importante información a fascinar con ella. Mi objetivo ya no es solamente hacer que la gente comprenda la importancia que tiene que estén informados sobre, por ejemplo, la tecnología que manejan, sino que les fascine tanto saber cómo funciona que sientan la necesidad de informarse y, a su vez, transmitirlo también.

Y todo, por un viaje que aún no ha empezado, pero para cuando se publiquen en estos párrafos, ya estará en marcha. Así que, gracias. Porque de vez en cuando está bien romper la rutina. Porque aunque un poderoso Sueño me ata a las siete islas donde el tiempo anda de buen humor, la metrópolis merece una visita de vez en cuando, sobre todo cuando en su interior va floreciendo esa inigualable Flor de las Tormentas. Porque sé que el recuerdo de los días que aún están por llegar se mantendrá conmigo para siempre, y que me servirá de faro cuando me pierda en la neblina de la rutina que a veces se me descontrola.

Gracias por todo lo que me has ayudado a crecer. Aunque no te lo creas, a ti también te lo debo.

Aquellas locas voces

Al terminar una historia, siempre nace un poco de nostalgia, y es momento de cavilar un poco por las cosas que pasaban cuando el texto no era más que una idea.

Hace poco, a principios de este mismo agosto, terminaba al final una de esas historias que llevaban, tan sólo, un par de años en el horno mental.

El tan sólo es, por supuesto, irónico. Por más que disfruto (en general) de escribir estas historietas, estos intentos de mejora de mi capacidad de contar historias, a pesar de eso, he de reconocer que llego a invertir una cantidad desproporcionada de tiempo y esfuerzo en ellas. Y lo peor es que no es una inversión concentrada.

Bueno, eso no es del todo cierto. La verdad es que una historia como esa, de unas 20.000 palabras, la escribí a través de un proceso que suelo seguir para todas: esparcidas entre varios años, durante unas cuantas semanas, dedico toda mi cabeza y gran parte de mi tiempo libre a escribir furiosamente todas las ideas sobre la historia que he ido acumulando a lo largo del resto del tiempo. Una vez que está todo escrito no suelo tardar más de una semana en repasarlo, mejorarlo si hace falta, añadir alguna cosa pequeña que se necesite y decidir la fecha de publicación (que en general suele ser inmediatamente o cercanías de).

Por supuesto, este es un proceso altamente ineficiente, y lo que es peor, que provoca hiatos indefinidos entre la publicación de una y otra cosa.

Es cierto que cuando estuve publicando Sayonara Amazonas tenía un ritmo algo más rápido, aunque ciertamente podía pasar un mes sin dar señales de vida (hasta 3 ó 4 para los últimos capítulos). A pesar de eso, el método de trabajo era muy similar.

No puedo contar ni recordar la de veces que me habré propuesto cambiar esto por un método más contínuo. Un método que me permita no dejar tirados a los 3 ó 4 fans de mis historias que, ojalá, aún se paseen por mi perfil en fanfiction.com. Sin embargo, no puedo decir que ninguno de estos intentos haya fructiferado. No es por falta de ganas de escribir, sino porque “escribir”, en general, nunca ha tenido un lugar fijo en mi lista de prioridades.

Según ha pasado el tiempo, como es natural y resabido para cualquiera que lea este blog, cosas pasan por mi vida. Unas me invitan a alejarme de la pantalla y cambiar mi ambiente. Este tipo se ha vuelto moderadamente común estos últimos años de epopeya islándica. Otras cosas me apagan las luces, me encienden los acordes nostálgicos y me llevan a escribir entradas para este mismo blog. Eso es escribir, pero ya no son historias de Ranma 1/2. Y, finalmente, mi vena más académica respecto a la escritura es la que me impulsa, muy de vez en cuando, a reacometer los proyectos inacabados de fanfiction que tengo esparcidos por el disco duro.

Supongo que también hay una cierta falta de optimismo y diligencia en estas historias por la respuesta relativa que recibo de ellas en comparación con estas mismas entradas o cosas que pueda subir o decir por Facebook o Twitter. Quede dicho por delante que siempre agradeceré enormemente a todo el mundo que ha comentado en alguna de mis historias en fanfiction.net o aquí. Pero, en cierta medida, me desanima la falta de críticas constructivas o de ideas que se lanzan por fanfiction.com. En cierta medida comencé a postear mis cosillas por allí con el ánimo de mejorar, de aprender algo de gente que está por allí para poder, en algún momento, acometer con más seguridad el megalítico proyecto que promete ser Mousse 1/2. En algún momento de mi pasado hasta soñaba con betear y ser beteado con los grandes nombres del fandom de Ranma en español.

Y sin embargo, cuanto más pasa el tiempo, más desligado estoy de dicho fandom. La última vez que me dí un paseo por allí creo que fue hace casi un año o una cantidad de tiempo por el estilo. Y al tener que navegar casi 3 páginas hasta encontrar una historia cuyo título y resumen me llamaran lo más mínimo la atención, pues mis ilusiones sobre el fandom volvieron a enfangarse como lo habían estado por unos años, como aún siguen.

Entiendo también que, al igual que yo, a la gente le pasa la vida, y algunos de los grandes nombres de hace unos años ya no se pasean por cualquiera de los mil motivos que pueden impedirte pasearte por ciertas páginas de Internet. Pero eso no quita que me sienta un poco más triste que antes al pensar que esa gente, de la que podía esperar buenas críticas y algún gesto de complicidad, ya no estén. Me entra una nostalgia muy parecida a la que siento cuando me doy cuenta de que la edad de oro del fandom de Ranma 1/2 ocurrió cuando yo apenas tenía unos años en medio de Estados Unidos. Y que lo que yo descubrí al pasearme por primera vez por un Internet tan distinto al actual en busca de mis primeros fanfics de Ranma 1/2 no eran sino los últimos estertores de unos fans que se hacían mayores y cuya vida se los tragaba.

En todo caso, no todo son nostalgias y sinsabores. A pesar de lo dicho, hace mucho que me prometí a mi mismo, por mi propia cordura, que terminaría todo lo que empecé. Por el camino ya he empezado y acabado un par de cosas nuevas, y estoy seguro de que habrá más que se darán. Que reciba o no comentarios, críticas, ataques, elogios… Sinceramente, no creo que ya nadie se acuerde de mí en ese archivo, así que casi puedo considerar que empezaré de cero.

Ahora, me quedaré un rato más delante del ordenador. Tengo un par de ideas sobre una Vida en Momentos Congelados que me gustaría plasmar en algún sitio. Y, como se solía decir en los antiguos fics:

Matta ne!

Condena: Realidad

Cuando hasta el animal social se vuelve solitario, tan sólo queda la imaginación. Sin embargo, a veces es demasiado.

Otro texto viejuno de esos enterrados en las primeras páginas del cuaderno de notas. No sé cuánto hace que lo escribí, pero sí sé qué sentimiento lo permea: tedio.

Leer más “Condena: Realidad”

Preparaciones, divina comedia.

Sí, básicamente eso es lo que he estado haciendo este mes y pico que llevo de corte de WordPress.

Si es que, te pones a preparar una cosa y otra, y luego salen dos más, y quieres continuar un proyecto que tenías medio preparado, y aparece uno nuevo. Y antes de que te des cuenta, llevas tanto tiempo haciendo preparaciones que, en realidad, no has llegado a hacer nada. Y tanto tiempo invertido en no hacer nada te llevan a un bajón anímico: “¿qué estoy haciendo? ¿qué estoy consiguiendo cuando me propongo algo? ¿vale la pena?” Y todas esas preguntas que tan sólo hay que hacerse muy de vez en cuando si se quiere mantener la cordura.

En fin, que entre que me he dado cuenta de eso y he leído alguna entrada de este otro blog cuya autora me descubrió la facilidad del Reader y resultó ser una muy maja primera persona a la que comentaba algo, me he dado cuenta de que tengo que salir de este modo de preparaciones y reaunadar mis aficiones y mis obligaciones, esté preparado o no.

No hay falta de temas. Casi ocho historias (fanfics) por continuar, e ideas para unos cuantos más. La alegría de ser tío, la nostalgia de las despedidas, y el mal de la negligencia. Un país contra el mundial, las sensaciones que se escapan de la terracita de un bar cualquiera, y un cachorro al que habría que orientar. Y querer una cámara, tal vez egoístamente, para captar algunas de las locas imágenes que pasan por mi mente al mirar el mundo desde la ventanilla del coche. Y las ganas de un té natural mientras se espera la llegada del otoño.

Tal vez tenga demasiado de lo que hablar, y por eso he atrasado el momento de hacerlo lo más posible. Pero he visto a otros hacerlo y, para que negarlo, a veces soy un “culo veo, culo quiero”. Así que, eso es lo que me toca. ¡”Culo quiero”!

La semana en una gota: “Copyright-infringement edition”

Actualización semanal 28/01-04/02/2010: Sayonara Amazonas, La carta, Songfics, No es cierto, Feliz Año Nuevo.

Sí que descargaría un coche!Esta semana ha tenido un poco de todo.

De primeras, y ya por fin, he subido todos los capítulos de una Vida en Momentos Congelados. Eso completa la historia, al menos, hasta los domingos, que es cuando tengo pensado subir los nuevos capítulos, como hago en fanfiction.net. Además, he adecentado y, más o menos, redactado definitivamente otras tres páginas: Songfics (con un songfic recién posteado ya linkeado), Sayonara Amazonas (a esta última le falta los capítulos y alguna imágen o fanart que alguno de mis amigos, mucho más duchos en el arte pictórico, tengan a bien hacer algún día), y La carta (ésta tiene el prólogo subido, lo demás está en proceso).

También, como en la semana pasada, he posteado una entrada en el blog, esta vez, sin embargo, no se trata de una opinión, sino de una de esas “confesiones” que así he bautizado. A pesar de que tienen una página propia donde ser encontradas si son buscadas, No es cierto también tendrá su propio link.

Eso es todo pues. La próxima semana supongo que terminaré con los Songfics y empezaré a subir los capítulos de Sayonara Amazonas y La carta. Y alguna que otra “confesión” más (y terminaré los exámenes, ¡yay!).