Miradas

Relato para Divagacionistas de Mayo 2017. Tema: Distancia.

Cuando tu sonrisa es mi espejismo; cuando tu voz es mi aire. Cuando mis sueños se difuminan en conversaciones inocuas que hacen correr las horas. Cuando pienso que estás ahí, pero en realidad no lo estás.

Cada vez que te veo y sonrío; cada vez que vemos juntos otra mañana morir para convertirse en despedida. Cada vez que las estrellas esconden mi mirada y quedas a salvo de tanta pena y tantas verdades a medias. Cada vez que me soplas tus secretos y mi alma se acurruca en tus palabras.

Y siempre que mis sueños te llevan al mar y a los corales, y descienden entre el atardecer y el rayo verde de mi esperanza, entonces me doy cuenta de que tenemos suerte. Suerte de que haya este abismo invisible entre nosotros. Este valle de sonrisas amables y silencios tranquilos; pensamientos eternos dedicados a los ausentes, a los presentes cuando ya no es momento de compartir nuestros gestos y nuestras costumbres.

Pues “tú” y “yo” no se mezclan, y sólo tengo para ser feliz la triste tarea de evitar mezclar el brillo de tu sonrisa y la oscuridad de mi nostalgia.

Y evitar así que te acuerdes de mí allí, tan lejos, a diez centímetros de mí.

Sobre el acto de escribir

Ganas de explicar por qué escribo y qué conlleva en mi producción me llevan a escribir esto.

Hace apenas un mes escribía lo siguiente:

Hace ya un tiempo que quisiera ser más regular a la hora de escribir, tanto estas entradas como las historias que tengo a medias. Pero claro, en esta fresca madrugada de agosto de 2014, tras repasar una larga lista de películas que me dicen algo (desde Cómo entrenar a tu dragón hasta la infinita 500 días juntos), por fin he podido expresar mentalmente el dilema al que me enfrento a la hora de decidir ponerme a escribir.

No debe ser ningún secreto para quién siga este pequeño blog que mis escritos son, en su gran mayoría, relaciones de una noche. En un momento dado, cuando un sentimiento amenaza con rebosarme, me vuelvo al negro sobre blanco y me deshago en palabras. Me vacío, y habiendo dejado un poquito de mi alma en el proceso, como al volver a la tierra después de visitar el cielo, mi alma se relaja y caigo rendido. Este proceso es instintivo, casi violento por naturaleza. Y aunque puedo tratar de dirigirlo o acelerarlo con música o películas, lo cierto es que la mayoría de las veces escapa totalmente de mi control.

Este suele ser el modus operandi que siguen este tipo de entradas. Mis historias, por otro lado, ya no las escribo así. Cada una es un mundo, todo un universo paralelo en el que tengo que zambullirme, recordar, recrear y revivir. Sólo entonces, después de varias lecturas del material que ya tengo, vuelvo a estar en condiciones de continuar su escritura. Aunque no debería ser así, necesito mantener la concordancia y los detalles desde el primer borrador, ya que sino temo que no lograré mantener la coherencia en el relato, y eso algo que no soporto. Y aunque aún estoy muy lejos de crear una historia lo suficientemente profunda como para realmente dármelas de escritor aficionado, cada día me gusta más cuidar los detalles.

Este método es un proceso largo y laborioso, pero también uno que he llegado a conocer. Y por ello, me siento cómodo y, aunque a trompicones, avanzo bien con él.

Esto está muy bien, pero existe un pequeño problema. Hay alguna de mis historias (sobre todo una Vida en Momentos Congelados) que se nutren también de mis experiencias personales. Y cuando la comencé, me sobraba drama para escribir esa historia, las entradas y hasta algunos poemas. Pero hoy en día, no será por falta de drama, pero tal vez sí sea por falta de práctica. La cuestión es que no escribo ni la mitad de lo que me pasa ni la mitad de lo que imagino. Sí, mis responsabilidades y lazos con el mundo real aumentan, y por ello me siento doblemente cabreado conmigo mismo por no escribir. Pienso que tengo ingentes cantidades de material. Pero me resulta tan nuevo, estoy tan poco acostumbrado a la vida que llevo ahora, que no soy capaz de darle la forma adecuada.
Apenas sí soy consciente del paso del tiempo. Sólo las obligaciones me enseñan mi flecha del tiempo. Y es una pena, ya que siento los días escapando entre mis dedos mientras mi vida pasa y sigo sin escribir esa historia fenomenal que tengo en la punta de la conciencia. Y me voy a la cama y ya no me salen historias solas, sino que tengo que concentrarme en crear para que mi mente no se pierda entre cuentas y listas de cosas a hacer al día siguiente. No sé si el trabajo dignifica, pero lo que está claro es que las obligaciones matan la creatividad, el menos en mi caso.

Y bueno, ya ni hablemos de los poemas. Hace tantísimo que no escribo ninguno, que estoy pasando unos antiguos que tenía por ahí sólo para poner algo. Tanto me cuesta expresarme y ponerme a expresarme, que si encima tengo restricciones sobre la manera de hacerlo, el impulso desaparece totalmente y se ve reducido a una ligera molestia en el fondo de la cabeza.

Pero bueno, esto no es una pérdida de esperanza ni nada por el estilo. Sólo quería poner en algún sitio una especie de excusa por la que soy tan irregular a la hora de publicar cosas. Tengo ganas de completar un año de esos que promueve la propia WordPress, un año publicando un post al día o, lo más realizable, uno a la semana. Me gustaría intentar eso. Por supuesto, otra razón de mi inestabilidad escritora es que no es mi única afición. Tengo tantas que literalmente no tengo tiempo para todas. Y eso sin hablar, como ya he dicho, de las obligaciones que marcan el paso desmedido del tiempo.

Y claro, también están ellos y ellas.

En fin, que el tiempo se me agota y la madrugada se me ensancha. Total, que entre que decido si entrada de WordPress, capítulo de historia o cualquier otra afición, y con el tiempo que a veces pierdo sólo repasando la música o historia o película de la que alguna vez tanto aprendí, se me hacen las tantas del 2014 sin darme cuenta.

Así que, si todo sale bien, nos veremos en breve en alguna otra entrada.

Hasta la vista, ¡y por favor, sean pacientes con el mensajero, aunque sea un poco lento!

Adelante no es tan lejos

La madrugada, el cansancio y una película muy especial para mí se juntaron hace mucho para darme esperanza cuando estaba perdido.

Hace algo más de año y medio, a finales de Noviembre de 2011, tuve una de esas revelaciones que sólo pueden suceder con falta de sueño, el trabajo apilándose y la ayuda de una película muy especial.

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El de la explicación de lo que he estado haciendo

Resumen más o menos incompleto de este nuevo principio en una de las siete islas afortunadas.

Supongo que tras estos meses de silencio debería, al menos en parte, asegurar que aún sigo vivo con un recuento de aquello en lo que, precisamente, he empleado este tiempo. Empezaré con lo más importante, y según vaya avanzando el relato, supongo que pasaré a lo más banal.

De primeras, he continuado persiguiendo el sueño que un día me lanzó a toda esta aventura universitaria. Los últimos pasos académicos, al menos del nivel básico, han comenzado este año, y aunque con un comienzo mucho menos que estelar, las perspectivas son halagüeñas. Junto a esto viene los otros grandes pasos, que son ni más ni menos que la incorporación a un grupo virtual de gente real con la afición común de la astronomía. Es este punto el que más ambivalente se está demostrando. Aunque por una parte disfruto del juego del descubrimiento una vez más, es cierto que el tiempo que hay que invertir en todo este aparato es de una magnitud pantagruesca. No obstante, como he dicho, me provoca enormes cantidades de orgullo y, por qué no decirlo, satisfacción también poder responder que sí he conocido gente y que no, no me he quedado encerrado en casa desde que llegué a todo aquel que ose dudar de mi capacidad de socialización. Supongo, al fin y al cabo, que nadie se daba cuenta de que, si no socializaba en algunos ámbitos era porque, simple y llanamente, no tenía interés.

Pero basta ya de viejas palabras tantas veces repetidas. Todo esto que ya he contado conlleva una serie de fotos y enlaces que andan al final de este post, la mayoría sacadas en las ya frecuentes subidas al observatorio de Izaña, en el Teide. Estas subidas se han convertido, en este corto período de tiempo, en la verdadera quintaesencia de estos años que he pasado estudiando. Una especie de culminación, y nunca mejor dicho, por la que no haber desfallecido durante estos años. Uno de esos momentos por los que merece la pena tanto viaje, tanto trastorno y tantos nudos en el estómago.

Además y por otro lado, tengo la oportunidad de llevar a cabo un par de deseos que he tenido desde hace ya bastante tiempo. Ya tengo localizados un par de faros que puedo visitar tan sólo a una guagua de distancia. Y algo aún mejor: ya tengo una excusa para hacer un viaje en barco. Sería un trayecto corto, de apenas unas horas hasta alguna de las islas cercanas, pero aún así me llenaría de ilusión, ya que nunca he viajado en barco, y tengo unas ganas increíbles de hacerlo. De hecho, en muchas de las historias que he escrito, he incluido un viaje de ese tipo.

En fin. El grado por ahora no es fuente de grandes ilusiones, pero el año que viene será otro cantar. Para entonces, supongo yo, ya estaré más centrado, más preparado y más a punto para dar por finalizada esta etapa. Con todo lo que eso implica (es decir, un montón de dolores de cabeza al intentar dilucidar cuál es camino que más me conviene). Además, exámenes y trabajos casi se pegan entre ellos para absorber aún más de ese tiempo que no tengo, casi hasta el punto de la ridiculez. Pero en fin, son las cosas del nuevo grado.

Finalmente, aún sigo con el picor de la escritura en el cuerpo. Aún no consigo encontrar la manera de escribir lo suficiente para estar satisfecho y, al mismo tiempo, hacerlo lo suficientemente motivado. Aún quiero seguir con la idea de un tiempo mínimo diario, pero me cuesta horrores conseguir dedicarlo.

Y eso no es sino un síntoma de lo que peor he llevado este tiempo. Viviendo con gente ya perdía el tiempo con espectacularidad, pero es que lo de estos meses ha llegado a unos niveles ridículos. Para más inri desde que no puedo jugar al Minecraft (o cualquier otro juego de PC) desde hace unos meses. Apenas hago lo mínimo, día tras día acosado por una especie de indolencia resignada que no soy capaz de sacudirme. Estoy, en definitiva, totalmente desenfocado, y lo peor es que no entiendo de dónde viene tanta tontería.

En fin. En todo caso, como digo, me he acercado muchísimo de vuelta a la astronomía. Tras el salto, pues, las fotos que lo demuestran (y que sé que disfrutarán… al menos un par de lectores).

Y entonces, el Universo…

Un trayecto infinito de la verdad a mi corazón

Un momento de desesperación, un sueño y la ilusión. Y, tal vez, sí que se pueda avanzar, aunque sea a trompicones y sin pensar.

Otro texto más que proviene de ese ya mítico cuaderno de apuntes. Aquí, intentando algún que otro movimiento estilístico, existe el mensaje del futuro posible con esfuerzo y dificultades.

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Rehaciendo lo hecho para hacer lo mejor

Revisando el pasado, viviéndolo en sueños y probando las posibilidades. Esa es la forma de avanzar hacia el futuro perfecto posible.

Otro de esos textos pasados del cuadernillo de notas, este seguramente sólo tiene unos meses. Aún así, el tema, ya recurrente, del sueño y el pasado da un giro de futuro en estas palabras.

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Realidad, nada más

Un trozo de realidad, crudo, presentado directamente sin cambios ni mejoras.

Como reza el título, a continuación viene uno de esos escritos que más bien parecen una hoja arrancada del diario que nunca llevaré al día. Una hoja arrancada y encontrada, además, al ordenar un poco una habitación que poco a poco empezaba a tomar forma de monstruo inabarcable. Así que, sin más título que una declaración de principios, ahí va:

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