Regresando

Cambio de ritmo para el blog

Aparto un momento la atmósfera un tanto oscura que me ha invadido estas semanas para hacer una actualización sobre el blog.

Llevo un par de semanas con el ritmo de publicación aumentado. Muchas cosas en muy poco tiempo, y ganas, casi terapéuticas, de escribir. Es que no sólo me han pasado muchas cosas, sino que además mi momentánea obsesión por los trabajos de Wes Anderson alcanzó su punto álgido, y se ha dado muy bien a darme una especie de arquitectura sobre la que construir estos extraños relatos que han ido apareciendo estos días.

Así que, de una manera fortuita, mi vida se ha convertido tontamente en algo más o menos relatable, así que he aprovechado y he sacado todo lo que he podido de todas estas sensaciones que a veces amenazaban con atarme a la cama y esconderme del mundo.

Sin embargo, yo no soy capaz de mantener este ritmo durante mucho tiempo. Ha sido un bonito experimento en medio de esta tormenta, venir aquí y dedicarle un buen rato a estar delante de la pantalla, intentando encontrar la manera de abrir las puertas y expulsar lo que me carcomía. Ser un poco más abierto y al mismo tiempo un poco más onírico, decir las cosas sin ser evidente.

Como digo, ha sido bonito, y también doloroso. Pero no pretendo volver al vacío emocional que construí unos meses atrás. Hay cosas que ya no podrán volver, y una de ellas es la inacción que me lleva deteniendo desde hace tantísimo tiempo. Ya casi no recuerdo cuando no era así, y esta manera de ser ahora me resulta pavorosa. Y nunca me he sentido más contento de sentir miedo.

No creo que vaya a haber cambios radicales. Me conozco demasiado: me resisto a los cambios cuando son tan repentinos. Pero, de la misma manera que la canción que acompaña este post va cambiando paulatinamente hasta convertirse en algo totalmente distinto, así me gustaría ir evolucionando. Sutilmente, con mejores y peores momentos, hacia algo mejor, alguien mejor. Más fuerte, con menos remordimientos y con más ganas de que llegue el mañana.

Y eso que el futuro es más incierto que nunca.

Además, le prometí a cierta estrella que cambiaría un poco el tono de las próximas entradas. Así que debería intentar escribir algo un poco más alegre… ¡aunque no prometo nada!

Tiempo de lluvia y vacío

En aquellos días de lluvia (26/11/2014), se despierta una nueva sensación: el vacío no me deja ver, me ahoga y me confunde.

La verdad es que, con un viaje, pocas horas de sueño y trabajo por las mañanas, esta semana he tenido que echar mano de alguno de los viejos textos que tenía por ahí. Éste, del 26 de Noviembre de 2014, me ha llamado especialmente la atención.

Seguramente, la semana que viene volvamos a la programación habitual. Hasta entonces, un poco de nostalgia sentimental. Leer más “Tiempo de lluvia y vacío”

The one where something irreplaceable is lost

Otra entrada ya con su tiempecito, pero que escribí cuando descubrí la extraña pero al parecer cierta realidad de la finitud de nuestros procesos mentales. Algo que creo bastante importante que tener en cuenta.

Leer más “The one where something irreplaceable is lost”

La carta de una despedida

Una despedida aún más dura que las demás te lleva a pensar sobre quién dejas marchar y desear que tan sólo sea temporal o, al menos, no definitivo.

(Las tres canciones de la derecha son la banda sonora de esta entrada, de estos días de mi vida y de este final de temporada en mi historia. Quedan, como ya es costumbre, compartidas, pues me son ya de una nueva importancia)

Ayer de madrugada tuve que dar el paseo de vuelta a casa más largo de mi vida.

http://dl.dropbox.com/u/10059366/Wordpress/Josh_Rouse_-_Quiet_Town_Official_Music_VIdeo.mp3%20 http://dl.dropbox.com/u/10059366/Wordpress/Overkil_Colin_Hay_Full_acoustic_version.mp3%20 http://dl.dropbox.com/u/10059366/Wordpress/Owl_City_-_Fireflies.mp3%20

Puede que el paseo fuese igual que los otros muchos que he dado bajo la agobiante noche vallisoletana. Y sin embargo, ¡qué losas por pies! ¡Qué profundas y tenebrosas las sombras! ¡Qué terrible, en definitiva, un camino ya conocido y transitado!

¿Y qué puede hacer que lo que normalmente sea un camino de inspiración se torne en uno de desesperación? Bueno, por segunda vez, dejaré caer la farsa de la literatura.

Una vez más, es un adiós. Pero este es especial. Habrá recuerdos agridulces; risas al empezar, cansancio al continuar, y para acabar silencio. Porque en esos momentos en los que notas de verdad el mundo girar, al ver tu punto de apoyo avanzar, lo único que pude hacer fue callar.

Aún me lo podía creer menos que tú. Aún me cuesta creerlo.

De repente, tras una posibilidad susurrada y un abrazo que terminó, fui consciente de una realidad que había tratado de evitar planeando veranos imaginarios. Deseo de verdad que esos planes, aún con su posible imposibilidad, se hagan realidad. Son mi utopía personal, mi último recodo antes de encontrarme otra vez en la Gran Vía de Abre los ojos. Y si bien no sé cómo continuar esta historia, lo que más deseo en esta madrugada es encontrar la manera.

Tengo que confesar: ahora mismo no me apetece ver a nadie. A nada. Dormir de aquí a mis cuarenta, cuando los recuerdos de esta época hayan sido destilados hasta convertirse en una sensación difusa de imperfecta y preciosa amistad. Cuando pueda convencerme una vez más de que la Tierra seguirá girando, y avanzando.

Ahora ya recuerdos, los años han sido senda más que suficiente para conocernos. Y no nos engañemos, de la misma fortuna que nos juntamos, hoy nos hemos separado. No soy raro cuando estoy contigo aunque lo sea, y odio las despedidas, así que dime, ¿ahora a quién encuentro con quién me vaya a sentir como en casa incluso en Valladolid?

No te dije nada en la despedida, pero es que tenía miedo de hacer lo de siempre: cagarla. ¿Sólo un consejo y un número (de teléfono)? Pero, como sabes, es difícil pensar cuando la mente se obceca en llenarse de despedida. Aún así, y aunque los párpados se me caigan, he de decir la verdad. Para mí, no has sido más que problemas. Sí, ese tipo de problemas que hacen que te olvides de los malos problemas, que hace que te rías a las tantas de la madrugada. Problemas que me dan nueva música y estilos que descubrir, que me dan consejos que puede que nunca siga, pero que me han cambiado la vida.

Sí, no has sido más que problemas de esos que te hacen mejor persona…

Sí, no has sido sino ese tipo de problemas que llaman amiga. Y ahora, con tanto por delante, finalmente decides lo que es mejor para ti.

Y me hace tan feliz que casi prefiero cerrar los ojos para no llorar.

Parece ser que, tal como pensaba, interactuar con la gente es más complicado y doloroso de lo que es lógico. ¿Sabes? No puedes ir haciendo que la gente se sienta feliz y triste a causa tuya al mismo tiempo. Es casi como hacer trampa.

Aún así, y volviendo a la ñoñez intrínseca del asunto. Esto no puede ser una desconexión total. Aunque sea difícil, ha de haber comunicación. Casi no me importa cómo, pues lo importante es que haya. Por móvil, internet o paloma mensajera. Temo, sin embargo, que me pase lo de siempre y que no sepa comunicarme contigo como es debido a través de las ondas.

Ahora, años después, la unión ha madurado. Tras todo, tras nada, nos encontramos donde empezamos, separados por paredes blancas, pero con un objetivo común. Sin embargo, ya no somos los que eramos, por lo que aunque donde empezamos estamos, todo es diferente, emocionante y una pizca terrorífico.

Y si algún día queremos, pues nos echaremos para atrás y veremos el mundo girar, nos reiremos y durante unas horas (días), nos intercambiaremos chapas y pedradas.

Porque eso es lo que haremos.

Sonriendo.

Pasado, música y futuro

A través del último éxito de Linkin Park, se abre la veda de los futuros perfectos. Y el mio es la íntimidad de una casa en medio de la nada, cerca de algún Loch escocés.

“Holding out to what I haven’t got” “The hardest part of ending is starting up again”.

http://dl.dropbox.com/u/10059366/08%20Waiting%20for%20the%20end.mp3%20

Esas son las dos líneas que más me han marcado, casi con toda seguridad, de toda la discografía de Linkin Park. Y eso que toda la canción, Waiting for the end, de su último disco, A thousand suns, resuena conmigo, que toda ella parecen mis sentimientos puestos a ritmo y verso. Pero esas dos especialmente, como sacadas directamente de esa parte de mi mente que nunca está activa del todo y que nunca descansa, me agitan y me hacen zozobrar con la cercanía que poseen. Por un momento, me hacen pensar que el que las escribió y yo compartimos alguna situación, algún momento vital de los que marcan, detienen y obligan a pensar.

Pienso que es probable que me ocurra demasiado a menudo lo que me ocurre con estas líneas: toda esta nostalgia indebida, todos estos recuerdos unidos a canciones. Porque es indudable, la música relanza toda esta feria en mi porque no puedo evitar (y no pretendo tampoco) que mi mente asocie música con algunos de los momentos que más atesoro de mi vida. Y he puesto atesorar porque al principio había pensado en “mejores”, pero algunas de las cosas que reviven con la música, sinceramente, me dan ganas de llorar.

Pero, la gente es normal, y ni llora al escuchar una canción sin más ni habla consigo misma… Así que me callo y me aguanto respectivamente, y simplemente me abstraigo un rato, que parece que es lo que mejor se me da. Junto a imaginar futuros perfectos.

Y hablando de imaginar, el otro día descubrí que una buena amiga mía compartía esa mala costumbre: la de ejercitar la imaginación, sobre todo antes de dormir pero ya acostada. Y como estas líneas (que no me he olvidado del principio de la entrada, no) también me sugieren un cierto camino futuro que últimamente se me ha aparecido con mucha frecuencia, voy a compartirlo, a ver si puedo cambiar un poco escribiéndolo, que me estoy quedando atascado.

No es ningún secreto que me gusta mi intimidad. Incluso podría decirse que me gusta mi soledad. El primer pensamiento que me asalta cuando tengo que comunicarme con alguien (tipo tener que llamar, mandar un mensaje al Facebook o algo así) es: “Espero no molestar”. Sí, tal vez disfrutar tanto de Sólo en casa de pequeño significaba algo más que aprecio por os clásicos de Hollywood. Total, no es de extrañar, pues, que uno de mis… futuros queridos sea el de vivir en una casa en medio de la nada.

Claro, en medio de la nada suena un poco mal. No me malinterpretéis. Yo vivo (voy a hacer como si ya hubiera alcanzado ese futuro ya mismo. Pecata minuta) en una casa, a ser posible, con bastante domótica, aunque no es requisito indispensable. Comodidades básicas de agua, electricidad y calor e internet (aunque seguramente móvil) cubiertas. Seguramente, además, cubiertas a base de un riachuelo cercano junto a minidepuradora, placas solares, molino de viento y todo lo que se necesite para ello. Siempre he sido de ahorrar, así que no sería traumático apagarlo prácticamente todo a partir de cierta hora.

Comida, claro, a comprar en masa en la civilización más cercana. Incluyendo la del Beagle que tengo. Lo llevaría a pasear por los bosques, montes o lagos circundantes (a ser posible, todo mezclado), y evidentemente tendría que llevar un GPS para no perderme, porque mi sentido de la orientación dudo mucho que mejore ya, por mucho que hasta los 35 se crezca.

El trabajo que tenga, claramente, he de poder hacerlo desde casa. Que además dé el suficiente dinero para hacerme (o comprar) una casa así, reduce la posible lista enormemente. Alguno tendrá que haber, de todas maneras.

Finalmente, sobre la familia y amigos. Ambos bienvenidos, pero si vivo en una casa en medio de la nada con un perro… Creo queno hace falta decir cuánto tiempo serían bienvenidos. Además, y éste es el meollo de toda la cuestión, no estaría incomunicado. No pretendo renunciar a Internet. Podría hablar con cualquiera en cualquier momento. La única diferencia es poder desconectar y escuchar Waiting for the end cuando yo quiera.

Dos cosas a modo de final. ¿Dónde puede estar este paraiso solitario? Cerca. Escocia. Debería hacer más público que estoy enamorado de ese país desde que fuí. Tengo que hablar más de ello. Y la otra, que el “desconectar”, una vez más, puede ser la idea más imporante de todo esto. Desconectar con la música, con los recuerdos, con el trabajo de la imaginación, o viviendo le jos, muy lejos. Desconectar, olvidarte hasta de comer un día. Y hacerlo sin remordimientos. Porque parece que últimamente, o para ciertas personas, desconectar u olvidar es de mala eduación. Que la relajacion para ellos es una pérdida de tiempo, como el humor o la risa.

Sin embargo, todas esas cosas son las que nos ayudan a hacer algo maravilloso: nos ayudan a ver más allá de lo evidente. Nos ayudan a empatizar. Nos ayudan, en definitiva, a ver el alma de los momentos que vivimos.

Un trayecto infinito de la verdad a mi corazón

Un momento de desesperación, un sueño y la ilusión. Y, tal vez, sí que se pueda avanzar, aunque sea a trompicones y sin pensar.

Otro texto más que proviene de ese ya mítico cuaderno de apuntes. Aquí, intentando algún que otro movimiento estilístico, existe el mensaje del futuro posible con esfuerzo y dificultades.

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Rehaciendo lo hecho para hacer lo mejor

Revisando el pasado, viviéndolo en sueños y probando las posibilidades. Esa es la forma de avanzar hacia el futuro perfecto posible.

Otro de esos textos pasados del cuadernillo de notas, este seguramente sólo tiene unos meses. Aún así, el tema, ya recurrente, del sueño y el pasado da un giro de futuro en estas palabras.

Leer más “Rehaciendo lo hecho para hacer lo mejor”