Cuando ya no quede nada

Miedo a olvidar, aunque ya no quede nada.

¿Y qué será de todos estos recuerdos?

Después de que se haya roto, según ocurrían las mañanas y las sábanas, me encuentran en singular, con los rayos de la mañana llegan el frío y las dudas, y la paralizante posibilidad de que todo desaparezca. Y me entran taquicardias y quiero volver a esconderme entre las sábanas. Ese frío y esas ganas de llorar, el miedo de un niño que va a perder su inocencia, que ve llegar el final de los días sin preocupaciones.

Llega la manecilla de las horas al final, y me tiemblan los recuerdos y se ciega la mirada que intenta escapar de esta atmósfera de imposible remordimiento. Me ahogo al levantarme, y siento que cubro algo más que mi cuerpo cuando me pongo el uniforme reglamentario. Pero entonces, viene una ola que todo lo cubre, que me insensibiliza ante el fuego que me quemaba al ver todo lo que era nuestro. Tan sólo una ligera sensación de desasosiego se mantiene como picor en mis manos; todo lo demás desaparece, se pierde entre los rayos de un Sol que no reconozco, vestido de amabilidad y cortesía que nos enseñan a tener aunque no las sintamos.

Y me marcho. Tomo el camino del presente y decido no hacer caso a las señales. Porque lo que hay que hacer es caminar, continuar entre las mentiras que se volvieron respeto, ser una vez más lo que nunca pude ser. Estar, al fin y al cabo, porque a nadie le interesa lo que seas en realidad: tan solo necesitan un depositario de aquello que necesitan expulsar.

Y entre toda la mediocridad y toda la falsedad, vuelve ese miedo congelado, las dagas de un pánico que no se puede aplacar, con el que tan sólo se puede convivir. Porque si un día me levanto y ya no queda nada, si la más bella de las estaciones se lleva el recuerdo de todo lo que una vez fuimos, ¿quién podrá devolverme toda la felicidad y la tristeza que una vez sentí? ¿Quién podrá asegurar que no vuelva a confiar y ser traicionado? ¿Cómo podré dormir otra vez en solitario sin sentir un frío infernal en los huesos? ¿Cómo podré, en resumen, ser yo, si esa parte desaparece en el éter y me reduzco a mi mínima expresión?

Me despeño por estas preguntas sin un final a la vista. Tan sólo el sueño inquieto, viciado, vacío de descanso ante una nueva realidad que no deja nunca de recordarme que hubo otro momento, más elevado, en el que no estaba sujeto a las leyes naturales ordinarias. Un momento en el que todo era uno, y uno era todo: no sin dolor, siempre con ganas de más, aunque todo fuese un final dispuesto a repetirse siempre.

Los recuerdos aún están frescos, pero me imagino cuando se hayan desgastado, y no quiero ser así jamás.

Porque, si los recuerdos se desgastan y dejan de clavárseme en el corazón. Si ya no mana corazón de una herida tan profunda, ¿qué me distingue de un gris sin rostro, de un día más olvidado en el calendario sin nada sobre lo que escribir? ¿Cómo podré elevarme otra vez por entre mi mediocridad y ser, aunque sea por un solo instante, algo más de lo que nunca he sabido ser? Mi destino, si los recuerdos se desgastan, estará sellado entre silencios e islas lejanas. Eterna noche iluminada por las luces eléctricas, nada más que silencio vacío envolviendo una vida de trajines comunes que no dicen nada, que pueden ser perfectamente olvidados con tan sólo mirar un poco hacia adelante o hacia atrás.

Si los recuerdos de este momento se desgastan, y ya no me arrancan la piel cada vez que asoman, habrá perdido el sentido recordar, y expresar mi decepción será la única manera de expresarme. Porque, si no queda dolor, si no quedan sensaciones que atraviesen las barreras de silencio y sinsentidos que una vez construí, encerrado en mi propia cabeza, tan sólo armado con las insuficientes formas de unas cartas a nadie, se marchitarán mis ojos y se romperá mi voz. Quedaré vacío, sin el más mínimo sentido; serán los paseos por la playa otra manera de regar a mi soledad, y todo mi calor se perderá entre una tormenta en algún mar del Norte. Perdido, paseando y divagando entre bosques encantados y acantilados sin fin, ya no habrá conversaciones que todo lo cambien, tan sólo la pregunta del momento de partir.

Perdido, y lleno de recuerdos romos, no tendrá sentido tener sentido en un mundo que nada me puede decir. Será tan solo otra espera, silenciosa y amable, mientras me comentan lo mucho que las cosas han cambiado, que todo es distinto, que ya no queda tiempo. Que estoy lejos de tu centro, que pudo haber sido pero que ya no será. Que ya no queda nada, y aunque mucho lo siento, ya no puede hacerse nada. Que todo está preparado, que nada puede ser cambiado.

Que sólo pueden ser ya recuerdos, puesto que el futuro es amistad, aunque luego resulte que no sabemos que significa eso.

Ojalá me sirvan siempre, y la excusa no se gaste.

Y que no cambie.

A propósito

Declaro que te amaré despacio, incluso cuando no haya tiempo y se acabe el aire.

Te amaré despacio.

Entre los días que pasarán despacio. Entre las playas escondidas y las planicies salpicadas de nuestra niñez. Cuando quieras y cuando te olvides. Mientras te vuelves a acostumbrar a mi mirada fija en tu futuro, y en tus pecas, que reflejan toda una vida bajo aquellos árboles que nos escondieron.

Cuando aquella caleta desapareció, y dejamos las historias y empezamos a amarnos despacio, yo te hice una promesa. Con tu tocadiscos a un lado, palabras que no entendíamos y el murmullo de un mar en calma. Despacio, según se escondía un sol demasiado avergonzado de nuestro atrevimiento, te amé despacio. Y tus cuentos nos acompañaron toda la noche, hasta caer rendidos bajo las estrellas. Sin dejar de acariciar tu pelo, imposiblemente seco en aquel lugar. Nuestro pequeño lugar en un tiempo que habíamos tomado de prestado. Aunque acabara aquella misma mañana, te prometí que nunca acabaría. Que nuestra historia no tendría final, aunque llegara a la contraportada.

Así, cuando todo ha cambiado, te amo despacio. Y te oigo en mis silencios, cuando huyo de mi mismo y me alcanza un rayo en mitad de la tormenta que a veces me rodea. Incluso si no te tengo a mi lado, siento tu calor, y me vuelven a brillar las mejillas, y la sonrisa conquista mi rostro sin que pueda hacer nada. Y nada quiero hacer, sino escapar de esta prisión y llevarte de aventura por todas las islas que nunca han aparecido en un mapa. Perdernos sin miedos, saltar por donde los demás andan, correr por donde paran y volar por donde ni siquiera lo intentan. Porque tienes la capacidad de hacer de lo imposible otra aventura, y no te das cuenta, de la forma más bonita, que me has hecho de imposible, y que tú siempre lo fuiste. Que nada de lo que hacemos tiene sentido, y que por eso es tan importante que no dejemos de hacerlo.

Hay mil razones más por las que seguiré amándote despacio. Desde el salón, el ecuador y el espacio. Con el periódico, las canas y los dolores. Y sin ellos, y sin nada; tan sólo con todo mi corazón, que late si le prometo que te volveré a ver. Que no hay nada al final que evite que volvamos a nuestra imaginación. A hacer todos esos viajes entre las sábanas. A mirarnos y ser felices, con lo más sencillo, que no es sino todo lo que nos queremos, y estas líneas se quedan cortas, aunque lo que dicen no es completo, sí es totalmente cierto. Porque poco importa que todo sea sueño, cine o realidad. Hay un reino, bajo la Luna ascendente, en el que todo esto es verdad y mentira. Donde los sueños se han hecho tierra, y de ésta han brotado nuestras almas, que visten a personas distintas, aunque sigan siendo nuestras.

Tú tienes un pelo rojo e imposiblemente seco, y la mirada profunda porque estás cansada de ver tan sólo la superficie de las cosas; yo no sé pronunciar las eses y llevo sólo en este mundo más tiempo del que debería. La isla es más pequeña, y sus costumbres, extrañas. Los amigos no estarán hasta que no dejen de ser enemigos, y tenemos a todo el mundo en contra. Pero, nos acompaña un ojo que sólo ve las cosas como fotos, y unos acordes fantasmagóricos que nos divierten. Nada es cierto, pero es muy real, y no hay diferencias ciertas. Estamos allí, aunque miremos desde aquí.

Al final, en ambos lugares, llegamos a lo mismo: nos amaremos despacio, puesto que si se acaba, tendremos todo el tiempo del mundo. Del tuyo y del mío.

Dedicado a la Flor del Sueño, y al Reino de la Ascensión de la Luna (Moonrise Kingdom)

Imagen de benjaminflouw.

Canciones que trascienden

Obsesionado, como suele ser usual en mí, con cierta canción, le doy otra vuelta de tuerca a lo que una composición puede trascender a su propio medio.

No puedo negar que, en buena parte, estas entradas tienen parte de diario.

A veces se me suben las metáforas a la cabeza e intento escribir algo con cierto toque lírico. A veces toco temas un poco alejados de mí, y a veces simplemente se me va la cabeza y lo que quiero es dejar fluir mi consciencia y ver qué sale. Pero, en general, hay siempre el elemento común de hablar, más o menos rebuscado, de mí.

Eso es lo único continuo, lo único que se repite sin cesar en este lugar; algo, por otro lado, natural, ya que se trata de un blog, y ese es uno de los objetivos de un sitio así. Es, al fin y al cabo, el hilo conductor de esta historia maltratada por la pluma de este escritor regulero que soy yo.

Por eso, muy de vez en cuando, me gusta dejar todo el atrezzo y todos los maquillajes y simple y llanamente hablar de algo que me ha pasado a mí. Por suerte, no es una época que me suela durar mucho, y así no tengo que hacer sufrir a nadie más de la cuenta.

Y hoy me gustaría dar cuenta de una canción de la OST de Transistor, aunque bien podría hablar de muchas. Me gustaría centrar la atención especialmente sobre Paper Boats.

Esta canción lleva dando vueltas por mi cabeza unas semanas, y parece haberse instalado para siempre.

Y es que es increíble. ¡Cómo en tan poco tiempo y con tan pocas palabras se pueden decir tantas cosas!

La voz de Ashley Barret, la cantante, tiene un toque que parece directamente sacado del Nueva York de los años 20. Esa melodiosa seda acústica que te habla de lo imposible que es que no termine junto a alguien. Junto a él.

Porque es importante recordar a quién va dirigida la canción. Hay unos pocas con parte vocal, y todas las que la tienen están íntimamente relacionadas con la historia del videojuego. Todas están muy dirigidas.

A partir de ahora entro en zona de spoilers, así que si en algún momento hay interés en jugarlo, recomiendo no leer lo siguiente. Si no, aquí vamos.

Paper Boats en particular está dirigida al coprotagonista de la historia, el único ciudadano de CloudBank que no está en el sistema. B es la ciudad interconectada y automatizada que es, sin lugar a dudas, el tercer protagonista de la historia. Este hombre que está fuera del sistema tiene algún tipo de relación sentimental no romántica con Red, la protagonista. Y según avanza el juego, este hombre se sincera y confiesa su amor por Red. Y ésta desarrolla tanto cariño hacia él que termina convirtiéndose en algo más. Y cuando, llegado el final del juego, todo el poder que Red adquiere no puede salvar a su salvador, ella decide acompañarle en su vida en muerte.

Por supuesto, me estoy dejando cosas, muchas cosas por el camino. Pero ese es, a grandes rasgos, el devenir del argumento. Paper Boats aparece al final, cuando todo ese círculo se ha completado, y ya sólo queda expresar lo que Red ha desarrollado hacia su compañero. Cuando Red al fin puede abrazar a su compañero, ella, que ha estado muda hasta entonces, lo saluda con un “Hi” que, bueno, dice más de lo que se puede comprender sin jugar el juego. Y entonces, de fondo una imagen de ellos dos, los créditos empiezan a aparecer, y comienza la canción.

Arriba está la canción para que se pueda escuchar mientras se lee la entrada. Porque no quiero estar dedicando muchas líneas a lo que dice exactamente la canción. Pero sí quiero hacer especial hincapié sobre un par de versos.

We are magnets pulling from different poles // With no control // We’ll never be apart. Me encanta esta parte. Hacer que un concepto tan científico como el funcionamiento de los imanes se convierta en una metáfora de encontrar a otra persona. Me parece realmente excepcional. Y va tantísimo y tan bien con la temática del juego, que no hace sino reforzar la capacidad de la canción de mezclarse con el argumento y, así, reforzarlo aún más.

We can run, but we can’t hide // Try. Otras pocas líneas que me encantan. Me encantan porque demuestran una seguridad de Red en sí misma que me fascina y me enamora. Creo que durante mi vida casi siempre he volado alrededor de mujeres seguras de sí mismas. Y que, precisamente, lo que más feliz me ha hecho ha sido poder ayudarlas cuando flaqueaban en esa seguridad. Cuando necesitaban a alguien con quién hablar, con quién plantearse preguntas jodidas sobre su existencia, quiero pensar que he formado parte del grupo de personas que les ha ayudado a volver a mirarse en el espejo y ver lo mucho que valen. Porque, si alguna vez lo he conseguido… Bueno, eso vale más que cualquier otra cosa que consiga en la vida.

¡Qué le voy a hacer! Me atraen las personas seguras de sí mismas. Aunque luego eso me dé problemas cuando no coincida con ellas. Esa siempre ha sido la parte que debería mejorar.

Pero, volviendo al juego. Por lo que acabo de decir, es fácil deducir que otra razón por la que me he obsesionado con el juego ha sido, precisamente, su personaje principal. Red, esa cantante de fuego y hielo, que no está dispuesta a rendirse aunque toda una ciudad esté contra ella. Aunque lo haya perdido todo. Aunque todo esté en contra, no se rinde. Y a pesar de la admirable fortaleza que demuestra con cada paso que da, todavía sigue siendo una persona. Una mujer que está sintiendo como una persona que ha dado la vida por ella sufre y pierde la esperanza. Y como, poco a poco, se da cuenta también de que lo que siente por su salvador es más que amistad. Supongo que, en parte, esta fascinación proviene de que me considero poca cosa, un tipo corriente de poca valía, y que por eso precisamente me llama tanto la posibilidad de enamorar a alguien tan fuerte y tan autosuficiente.

Por suerte, conozco gente así. De algunos y algunas, soy amigo, y es un honor. De otra, soy algo más. Y soy muy feliz por ello. Siempre hay esa sensación, esas ganas de salvar, de abrazar y hacer sentir bien cuando todo va mal. Aunque, poco a poco, comprendo que debo respetar cuando no quieren eso.

Porque a veces es el momento de abrazar, y otras es el momento de mostrarse duro como la roca.

Y a veces hay que encarnar un ángel destructor que rehaga la realidad a voluntad.

Y ya después, en la intimidad, ya se volverá vulnerable entre tus brazos, como una niña o un niño ante la oscuridad. Esos son los monstruos de los que le puedes proteger.

Y que ella o él te proteja de los demás.

Semanas de verano

Me pidieron un texto. Me peleé con mi bloqueo hasta que obtuve esto.

Y de repente me encuentro, esta noche de semis, queriendo pedirte perdón.

Tantas cosas han pasado, tan deprisa, tan pocas, tantas yo quería. Tan buena, enseñándome lo que la vida me había escondido; libre, sin pedir nada a cambio, tan sólo un cariño que yo ya deseaba dedicarte. Así, bebí de tu experiencia, de la miel que guardas entres tus capas de hiel.

Lo confieso: me siento tan pequeño, tan lento. Aún no sé si lo que puedo ofrecer es todo lo que mereces. Me temo que la duda nunca dejará de acosarme, por muchas noches que me duerma en tus brazos. Por muchas mañanas que me levante con tu sonrisa. Soy débil, un Shinji Ikari que de repente ya no necesita pilotear el EVA; puedo negar lo que más me conviene, todo desde la ignorancia. Busco la sonrisa ajena, no sé reconocer la mía en el espejo.

A pesar de conocer parte de tu inteligencia, a pesar de saber tanto y tanto queda por descubrir, me lleno de miedo. Solamente deseo que tengas toda esa paciencia que no tengo derecho a pedirte. Al fin y al cabo, ¿desde cuándo las diosas deben esperar a que los mortales les den lo que les deben? Sí, casi como una obra perfecta de la mitología antigua, así he de considerarte.

Es tu recuerdo, tan vívido, enmarcado de oleaje y nubes, lo que me empuja a hacerme mejor. Encuentro fuerza en tus ojos para hacer lo que debo hacer. Es tu voz el ungüento con el que curo mis heridas. Y tu tacto hace tiempo ya que se convirtió en mi piel, para así poder sentirte cerca hasta en la distancia.

Y mientras en las noches te recuerdo, los días van pasando como si de un sueño mal terminado se tratase. No siento la realidad bajo mis pies. No siento el aire en mis pulmones. Tampoco el ruido de los coches se registra en mi corazón. Me faltas entre los brazos, a mi alrededor, trabajando en el ordenador, en el sofá, en el baño, en la cocina. Es extraño no cocinar contigo en mente. Y las películas que querré ver contigo, que no puedo ver ahora, se amontonan en el disco duro.

Soy un autómata que está conectado al teléfono móvil y a la nostalgia. El tiempo ya no tiene una importancia real. Ahora, tan sólo la luz me sigue conectando a lo que pasa a mi alrededor. La luz, pues es lo único que podría trasladarme lo suficientemente rápido de vuelta a tu lado como para que me importe algo. Las palabras incluso, antiguas compañeras de travesuras y lloros, van poco a poco dejando de hablarme, ya no las entiendo. Ya no me entiendo. Ya no.

Por eso, con todas esta indefensión, escribo este requiem por mi alma perdida. Ya no quiero volver al antes. Ya tan sólo quiero llegar a lo que dejé. Sacudirme toda esta incapacidad de avanzar, este desdén por el trozo de tierra donde nací, y encontrar el futuro que mi mente continua nublando a pesar de mis encabezonados intentos por dilucidar. Y entonces, al fin, vivir.

Vivir, contigo, hasta que el foco del faro dé su última vuelta. Y en ese momento sentiré al fin que llegué a mi destino.

Reiniciando el sistema

Un cambio tan esencial como dramático como es la primera relación amorosa cambia completamente el estado de las cosas.

Lo cierto es que tengo aún una buena cantidad de entradas pendientes en el brasero. De repente, sin embargo, su significado ha quedado mojado, disminuido. He sido tocado, y este contacto, por ahora frugal, inocente y salvaje, me ha dejado sin aliento ni palabras. Estoy bastante seguro que terminaré recuperando las palabras, aunque dudo que recupere el aliento.

Ahora, por supuesto, el prisma de mis gafas no sólo ha cambiado, sino que casi se ha invertido directamente. Me encuentro bajo el foco de mis propios sueños, y medirse uno a su propia versión onírica es un tanto aterrador.

Aún así, a parte de esto y más cosas, me deslizo por estos días con la piel en flor y la mente cuajando como una nevada de enero en medio de un campo. Así que, mientras los copos de nieve aún cubren mis ojos, puedo ayudarles a descansar ayudándome de las letras, como las que siguen:

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