Aguja en el pajar

Dudas, dolor y destrucción.

Lo peor son las dudas.

Porque en este momento de aceptar la realidad, de rodar con los golpes y seguir adelante, de flotar por encima de la superficie y no dejarme hundir; en este momento en el que debo levantar la vista y mirar con esperanza el futuro, mi mirada me pesa, se queda pegada al suelo. Me pierdo en el gris, en las líneas que no se acaban, en todas esas cosas que le sorben el color a la realidad. Mudo y sordo, camino sin sentido cuesta abajo, sin pensar a dónde voy o qué hago con mi tiempo. Tan sólo quiero quemarlo, que pase y quede detrás de mí, huir de todo lo que puede hacer, de lo que me hará.

Porque, ¿qué será de todo esto? De los sentimientos que ahora me queman, de la realidad que me cuentan, de todo lo que no puedo siquiera dejar de ver, de oír. De todas las miradas, de todos los susurros, de esas caricias que una vez compartimos con el otro con todo el corazón. Las almas que una vez fueron una, los oleajes que capeamos juntos, los viajes que realizamos a mil y una realidades. Todo lo que una vez fue nuestro, que ahora se deshilacha en tuyo y mío; todo lo que siempre quisimos, ese futuro que ya no será, tanto luchar y al final, ya no importa, porque se apagó el fuego que alejaba el invierno de esa soledad que había olvidado, ese silencio cuando me escondo entre las sábanas.

Y saber que ya no aparecerás, que no me esperan más sorpresas por las noches, que las estrellas vuelven a estar ciegas y que tu mirada ya no es la misma. ¿Y qué ha sido de la mía? No lo sé, ya no me miro en el espejo, porque siempre que miro tan sólo veo un muñeco, un títere cuyos hilos están viciados, que perdió sus articulaciones cuando las palabras se ataron a su cuello. Que ya no queda aire, me ahogo cuando miro por la ventana y no hay nadie para apartar este silencio ominoso, este nuevo compañero que todo lo ensordece, que ya nada parece de este mundo, que nada me queda en el mundo, aunque siga girando y todo se haga borroso, y yo buscando el final de un viaje que acaba de perder todas las direcciones y todas las intenciones.

Si una vez yo no sentía esto, si yo tenía una luz al final del camino, mi propia estrella, una guía entre la niebla de la juventud; y ahora ha desaparecido, ya no queda ni la luz ni la sabiduría ha llegado aún. Vuelvo a estar perdido, y estoy partido: todo es nuevo otra vez, pero ya no estoy seguro de querer lo nuevo. Aunque lo viejo esté roto, al menos existía, y la promesa de lo nuevo ya no tiene efecto en este marinero que fue a parar a mal puerto. ¿Por qué debería seguir, si no me apetece? Si acaso siento que he vuelto al principio, que vuelven los viejos sueños y las certezas aún más antiguas. Si todo esto no hace más que confirmar aquel viejo sentimiento de imposibilidad; si lo intenté con todas mis fuerzas y aún así no fue suficiente, tal vez sea el momento de aceptar lo que ha sido demostrado una y otra vez. Que hay cosas que no pueden ser, que hay quienes están condenados a ser la aguja en el pajar: siempre rodeados, siempre solos.

Pero, ¡qué más da! Si todo esto durará hasta que vuelva el entumecimiento, la parálisis de la rutina, del escapismo desmesurado de una vida en algodones. No sentir por ser tan difícil, tan sólo imaginar todo lo bueno, nada de lo malo. Ser otro contacto ausente de una lista infinita en una vida que no se detiene ante nada ni nadie. Si puedes desaparecer entre las grietas de la distancia y el tiempo, ser imposible porque fuiste a intentarlo y comenzaste de la manera más difícil, y ahora ya no tienes energías para nada más. Invertiste todo, y lo perdiste.

Ahora toca destrucción. Frente al espejo, esa imagen fracturada que mantuviste unida por otros, ya no puede estar más. No queda más que romperla, destrozar ese espejo, y con el, todas las mentiras que se han ido convirtiendo en una máscara que te quema la piel, no te deja ver y vicia el aire que respiras. Destruir cada segundo de mentiras e imposibles. Quemar todo lo que se ha vuelto veneno, y no dejar que el cariño envenene nada más de falso amor. Respirar en la ventana, salir y caer, volar o no, lo que dicte cada uno de esos sentidos que se embotaron y se volvieron en tu contra. El dolor es honesto, atraviesa todas tus mentiras para llegarte directo al corazón. Agárralo con fuerza y no lo sueltes jamás, y elige: o dejas que te consuma, o lo consumes, parte de ti para siempre, combustible para que nadie más tenga que sentirse así.

¿Y después de todo esto? Seguramente reconstrucción. Quién sabe. Nada es seguro y todo es probable. Tal vez se pueda imaginar algo nuevo, tal vez se pueda crear algo que sea verdadero, una verdadera expresión de esa alma que se vuelve a formar, más estallada pero duradera.

Por ahora, sin embargo, continúa el final de todo. Aunque sea bajo la piel, aunque sea con una sonrisa y el final de una mentira que es costumbre usar. Porque no importa lo que diga, si cuando aplico la pluma al papel éste acaba mojado, significa que aún me estoy curando. Y que duele, aún duele aunque no entienda nada.

Pero eso es bueno. Significa que aún queda algo, que no se ha consumido todo mi capacidad de sentir. Que ésa es mi mayor duda. Porque de tanto entumecimiento, de tanta parálisis, empezaba ya a dudar de que hubiera algo moviéndose por dentro. Imaginaciones mías, me decía. Pero no.

Duele. Pero eso es bueno.

Eso es que estoy vivo.

Un pequeño aviso

Aviso de que, debido a un cambio radical en mi vida, las próximas entradas pueden ser… poco optimistas.

Tengo que dar un pequeño aviso. En realidad, es sólo una excusa para empezar a sanar la herida que se abrió en canal, pero como excusa que es, siento que debo expresarla tan bien como pueda.

Aviso de que no entiendo nada. Que cuando más viejo me sentía, viene la vida y me devuelve a la casilla de salida. Que si pensé que ya había sentido el dolor más grande, me equivocaba. Que las cosas, una vez más, se acaban.

Aviso de que, a consecuencia de que haya desaparecido el suelo bajo mis pies y el techo de mi cabeza haya salido volando por una tormenta tranquila pero final, tal vez mis renovados esfuerzos por mantener vivo este lugar se vean en cierta manera truncados. Tal vez, durante unas semanas, me escueza la herida y tan sólo derrame mi alma de una manera muy específica, a saber, suspirando de nostalgia por lo que nunca tuve y lo que ya no será jamás. Puede que durante un tiempo, se acaben las bromas y las reflexiones; los defectos personales y los sueños; y tan sólo pueda escribir sobre las pesadillas y las mil ideas que se arremolinan en mi pecho y a veces no me dejan ni respirar.

Puede que durante unas semanas vuelva a las películas que me enseñaron, a las series que me hablaron y a las canciones que siempre me enmudecen. Puede que aparezcan mensajes dirigidos que nadie entenderá. Puede que quebrante aquí mismo mi alma para expresar todo lo que ahora, sin ningún control, se remueve en mi interior y me impide dormir con normalidad. Y puede que me rompa en el escenario y no quiera ver a nadie mientras recojo los trocitos y hago lo que puedo por caminar con cierta intención.

Ahora mismo me debato entre lo que siento y lo que debo, y no tienen sentido ninguna de las dos. Todo es como un sueño, como una pesadilla que no se acaba, con la que trato de convivir haciendo caso omiso a todos los sonidos. Ya no escucho a mis voces. Mis días son un compendio de silenciosos pensamientos que se dedican a sobrevolar mi consciente sin el arrojo suficiente como para zambullirse en ese océano de emociones que arrecia justo debajo. Sin barco ni capitán, navego sin velas y el timón está roto, pero el horizonte promete paz sin silencio, que ahora mismo es lo que me da más miedo, porque nunca antes había estado tan callado mi cerebro.

Es como ser prisionero de uno mismo. Querer sentir una cosa y tener otra muy distinta gritándote al oído.

Y todo es muy distinto. Y todo es igual. Es una sensación tan rara. Como nostalgia de algo que nunca tuve. Tan absurdo como cierto, me recorre por completo.

En todo caso, esto no es más que un aviso. No me quiero explayar aquí demasiado, teniendo en cuenta que la programación habitual se va a ver alterada por este tipo de textos. Ya habrá tiempo de intentar expresar toda la confusión que ahora vivo.

Hasta entonces, me sigo preguntando: ¿qué ha pasado?

La rumba de la muerte

En la pesadilla, Ranma la busca. Sólo ella está en todos lados y en ningún sitio, y nada podrá detenerle cuando la busca. Aunque la rumba le acompañe.

Que el sol no se mueva no puede tener nada que ver con la sangre que cae de mis manos.

El cielo es de un color raro que no había visto nunca, y mis manos siguen goteando sangre. No importa. La marioneta que quería interponerse entre ella y yo ya no está. Sus hilos han sido cortados. Ya nunca más podrán juzgar sus ojos vacíos mis intenciones, pues siempre fueron puras y nada de lo que pueda decir me hará cambiar de opinión.

Sigo avanzando. La forma queda atrás, roja, amarilla y negra. Una tela amarilla con puntas negras intenta meterse bajo mi piel. La destrozo con mis manos de martillos. Imágenes extrañas que no reconozco gritan. Mi coleta se pone tiesa. Peligro e imágenes que no puedo descifrar me persiguen. Da igual. Sé que ella debe estar delante. Continuaré mi camino.

La sangre me devuelve memoria. Luces blanquecinas de hospital, y la sombra de Akane planeando por los pasillos, llamándome a través del silencio. Si hubiera habido tan solo un momento de indecisión no hubiera podido encontrarla más. Pero en cuanto escuché su voz, me puse en marcha.

Fue entonces cuando las imágenes de pesadilla empezaron a aparecer ante mis ojos desnudos. Cobarde. No pude mirar, escapé. Me zafé de las manos separadas de los cuerpos que brotaban del suelo e intentaban atraparme. La ventana fue mi aliada y escapé. Entonces el cielo se volvió estampado y cambió y volvió a un color que nunca había visto. El sol se movía entonces. Ahora ya no lo hace. Se saltó la realidad para quedar fijo.

Pero no pasa nada. Sigo avanzando.

Pasan minutos, horas, segundos. Avanzo y retrocedo. Ahora cientos de caballos sin cabeza cabalgan por las calles. Más parecen salchichas con patas que animales. Sus jinetes no son más que otras marionetas. Hago caso omiso de su mirada vacía. Salto, escapo. Un silbido agudo y lleno de sangre casi me alcanza. Me cubro y huyo. Pero siempre hacia adelante.

De repente, obtengo mi recompensa. Dos ruedas y un montón de hilos acompañan a mi amor. Akane se baja y cuando va a hablar, ya no es ella. Su cuerpo se contorsiona de forma imposible. Se vuelve, serpentea y perdió la cabeza. Salen extremidades, ropa, el color lavanda. El ser del abismo se acerca a mí. Su ataque es lento. Hay una especie de grito de fondo que se pierde entre los colores imposibles del suelo y el cielo. No me dejaré atrapar.

Una vez más, el rojo del líquido que me inunda las manos atrae como un imán mi pasado. No entiendo si acaso en algún momento tenía que salir del hospital o no. Antes del escape estaba tranquilo, sosegado, atormentado. Humedad en los ojos y los puños apretados. Cables y sonidos, medicamentos y médicos. Palabras quedas demasiado alejadas de la conciencia. Una imagen sobresalía por encima de las demás: la foto de Akane que tenía justo delante.

No pasa nada aún. Dos movimientos rápidos, y la cabeza de la farsa se desploma. No entiendo cómo se ríe después de muerta, pero no es importante. Creo haber distinguido la forma de ella contra el cielo estampado de flores que no dejan de dar vueltas. El momento es ideal y se pone a correr. En el horizonte, el cielo está en el suelo y el suelo en el cielo. La impaciencia me consume y jamás podrá llegar lo suficientemente pronto el momento en el que llega hasta la forma de su amada.

El silencio absoluto es absorbido por la falta de aire. Apenas quedan dos bocanadas de aire al aire libre. Y no puedo parar, es momento de hacer acopio de fuerzas y continuar adelante. Tal vez sea tan sólo un espejismo al final del camino, pero claramente me acerco a algo.

Por desgracia, cada vez son más las marionetas que salen a su encuentro. Akane las rodea. Se ríe. Él también puede. Pero corro pero no avanzo. Imágenes distorsionadas de lo que una vez fue tal vez una marioneta baila al ritmo de una rumba macabra de ojos rojos. Ahora es el momento en el que me deshago de esas imágenes para seguir avanzando.

Su sonrisa blanca como la nieve se vuelve y cambia de color y explota y nunca acabará para él…

Ataca. Sangre. Cuerpos caen. Memorias llegan.

La cama y el coma lo acompañaron. Luces, más blancas que nunca, en apenas unos días ha. Si volvió tan sólo pudo ser por la milagrosa intervención de ella. Cuando no tenía por qué luchar, tan sólo su imagen le empujó a seguir adelante. Las máquinas le mantuvieron vivo, las luces le hicieron abrir los ojos. Pero la fuerza para luchar tan sólo se la dio ella. En todas partes, en todos los sentidos, ella seguía siendo su razón para vivir.

De repente, tuvo claro su amor. Su vida, dedicada tan sólo a ella, a hacerla feliz. A que todo aquello no fuera en vano. A disfrutar de la vida que de manera gratuita se le había regalado en aquel momento. El momento no era más importante que el lugar. Simplemente necesitaba estar con ella. Y el pasado no cambiaría nada.

Los edificios tienden a volar y la Luna rebota entre los rascacielos pintados a borratajos que han aparecido a su alrededor. Es más difícil orientarse, pero las líneas de colores que recorren el lugar le llevaran a su destino. La imagen de Akane es enorme y nunca más se perderá. Corre.

Tras llegar antes de haber salido, imágenes obscenas descubren al fin a ella. Su uniforme escolar coincide, los colores cambian pero la sonrisa sin dientes siempre estuvo ahí. Cuando se acerca, ¡una vez más engañado! A pesar de todos los intentos, otra marioneta sin su rostro, ni el azul de su pelo ni los ojos abiertos, tan sólo mil manos y la incapacidad de poner de acuerdo su cabeza. Tal vez destruyendo uno más, sin oír ni ver.

Otra falsa marioneta cae, la sangre tiende a desaparecer cuando se amontona. Los recuerdos se completan.

Todo un héroe. Así le habrían llamado cuando saltó delante del camión que se dirigía a velocidad terminal hacia Akane. No había tiempo para preguntarse por qué un camión así transitaba a esas velocidades por una calle de Nerima. Tampoco el mejor curso de acción. Tan sólo tiempo para recibir el impacto y sobrevivir.

Pero, quiso algo que su espalda fuera contra pared, y entre las dos, Akane. Aun así, sobrevivir. Seguro que sobrevivir. Porque eso hacía siempre. Porque eso le indicaba la imagen que revoloteaba en su mente y en el vacío de las estrellas que caían en medio de la ciudad. Tan sólo más imágenes. Pesadillas incompletas de seres mitológicos aún por descubrir. Todo un ejército de marionetas con manzanas por cabezas le miran expectante.

No importa, porque ya está con Akane al haber borrado a todas las versiones falsas. Con un poco de suerte, nunca más la cara borrada le enseñará la verdad de las personas llama.

Ella tiene tantas posiciones. Se mueve tanto, es de tantos colores. Sabe resucitar y sonreírle. Porque siempre hará eso por él. Siempre viva, siempre en un mundo de locos poblado por todas sus alucinaciones y esperanzas y lo que nunca serán realidades al observar un cielo nublado que anuncia lluvia.

Nunca por siempre más.

Por siempre, silencio y sonreír de rojo.

El doctor Tôfû se quitó las gafas y se tapó la cara con las manos. Por mucho que quisiera olvidar lo que había visto, nunca nada en su vida borrará esas imágenes.

La masacre, la destrucción… Era difícil encontrar las palabras.

El primero en caer fue el joven Hibiki, su amigo. Tal vez si hubiera estado sobre aviso no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Pero tan deprimido como estaba, tan apesumbrado por su amigo, jamás pudo reaccionar a tiempo. Seguramente lo último que pasó por su mente fue la preocupación por la mirada inyectada en sangre y desorbitada de su amigo.

Después, nada.

Un rato después se encontró con Shampoo. La joven ni siquiera pudo preocuparse más de diez segundos. Con ella fue implacable y cruel. Después de lo que hizo, aunque hubiera sobrevivido lo más seguro es que ni siquiera hubiera querido seguir viviendo. La destrucción de su cuerpo fue prácticamente completa.

Si al menos no hubiera ido buscándoles. Si hubiera tan sólo desvariado hasta el bosque o lo que fuera. Pero no, seguidamente se dirigió al Utchan’s. Mousse buscaba a Shampoo, Ukyô buscaba a Ryôga. Intentaron razonar, luego escapar. Pero no hubo manera. No tuvieron ninguna oportunidad.

Finalmente, por si no fuera suficiente para su familia, encontró a Nabiki. Al menos ella tuvo la presencia de espíritu para llamarle. Pero jamás. Jamás ese grito saldrá de su mente. Jamás el grito, el sonido. De cuajo, a través del pecho, con la impasibilidad infinita de su estado.

El grito… y silencio.

El sedante era para un elefante. La dosis, doble.

Nunca dejará de estar sedado.

El dictamen era claro. Psicosis inducida por la culpa. Creación de una realidad alternativa. Disociación de la humanidad.

Su dictamen es sencillo. Nunca sabrá lo que hizo. Siempre vivirá con ella allá donde su mente esté ahora.

Nunca sabrá que el único que despertó del coma fue él.

Que al intentar ser el héroe, se convirtió en el villano. Asesino sin querer de su prometida.

Asesino loco de sus amigos.

Y mientras lo destruía todo, seguramente atormentado por imágenes horribles, tan sólo una respuesta a las preguntas de los que asesinaba.

Silbando una rumba de muerte.

Tú estás ahí, todos estamos ahí

Viendo el videoclip de Numb en Youtube, me dí cuenta repentinamente de lo que es escribir sobre algo tan terrible como lo que ha escrito la sonrisa que esconde oscuridad. De esto hace casi medio año.

Al escribir, una de las principales fuentes de inspiración suele ser, en la mayoría de los autores, su propia vida.

Normalmente, estas vivencias son deformadas, pintadas, cambiadas o pervertidas lo suficiente para que sirvan el propósito que aquello que se va a contar requiere. A veces, también, sirve para proteger la identidad de las personas implicadas. Porque no nos engañemos, normalmente aquello sobre lo que se escribe tiene que ver con las personas. Incluso cuando se habla de un objeto o una acción, estamos leyendo lo que el autor siente sobre ese tema en particular. Las historias, los textos literarios, siempre versan sobre personas.

Pero, como iba diciendo, el autor o autora usa su pasado para contar su presente. Y lo cierto es que nunca me había planteado esto más allá de la obviedad de que, de esta manera, la autora nos hace partícipes de su vida, más allá de su presente. Y no ha sido hasta que he vuelto a ver el videoclip de Numb, una de las grandes composiciones de Linkin Park, en medio de toda esta vorágine de replanteamientos vitales, cuando he comprendido del todo que quiere decir hacernos partícipes.

En cierto momento del video, cuando la joven protagonista se dispone a descargar su rabia, su frustración y, en definitiva, su alma sobre el lienzo, hay una corta secuencia que es reveladora. Apenas unos segundos son suficientes para hacer comprender un concepto esencial de la expresión artística, sea ésta la que sea.

Cuando nos expresamos libremente, sin pensar en el comercialismo o en las reglas sociales, alcanzamos la capacidad de llevar a cabo obras que nos transcienden. Y al buscar en nuestro pasado aquello con lo que seremos capaces de expresarnos, es como visitar nuestro pasado desde el presente. Hay una disociación severa en este proceso: vemos el pasado con el conocimiento del presente, y sobre ello, minamos de nuestro propio ser para mostrarlo luego. De esta manera, mientras dure la fantasía que hemos creado con trozos de nuestra propia alma, estamos dando cobijo en nuestros recuerdos al público al que ofrecemos nuestro interior.

Somos como guardianes silenciosos que patrullamos nuestro propio pasado y nuestra imaginación, sirviendo de guías a aquellos que deciden dedicar parte de su vida en escuchar aquello que les queremos decir. Y de esto se sigue cuál es comercio más básico que se lleva a cabo en la expresión artística: acceso a mi alma a cambio de que escuches lo que tengo que decir.

Creo que es más complicado que eso. Siempre todo lo es. Nunca nada importante se resume con una sola frase. Ni siquiera eso que se dice mucho en las pelis de Disney. Mucho menos eso.

Creo que las personas con inclinaciones artísticas tienen el alma rota. Esa es la razón por la que son capaces de coger trozos de ella y enseñarlos. Por eso nos dejan en entrar, por eso podemos entrar. Y por eso, precisamente, están tan desesperados por comunicar algo. Comunican la razón por la que su alma se rompió, el golpe que creó todos esos fragmentos.

No creo que todos los artistas sean atormentados. Simplemente es necesario ser especialmente sensible en algún área para que el alma se astille. A partir de ahí, hay muchas maneras de seguir viviendo sin necesidad de estar triste siempre. Pero, lo que sí me resulta innegable es que todos los artistas habrán estado realmente tristes en algún momento de su vida. Triste del tipo de plantearse su valía personal, el sentido y la dirección de su vida, incluso el valor de su vida. Ahí es cuando un alma fluye como la arena, incapaz de tomar una forma definida hasta que el fuego de algún pasión poderosa la hace cristalizar otra vez. El arte no es intrínsecamente triste, pero nace de la tristeza.

En fin, esta especie de ensayo se agota. Ahora creo que entiendo un poco más qué es lo que hago cuando lleno de palabras estas líneas. Uso lo que soy para alimentar el fuego del pensamiento y el sentir de otros. Es como un sacrificio para mantener viva la capacidad de sentir de las personas. Tal vez sea una manera muy grandilocuente de definir algo como el arte. Pero, al menos por ahora, estoy de acuerdo con esta visión. Combustible para la sensibilidad.

Silencios cristalinos justo enfrente

Hay gente que calladamente sigue adelante sin parar ni pedir ayuda.

A finales de Mayo de este año, una vez observando desde un lado, vuelvo a descubrir una parte del ser humano que me fascina e inspira, siempre con una canción muy especial como fondo y camino.

 

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Del silencio y el vacío que fueron

Cuando se acaba, algo nuevo ha de empezar, y si observar hace algo en mí, es encontrar la manera de expresar lo que otros no quieren expresar.

A mediados de Abril de este año, mientras miraba desde un lado, encontré una visión de futuro en un momento mucho más oscuro. Esto fue como lo traduje.

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Inexplicable sentimiento de derrota

De repente, en lo que podría considerarse uno de los mejores momentos de mi vida, me encuentro perdido y sin energías. Mi cabeza me pide a gritos una liberación de una cárcel de cristal.

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Hace algo más de un año atrás, andaba perdido. En particular, a principios de Junio del año pasado volvía a recurrir a una canción que, desde siempre, me ha impactado mucho.

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