El bosque de confesiones

Bartolo en el programa de "Carlos Carnicero".La confesión es un acto al que el ser humano se puede hacer adicto con demasiada facilidad. Sentir tus pecados ser borrados (en el caso religioso), o al menos compartidos es una sensación liberadora como pocas. Además, se puede conseguir de muchas maneras: puedes hablar con alguien, actuar de forma diferente, pedir perdón. Pero también puedes escuchar una canción que trata sobre el tema que te atormenta. O leer un libro, o ver una película, o reír con un sketch que parodia la situación. De alguna manera, parece que hay gran cantidad de “confesionarios” en nuestro día a día.

Sin embargo, ¿es bueno que nos liberemos de absolutamente todos nuestro demonios, grandes y pequeños, de forma tan frecuente?

Cox jamás podrá salvarse de un buen "sneak hug".Supongo que sí, aunque hay ciertos aspectos que no tengo para nada claros. Pero al final, se basen en ello o no los entretenimientos a los que tenemos acceso hoy en día, la verdad es que va a haber gente que va a encontrar la mecánica de la confesión en ellos. Y es que hay algo natural en exteriorizar nuestros miedos ante aquellas personas en las que confiamos. Es una forma muy fuerte de crear lazos con el resto de nuestros congéneres. Puede que sea algo casual, pero la verdad es que “confiar” y “confesar” se parecen enormemente. Puede que antiguamente fueran incluso la misma cosa.

Así que, ya sea a través del humor, o de la seriedad, o de la poesía, confesarse de vez en cuando no sólo es una manera de ayudarse a uno mismo a superar ciertas situaciones o crear lazos con otros, sino que puede ser el vehículo a través del cuál otros también puedan superar sus propios miedos.

¿Y qué mejor que ayudar a otros al mismo tiempo que te ayudas a ti mismo? Parece mejor que las ofertas de los teletiendas. Y en una sociedad como esta, en la que lo único que parece importar es el bienestar de uno mismo, hacer de buen samaritano durante un rato tampoco parece una mala idea, ¿verdad?

Mis Confesiones

Aquí están las mías. La mayoría vertidas a costa de horas de sueño (aunque esas horas no hubieran sido mejor invertidas en dormir), vienen en formato de prosa y poesía, porque realmente eso es lo único que las distingue. Todas son momentos: no se puede esperar de ellas que tengan una hilo que las haga avanzar (aunque suelo intentar que tengan cierta consistencia en ese aspecto), ni siquiera que sean del todo coherentes. Algunas toman la forma de sueño; otras, son un canto algo quebrado a lo que han visto mis ojos.

Hay una cierta cantidad de estas confesiones que llevan años escritas pero que sólo ahora han encontrado un lugar y un momento en el que ser expuestas. Por eso, añadiré la fecha en aquellas que no sean recientes. En cierto sentido, son como una película. Van cambiando según las circunstancias. Al fin y al cabo, como dijo el filósofo José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Prosa

No es cierto: En un momento, caen las verdades del cielo y de las personas.

En lo alto de una escalera: Una imagen celestial en medio de un bar cualquiera.

Un trecho del viaje: Recordando la independencia ganada con dolor.

Dentro de nueve años: Testimonio futuro de una relación muy especial.

Y el frescor de la noche: Sensaciones a través de una ventana abierta a la noche.

Notas en el alféizar: Una entrada del diario de un Beethoven de la melodía de la indiferencia.

Son dos mentiras: La liberación a través de la verdad escondida por una amistad que se marchita.

La estrella: Superar malos momentos a través de lo que el cielo nos da gratuitamente.

Años después, me olvido: Lo que una vez fue todo, al cabo del tiempo, ya es nada.

El ungüento mágico de la eterna sanación: Comunicarse ha sido, desde siempre, la manera de curar las heridas del alma.

Realidad, nada más: Un ataque de realismo consigue recordarme una vez más ese equipaje que tanto me pesa.

Ilusión y sueño, dos partes de un mismo todo: Querer avanzar entre los restos de los recuerdos, a base de aliteración.

Ensayo sobre los fantasmas del pasado: Unas cuántas frases recuerdan, descarnan y tiran.

Una madrugada de recuerdos: Un corto paseo por el museo propio de lo que no fue.

Libertad y soledad: Tratando de recuperar el tono épico, un canto al deseo de no estar solo.

Condena: Realidad: Desengañado con el trámite social de conocer nueva gente, retirarse al mundo de la fantasía.

Rehaciendo lo hecho para hacer lo mejor: Los sueños son como ese campo de prácticas que todos podemos aprovechar.

Gris: Desengaño al cabo del tiempo.

Un trayecto infinito de la verdad a mi corazón: Derribado pero no vencido por los miedos, contraataco.

El otro grito: Por un momento, algo dormido despierta, tan sólo para morir después.

Poesía

Soledad, maldito tesoro: Las mejores maestras siempre son nuestras mayores decepciones.

Un millar: La injusticia es una hiena que ronda siempre nuestras vidas y pone a prueba nuestra entereza, moral y anímica.

Nacido, iluso, muerto: Expresarse a veces es tan difícil que nos hace falta algo más que la voz.

Cómo es mi sentimiento: Buscando descubrir qué se siente a través de su expresión en palabras.

Del laberinto del pensamiento: La confesión de una necesidad imperiosa de amar y ser amado.

De aceptar la condena: La amistad a veces es un sacrificio que haces para no perder del todo a una persona que amas.

Luces y noches de un cretino: Las preguntas nacidas una noche, sin respuesta durante tantas otras.

Testamento vital del que perdió el juicio: Soñando un despertar diferente, preparando el alma para otra noche igual.

Ahora, cuando ya es nunca: Pequeño y curioso poema, mezcla de soledad, nostalgia y zombies.

Una ración pequeña de alma: Usando el recurso de la repetición para no repetir el tratamiento del tema del deseo.

Un poco de Navidad y sus sombras: También en Navidad, recuerdos de arrepentimientos afloran.

Estar y ser, parte del querer: Atacado por el propio cerebro, se detiene por un instante el corazón.

Magia, en un recodo del alma: Aún siento aquel amor que me paró el corazón cierta noche.