Un pequeño aviso

Aviso de que, debido a un cambio radical en mi vida, las próximas entradas pueden ser… poco optimistas.

Tengo que dar un pequeño aviso. En realidad, es sólo una excusa para empezar a sanar la herida que se abrió en canal, pero como excusa que es, siento que debo expresarla tan bien como pueda.

Aviso de que no entiendo nada. Que cuando más viejo me sentía, viene la vida y me devuelve a la casilla de salida. Que si pensé que ya había sentido el dolor más grande, me equivocaba. Que las cosas, una vez más, se acaban.

Aviso de que, a consecuencia de que haya desaparecido el suelo bajo mis pies y el techo de mi cabeza haya salido volando por una tormenta tranquila pero final, tal vez mis renovados esfuerzos por mantener vivo este lugar se vean en cierta manera truncados. Tal vez, durante unas semanas, me escueza la herida y tan sólo derrame mi alma de una manera muy específica, a saber, suspirando de nostalgia por lo que nunca tuve y lo que ya no será jamás. Puede que durante un tiempo, se acaben las bromas y las reflexiones; los defectos personales y los sueños; y tan sólo pueda escribir sobre las pesadillas y las mil ideas que se arremolinan en mi pecho y a veces no me dejan ni respirar.

Puede que durante unas semanas vuelva a las películas que me enseñaron, a las series que me hablaron y a las canciones que siempre me enmudecen. Puede que aparezcan mensajes dirigidos que nadie entenderá. Puede que quebrante aquí mismo mi alma para expresar todo lo que ahora, sin ningún control, se remueve en mi interior y me impide dormir con normalidad. Y puede que me rompa en el escenario y no quiera ver a nadie mientras recojo los trocitos y hago lo que puedo por caminar con cierta intención.

Ahora mismo me debato entre lo que siento y lo que debo, y no tienen sentido ninguna de las dos. Todo es como un sueño, como una pesadilla que no se acaba, con la que trato de convivir haciendo caso omiso a todos los sonidos. Ya no escucho a mis voces. Mis días son un compendio de silenciosos pensamientos que se dedican a sobrevolar mi consciente sin el arrojo suficiente como para zambullirse en ese océano de emociones que arrecia justo debajo. Sin barco ni capitán, navego sin velas y el timón está roto, pero el horizonte promete paz sin silencio, que ahora mismo es lo que me da más miedo, porque nunca antes había estado tan callado mi cerebro.

Es como ser prisionero de uno mismo. Querer sentir una cosa y tener otra muy distinta gritándote al oído.

Y todo es muy distinto. Y todo es igual. Es una sensación tan rara. Como nostalgia de algo que nunca tuve. Tan absurdo como cierto, me recorre por completo.

En todo caso, esto no es más que un aviso. No me quiero explayar aquí demasiado, teniendo en cuenta que la programación habitual se va a ver alterada por este tipo de textos. Ya habrá tiempo de intentar expresar toda la confusión que ahora vivo.

Hasta entonces, me sigo preguntando: ¿qué ha pasado?

Un año, un objetivo completado

Puesta al día, justificaciones varias por un año de muchas historias y pocas confesiones.

Ha pasado un año (algo menos) desde que comenzó el semanal flujo de entradas que ha mantenido este blog vivo durante 2016. Todas estas entradas eran capítulos de algunos de mis fics de Ranma, y estoy contento de que finalmente todo ese material este aquí, en el blog.

Sin embargo, todo lo que tenía preparado se ha consumido al fin. Ya no queda nada en el sistema, y lo cierto es que tampoco he preparado nada para las semanas venideras. Pero, no me adelanto.

Escribo esto porque quería explicar el porqué de las entradas semanales y el haber preparado tanto material para que subiera de forma automática.

No hace mucho, hablé con un buen amigo mío (de esos con los que sólo puedes quedar un par de veces al año) y hablamos de objetivos, de constancia y de lograr cosas. Y de muchas más cosas, pero eso viene a ser lo que tiene relación con esta entrada. Entre muchas cosas, salió el tema de las resoluciones de Año Nuevo, y yo le comenté que hacía años que ni siquiera me las planteaba, harto de añadir más fracasos a una larga lista.

Pero bueno, en realidad sí que me las planteaba, sólo que en vez de resoluciones, eran objetivos alcanzables, sugerencias de Año Nuevo, por decirlo de algún modo.  Y una de las de 2016 fue publicar todas las semanas en el blog. O al menos, publicar 54 entradas al año (una a la semana).

Originalmente intenté hacerlo en 2014 y 2015, mezclando capítulos, entradas originales y cosas como esta misma. Y fallé estrepitosamente. Pero al comenzar 2016 me dí cuenta de la ingente cantidad de material que estaba en fanfiction.net y no aquí, de tal manera que me puse manos a la obra y programé aproximadamente un año de entradas. Añadí unas cuantas más a lo largo del año para llegar al mágico número de 54 y me alejé de WordPress.

Lo cierto es que no sólo de WordPress, sino de escribir en general. Ha habido algún mes de 2016 que ha sido productivo, pero no demasiado. La mayor parte del año (y, especialmente, el último trimestre) ha sido nulo respecto a creación. Siento una incapacidad interna para crear, para expresarme como es debido, para confeccionar historias que resulten interesantes y divertidas.

Siento que tiene que ver con la tremenda cantidad de malas noticias que se fueron acumulando en los últimos estertores del 2016. Creo que tiene también que ver con el cansancio vital y anímico que a veces mi trabajo termina provocándome. Una especie de desesperación completa por todo lo que me rodea, desde lo que está a mi alcance hasta las noticias más lejanas. Es una agonía al tomar conciencia del rumbo incierto que tomamos como especie.

Siempre he sido un tipo algo taciturno. Tal vez injustificadamente, he sentido una especial aprensión hacia el futuro y lo que puede traer. Pero siempre había sabido volver a la tierra, ver las cosas desde unas perspectiva más limitada, menos peligrosa, y encontrar algo que contar que sintiera que mereciese la pena. Puede que haya perdido eso un poco.

En esta situación, me he refugiado en los mundos de fantasía que no te construir yo: los videojuegos. He jugado más que nunca este año y, a veces, durante un rato, consigo olvidarme de todo lo que me pasa por la cabeza. Y es genial, porque por un rato ya no siento estas terribles tormentas en el horizonte. No oigo sus rugidos y no veo los rayos. Por un rato, soy uno más con la nada.

No sé cuánto durará esto. Siento que hay que cosas que se remueven en mi interior, que quieren ser contadas. Esta entrada puede que sea el comienzo. Volver a la fantasía que brota de uno mismo. Coger esa tormenta y embotellarla y observarla y describirla. Ser, una vez más, honesto conmigo mismo para poder mentirme a sabiendas. Navegar otra vez el maelstrom del alma y hundirse todo lo que haga falta.

Tal vez.

De todas maneras, algo he creado este año. Pocas cosas y casi todas incompletas. Pero lo que pueda usar lo iré subiendo como siempre los sábados. A partir de ahora, sin embargo, ya no serán siempre capítulos de alguna historia mía de Ranma, si no que habrá de todo y, mayoritariamente, confesiones de esas que tanto han pintado este blog.

Cuando te sientas sola

En los momentos más oscuros, un buen recuerdo puede ser lo que cambie el rumbo.

Cuando te sientas sola, recuérdame.

Cuando todo a tu alrededor se desmorone, cuando los dinteles se resquebrajen y las ventanas encojan. Cuando los teléfonos comuniquen y el silencio se apodere de tus canciones. Cuando haga frío hasta debajo de las sábanas y el Sol que entre en tu habitación esté descolorido y apagado. Cuando cierres los ojos y lo único que veas sea tu huida y un mar infinito, embravecido y lleno de todos tus miedos.

Cuando tengas miedo hasta de tu respiración, recuérdame.

Recuérdame en aquella tarde lluviosa de noviembre. Vuelve a dibujar nuestro paraguas en tu mente, y deja que el sonido de la lluvia te envuelva. Siente el calor de nuestro abrazo, y las palabras sin sentido que susurré a tu oído. Trae de vuelta tu sonrisa sin miedo y el latir acelerado de nuestros pechos. Observa una vez más las casas que se mecían a nuestro alrededor, que fueron dejando paso a aquel campo verde como el mar más amable que nunca habíamos visto.

Recuérdame, y no olvides que si lo bueno se acabó, también lo hará lo malo.

Que la oscuridad que vive en tu interior también habita en todos los que te rodean. Que abandonarse a ella a veces parece sensato, y hasta podría decirse que es nuestro destino, que está escrito en nuestros genes. Que cuando lo engulle todo, tan sólo resta cerrar los ojos y fundirse con ella. Dejar a un lado todo lo que fuimos y nunca más volver a preocuparse por la quemazón de la luz.

Pero entonces, recuérdame en la oscuridad.

Recuérdame bajo las estrellas. Vuelve a sentir el suelo en tu espalda, su frío y nuestro calor. Deja que te inunden las infinitas chispas de aquel cielo invernal. Vuelve a aquella mirada y todo lo que comprendimos sin decir nada. Recuérdame con las constelaciones y las estrellas fugaces, y no te preguntes dónde se fue ese tiempo, o no podrás pedir otro deseo.

Recuérdame, y no dejes de comprender que en la oscuridad nace la luz, y que la luz necesita de la oscuridad.

Y si se marchita aquel árbol que te dio la sombra; y si los campos por los que corre tu alma libre están secos; y si las flores de tu pensamiento se han malogrado. Si ya no quedan madreselvas en tus ventanas y te ha crecido una ortiga en la piel cada vez que tocas a alguien. Si te retienen las raíces de un árbol milenario y sientes tu vida ser absorbida por tu celda.

Si el verde dejó paso al negro, recuérdame a la orilla del mar.

Recuérdame en aquella playa desierta. Vuelve, y vuelve a echar todos tus miedos al mar. Que zarpen otra vez todos los barcos de papel que hicimos. Cántame otra vez esa canción que sólo tú conocías. Invoca al fuego, su pureza, y la tormenta que arreciaba a lo lejos.

Recuérdame, para que puedas recordar que allí te liberaste de todos los miedos y lamentaciones que ahora te atacan. Y que no me necesitaste, porque nunca me has necesitado.

Recuérdame, para olvidarme por siempre.

Ojos que no ven, corazón que se sorprende

Un aviso sobre el rumbo del blog, y unas pocas palabras sobre esa sorprendente revelación que se está haciendo típica.

La de hoy será una entrada escrita en primera persona, sin muchas metáforas o recursos literarios varios. En parte porque debe servir como aviso de un pequeño cambio, y en parte porque quiero compartir algo que me ha pasado toda la vida, pero que recientemente ha vuelto a ocurrir.

El aviso no es más que, a partir del último sábado de este mes, los sábados se publicarán capítulos de mis fanfiction de Ranma 1/2. Hasta final de año, de hecho, porque tenía un montón de material guardado que tenía que subir aquí, así que hay meses y meses de capítulos que, semana a semana, se irán publicando. Por tanto, quedan avisados que los sábados se van a dedicar, a partir de mayo y hasta finales de año, a mis fanfiction de Ranma 1/2.

Sin embargo, dado que he estado casi dos meses subiendo entradas sobre, voy a llamarlas así, “mis cosas”, con la regularidad que quería, voy a intentar postear algo de ese estilo todos los miércoles. De tal manera que no pierda el ritmo que he cogido y simplemente cambiar de día las entradas más personales.

En resumen, los miércoles serán, a partir de mayo, los días de las entradas más personales, y los sábados serán para los capítulos de mis historias de Ranma 1/2. Aún así, les invito a leer dichos capítulos. En muchos de ellos no hago más que ponerme la piel de un personaje para expresar mis propios desasosiegos y alegrías.

Cambiando de tema, me gustaría plasmar aquí lo que vengo rumiando unos días, desde que una buena amiga del trabajo me confesó que había comenzado a visitar este blog.

Y es que, en los muchos años ya que llevo llenando hojas en blanco, ya sean físicas o electrónicas, con mis desvaríos, esta situación se ha dado varias veces. Cierto es que, últimamente, me siento mucho menos acongojado al confesar que llevo una de estas raras cosas que son los blogs. De hecho, empiezo a decirlo con cierto orgullo y con muchas ganas de que lo lean. En buena parte empecé esta aventurilla para que pudiera recibir algún tipo de comentario sobre lo que escribía.

Los comentarios que recibía en ff.net siempre habían sido, cuanto menos, poco críticos. A ver, siempre es muy agradable recibir los ánimos de una persona anónima que decía haber disfrutado de lo que había escrito. Pero hay algo distinto al hablar cara a cara con alguien que ha leído lo que has escrito. Es mucho más rápido, directo y natural, y puedo extraer mucha más información en mucho menos tiempo. No es que escriba para la que le guste a la gente, pero me gusta saber porque a la gente le ha gustado algo o, más importante, porque no le ha gustado.

Volviendo al tema, siento que estas sorpresas que se lleva a la gente al leer lo que aquí expreso no hacen sino dar fuerza a una sensación que me ha acompañado durante toda la vida: no termino de ser yo mismo ahí fuera. Tal vez sea la razón por la que me gusta estar, en cierta manera, aislado. Tal vez no sea más que una capacidad de actuar y de hacer teatro que nunca he desarrollado, y que ha encontrado otros derroteros. O, tal vez, no sean más que las secuelas de un niño un poco miedica que quiso encajar después de que sus amigos de toda la vida le dieran la espalda. Pero la cuestión es sencilla, y es que lo que ve la gente no encaja con lo que luego descubren.

Aunque claro, una parte de mi mente me sugiere otra idea: ¿no será, tal vez, que estamos tan acostumbrados a juzgar a los libros por su tapa que luego, cuando se abren, nos sorprendemos? Quiero decir, que no sólo es que sea más fácil catalogar a la gente con un par de etiquetas y seguir adelante (entre los 20 y los 30 conocemos a la mayor parte de las personas con las que vamos a coincidir en nuestra vida). Y es muy fácil hacer eso. Pero es que además parece que hemos evolucionado para hacer exactamente eso. Al fin y al cabo, el cerebro se forma una idea de la personas que tiene delante en apenas unos segundos. Estamos hechos, en cierta parte para eso.

Por suerte o por desgracia, en cierta manera hemos sobrepasado eso. Como bien decía Carl Sagan, ya no estamos sujetos sólo a los instintos o necesidades. Desde que tenemos consciencia somos capaces de sobreponernos a los mecanismos simplemente evolutivos y podemos usar el razonamiento.

Por eso, tal vez, siento que sería ideal si estás sorpresas fueran menos comunes. Una pequeña parte de mí piensa que eso debería significar que vamos dejando atrás los instintos menos justos en la sociedad en la que vivimos ahora.

O tal vez simplemente soy un tipo de lo más extraño, que también es posible. Polifacético, variado o multi… Raro, vamos. Raro como un perro verde.

A mí eso me divierte.

Al día

Una semana más, una actualización. Varias cosas llegan a su fin, otras se confirman y otras comienzan. ¡Resumen genérico es genérico!

Otra entrada que es más bien un monólogo que algo importante. Aún así, han pasado muchas cosas, se están terminando muchos cambios y, ahora más que nunca, el tiempo es finito.

Lo cierto es que casi he terminado esa puesta al día que quería llevar a cabo en este lugar. Y lo cierto también es que estoy sorprendido de la inmensa cantidad de material que tenía guardado. Ahora, poco a poco, casi a cuentagotas, voy a ir mostrando todo eso que fui acumulando. La mayor parte está tintada con el color de los fic, pero son, de todas maneras, expresiones de lo que iba viviendo hace años, cuando la mayoría de esos textos fueron escritos.

Otras cosas me llenaban la cabeza entonces, eso es cierto, pero no por ello son menos importantes para comprender lo que ahora me ha pasado. Cómo ahora los planes son a largo plazo, algunas miradas se caen por su propio peso, y todos los abrazos son capaces de resucitar mi corazón jironado.

También ha empezado otro año de acabar cosas. Tal vez haya interiorizado al fin que acabar las cosas de palacio, aunque no se sienta necesario, hace que las cosas sean al fin un papel, que aunque mojado, se puede firmar por triplicado y puede absorber esa parte de mi alma que me dejé por el camino.

Cómo no, no puedo sino dedicarle unas pocas líneas, aunque precisamente por ello muy sentidas, a la vuelta que la rueda de la vida me ha dado. Pensé que ya no volvería a dormir con mi Sueño, pero, ¿qué puedo decir? Cuando es tan insistente como este, tal vez un par de crisis vitales es la única manera real de hacer justicia a la pasión que nos une, como los campos magnéticos de polos opuestos. Pero, ¡qué sé yo! A veces es como una corriente eléctrica, que te pone en movimiento y te entumece al mismo tiempo.

Por último, no me olvido del futuro cercano, del cambio de coordenadas, aunque sea temporal, que ya he certificado, que se llevará a cabo y será contrapartida ya pactada que durante tanto tiempo estuvo en el aire y que ahora, simplemente, ocurrirá porque ya era hora. La ilusión es grande, los temores son varios y las ganas crecen. Lo importante es la Tormenta, la que allí ríe y a veces explota, cuya paciencia a veces se agota porque, en verdad, no soy tan grande, aunque intento mejorar y se que el cariño la desborda.

Todo esto y más destella en el horizonte, porque todo tiene su momento y, en parte, en este yo me levanto y lo reclamo.

Disculpas, transformaciones y proyectos

Otra vez en marcha, otra vez la posibilidad de hacerlo bien o hacerlo mal.

Bueno, hace ya más de un año que subí la última entrada a este blog. Un año extraño, lleno de incertidumbres, de momentos bueno y de momentos para el olvido. Un año en el que, en definitiva, he cambiado.

Y tras los cambios, tras la implosión, llega de forma inevitable la reconstrucción. Esta reconstrucción llega de muchas maneras, y una de ellas, he elegido, sea con el cambio de este blog. En realidad es un cambio meramente estético, prácticamente inapreciable. Pero una cosa que siempre quise hacer era hacer el blog más amigable para los que leen de noche o en algún dispositivo que no fuera el ordenador. Por eso he elegido este nuevo tema (más oscuro), que además se auto ajusta al dispositivo desde el que se lee el blog (se ve “bien” hasta en los móviles) y también voy a cambiar la fuente a una más sencilla de leer.

Además, quiero devolverle la vida al blog, así que voy a intentar subir algo todas las semanas. A veces serán textos nuevos, otras veces serán viejos y otras veces serán fics (sí, en cierto momento esto iba a ser mi repositorio de fics). Hay material a raudales guardado en las esquinas recónditas de mis discos duros, así que lo complicado sólo es encontrar tiempo. Algo normalmente baladí, pero no ahora, pues se ha convertido tontamente en mi lujo más escaso.

Eso respecto a las transformaciones y los proyectos. Las disculpas, como casi siempre conmigo, son infinitas. Y la lista no hace sino alargarse. Pero esta vez debo hacer especial referencia a dos personas. A un sueño, que espera de forma antinatural mientras revolotea y se agita como el Aire de Mecano. Y, por supuesto, a la Flor de las Tormentas, que a pesar de mi desfachatez, tardanza y varios otros adjetivos con zeta, sigue escuchando, sigue acumulando sabiduría y, siempre que ella quiera, sigue juntando giros alrededor del Sol. Muchas veces me siento pequeño ante nuestra amistad, pero hacerte sonreír me da fuerzas y me reconstituye.

Sólo me queda despedirme hasta la próxima semana y, con ganas de volver a empezar, desearos lo mejor.

¡Gracias!

Sobre la cinéfila, la autora, la arquitecta, la amiga, la… (y otros doce adjetivos más… O más)

Cumple de Mery, todo el mundo arriba!

Se podrían escribir ríos de tinta sobre este día, incluso mares, y la persona a la que le pertenece. Pero lo cierto es que es más fácil que las acciones de sus amigos hablen. Sí, son más de una docena, y sí, están locos de amor.

Amor del bueno, del que haces que te acuerdes, aunque sea vagamente, de una persona cada día de tu vida. Pensando en cómo estará, viéndola escondida entre las líneas de una buena canción (o un disco entero). Entrando en una tienda, viendo algo y pensando: “¡Eso le encantaría!”. Y a veces cogiéndolo. Y a veces mandándolo tarde…

Amor del que te hace querer ser mejor persona. De esos en los que uno hace calentamientos de hombros antes de dar abrazos, por que las ganas son demasiadas. Amor de compartir ojeras a kilómetros de distancia. De no saber, pero saber un poco sin necesidad de saber. De saber, y por eso apoyar, aunque no se sepa muy bien.

Yo, por mi parte, te voy a seguir felicitando todos los años, pero siempre los 25. Creo que para entonces ya eras tan sabia que el resto está siendo un bis maravilloso de ensueño. Como si Sabina, Andrés Suárez y Love of Lesbian se juntaran para hacer una canción. El cumpleaños feliz, por ejemplo.

Creo que ya no cumples años, sino que les invitas a pasar.

Y lo cierto es que has dado otra vuelta.

Y poco a poco te vas pareciendo más y más a ese tipo de personas que un buen escritor necesita para no volverse loco. Una persona que ha entendido tantos de los recovecos de la vida, que tan sólo necesita echar un vistazo por encima para saber de qué van.

Y, aun así, le dedica todos los suspiros que haga falta. Porque eres de las pocas, de las que apenas quedan. Eres de las personas a las que las historias de los demás le importan. Y ese tipo de persona lo dicho, no abunda.

Así que, qué hacer sino desearte una buena historia, una de esas en la que terminas riéndote de lo malo y sintiendo que te mereces lo bueno, porque trabajo ha llevado. Y trabajo has hecho. Más de lo que es posible entender.

Y recuerda, que si a pesar de todo lo dicho, alguna vez te encuentras en una situación en la que no entiendes nada, siempre puedes invocar una fórmula mágica que dice:

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PD: Eso también de parte de Josep :).

PDD: En resumen, ¡feliz cumpleaños, Flor de las Tormentas!

Valyv Balkanska-Bulgarian Shepherdess Song

Esta canción me recuerda al capítulo de Cosmos de la Voyager y su mensaje, y me recuerda lo que hicimos los humanos con esa nave.

Como escribí hace apenas un mes:

Pocas veces el título del post es el mismo que la canción que lo origina, pero este caso lo merece.

A un lado, la canción cuyo extraño titulo da nombre a esta entrada. Seguramente no sea del gusto de todo el mundo, pero aún así recomiendo a todo el mundo que la escuche. Su historia lo merece.

Es, seguramente, sólo uno de los incontables secretos, preciosos y únicos, que pueblan nuestro planeta. Una faceta más de este diamante que habitamos. Otra magnifica luz prendida por la raza humana. Unas potentes voces que no entiendo. Pero es fácil estar de acuerdo en que tampoco es muy necesario entenderlas. Su mensaje puede ser cósmico o terrenal; divino o mundano; triste o alegre. Pero otra vez, eso carece de importancia.

Lo importante es como sus voces traspasan el aro de cinismo con el que tendemos a pasar el día a día, y conversan directamente con la parte de nosotros que todavía abre la boca cuando mira un cielo estrellado. En un momento somos transportados a otro tiempo, a otro lugar. Tierra verde o montañas, cerca del cielo y del mar. Todo es tan diferente como nuestras imaginaciones sean capaces de lograr. Y no sin cierta dificultad, levantamos el vuelo y somos capaces al fin de desligarnos por un momento de las rutinas que para bien o para mal atrapan nuestro tiempo.

Libres por un momento de esas cadenas, los acordes y las variaciones imposibles nos abren los ojos. La historia se pinta bajo nuestras formas voladoras y los mapas cambian de color con el ascenso del agua de la clepsidra. Poco a poco, los horizontes, siempre tan rectos y tan mentirosos, se curvan ante nuestra percepción y revelan al fin la verdad que todo el mundo olvida al hacerse mayor. Nos elevamos con el canto de estas mujeres desconocidas, y antes de darnos cuenta, la Tierra no es más ya que una bola que gira descontrolada. Nosotros inmóviles en el espacio, y nuestra sombra recorre la superficie como un pensamiento de libertad. Por encima, espera el resto de nuestro hogar.

Cuando seguimos elevándonos, el concepto en sí pierde significado. Ahora tan sólo avanzamos hacia la negrura del espacio. Pero el vacío es ilusorio. Nos envuelve nuestro pasado, el de toda la raza humana. Imágenes, sonidos, señales… Tan sólo son el medio, el oxígeno de nuestras almas. Llevan en su seno nuestras ideas, nuestras fantasías y deseos. Arrastran nuestros triunfos y nuestros fracasos, las desgracias más terribles que hemos sido capaces de infligirnos a nosotros mismos y a nuestro pequeño hogar. Son una marca de lo que hicimos mal, aunque a veces parezca que no sepamos palpar dicha marca, o hayamos olvidado su significado.

Pero, también llevan lo que merece la pena repetir. Y al dejarnos empujar por su electrificante influjo, escuchamos a nuestros genios abriéndonos ventanas al futuro. Vemos a nuestros símbolos enseñándonos a conocernos a nosotros mismos. Y nos encontramos descifrando los secretos que nunca fueron ocultos a plena vista en todos los rincones de nuestra humilde morada, justo a la entrada de las cuevas que hace tan poco dejamos. Y es maravilloso sentir que, incluso con todas las dificultades, este influjo continúa guiando los pasos temblorosos de una especie tan exquisitamente orquestada entre tantos trillones de átomos de carbono, oxígeno y demás concertinos.
Tras un rato de este empuje, llega el momento de encontrar al portador de las voces. Su figura es metálica y puntiaguda, y con su boca que es al mismo tiempo su único oído, observa impasible el punto azul pálido en el que se ha convertido su linea de salida. En su interior, el calor nuclear lo salvaguarda de dormir para siempre, y aunque su misión ya es parte de la historia que nos enseñó quiénes somos, lleva en su pecho una dorada promesa de futuro.

A partir de aquí, se me hace difícil continuar con las metáforas, así que terminaré siendo un poco más explícito.
El portador de las voces es, evidentemente, una de las sondas Voyager. El ingenio humano que más lejos ha viajado lleva en un lateral incrustado un disco de vinilo hecho en oro, cuyo evocador título no es otro que el de “Voces de la Tierra”. En su anverso están inscritas las instrucciones para reproducirlo (tan simples y científicas como fue posible en su momento para que una inteligencia alienígena fuera capaz de descifrar su funcionamiento). Y codificadas en el disco, saludos en decenas de idiomas por distintas personas, música clásica y contemporánea (hasta los 70, claro), pasando por todos los tipos. Las palabras de una madre a un recién nacido. El sonido del cerebro de una pareja enamorada. Incluso el canto de las ballenas.

Y entre ese convenio de lo que somos, este canto. Este canto que no entiendo, pero que te eleva más allá de los límites físicos de los que somos presa. Este canto que le habla a uno en lo más profundo, viaja, junto a muchas otras composiciones de igual calado, por el vacío del espacio. Es para pensárselo. Unas voces así, dejando tan atrás el lugar de donde provienen, representando lo que somos en un solo a todas luces infinito que tardará cientos de miles de años en dejar la galaxia. Como una isla de significado en medio de un océano de caos. Con toda la esencia de unos sencillos seres, hijos de las estrellas, hermanos de aquellos que tal vez algún día lo encuentren.

Poco o nada resta por decir. El viaje termina y volvemos a nuestros atados cuerpos. Atados a nuestro planeta. A nuestra vida. Pero a partir de ahora, tal vez, recordemos que allá arriba, de donde provienen los deseos y donde duermen los dioses, allí, nuestras voces cantan. Cantan con el poder de romper el silencio. Y cantan aunque todo sea negro.

Porqué tanta nostalgia y tan poca alegría

Los sentimientos a veces son como ellas, y altaneras deciden si merece la pena que vivas o no.

A principios de este año, atacado seguramente por los pésimos resultados académicos, escribía lo siguiente.

Es un teatro rebosante de caras, que se mueven y fluyen como el viento entre las cortinas.

Tantos nombres para tantas caras. Latidos que rompen pechos, la intensidad de una tormenta que descarga sus flechas mojadas contra la espalda que aguanta las embestidas. Luz y calor, y frío y escalofríos; todo recorre este cuerpo que se dobla y sufre ante los empujones de ellas. Tiran y toman tu mano; te invitan a volar, te entierran con vida. Besan y arañan, cortan y curan. Al mismo tiempo lloran tus penas y se jactan de tus ilusiones. Ellas te impulsan, te alimentan y te duermen, meciéndote con una nada de rap y orquesta, de sueños y aquel olor de tu niñez que tanta nostalgia te provoca, y se avecina un momento en el que ya no puedes dejar de pensar en lo que ha sucedido, y de vez en cuando por siempre echas la mirada al aire y dejas que vuele aquel deseo que siempre termina por meterse de nuevo en esa jaula que tienes en el corazón.

Y la cuestión no es lo que son, pues sabes de sobra que la cuestión quedó resuelta en el momento en el que tuviste en tu mano tu corazón por primera vez. Y las ves, pasean y te rozan, sus labios son años llenos de los momentos que han zurcido tu pecho tras cada rotura, tras cada pasión, tras aquello que pasó y que ya jamás olvidarás. No lo dices porque no hace falta; los ojos de cualquiera descubrirán, si se fijan, todo lo que dices callado. Te envuelve como el calor que desprende tu cuerpo por el simple hecho de estar vivo, y como ese calor, se arremolina debajo de tu ropa que no es sino tu piel, esa que te arrancaste de cuajo al volver a recordar lo que siempre has querido olvidar. Sin necesidad de volver a caer en el mismo error, porque las tienes a ellas.

Se pasean y te miran. Siempre bajo su discreción, nunca plenamente solo, siempre con algo que esconder. Pero bajo las sábanas ya no quedan retaguardias, y otra vez ves la bomba de tu vida estallando en las manos. Pero esta vez, las manos son ajenas, tiernas, ásperas y más fuertes de lo que jamás imaginaste. Las manos que no son las tuyas hace un tiempo eran otras, pero poco a poco se hacen tan tuyas como las que nacieron contigo. Y ahí, entre tanta fuerza y tanto miedo, haces un nido para tu corazón, para que no haya más hojas de papel mojadas. Y como una fuente que derrocha los sueños cuando todo era nuevo, se hace imposible describir lo que fluye entre esas manos compartidas.

Has tenido suerte. Te pusiste a su antojo y sigues entero. Tal vez cambiado, pero aún no mutilado. Recuerdas otras ocasiones, otras historias en las que hubo complicaciones. Al final hubo que amputar, romper ese pecho que una vez fue intacto y volver a colocar la maltrecha bomba de vivir. Y seguir andando como si el mundo no se hubiese parado, como si el cielo no se hubiese tornado negro y una noche sin estrellas no te hubiera alcanzado. Recuerdas, y te estremeces con tan sólo volver a sentir ese grito desgarrado, cuando se respiró lo malo y quedó en el aire.

Has tenido suerte, verdaderamente. Todo sigue en su sitio y crece poco a poco como una planta. Débil y frágil y caliente y desbocada. Tantas razones para mantenerla viva, tantas ocasiones para que deje de estarlo. La duda la ahoga y las lágrimas la secan. Y con tan poca experiencia, ¿qué sabe si no una nada tanta gente que nada dice cuando es el momento? Bueno, con tan poca experiencia sólo queda acumular algo más, y viviendo en un momento indefinible con la capacidad de sentir intacta, cada nervio de tu cuerpo recibe la experiencia y la imprime en la experiencia.

Y después de un tiempo, con los tatuajes ya secos en el cuerpo, se instalan las pocas que quedaban. El teatro se completa, las luces se debilitan y el drama del todo da comienzo. Otro actor más, un solo espectador. Con las cosas menos claras que nunca y el corazón ya enraizando en las manos, el fin de una manera es el comienzo de otra historia. Portada diseñada, historia por terminar. Comienza el momento en el que las vidas comienzan y terminan.

Y precisamente es eso, un momento. Con el teatro lleno, tan sólo un momento lleno de caras y roces y buenos y malos y todo lo intermedio.

Es el momento. No debe haber más dilaciones. Es su momento. Es tu momento.

Y daros cuenta, que en otros idiomas, “momento” quiere decir recuerdo.

Así que, recordad al vivir, y vivid para recordar.

Disculpas

Llevo muchos años con la sensación de que debo disculparme ante mucha gente. No cuesta nada hacerlo.

A pesar de todo el tiempo que ha pasado, y aunque las consecuencias, así como el coste, de lo siguiente que escribo es nulo, aún con todo, quiero hacer algo que casi desde que soy persona una parte de mí me pide hacer.

Lo cierto es que siempre he sentido la necesidad de disculparme ante muchas de las personas que he dejado atrás en la vida. Sin querer. Porque ese es el punto que diferencia. Muchos me dejaron atrás. A algunos los dejé atrás a propósito.

Pero con algunas personas tan sólo perdí el contacto, incapaz por el arrollador caudal de la vida de mantener una conversación, aunque fuera tenue y lenta, al cabo de los meses y años. A estas personas, de las que no diré el nombre pues están en su derecho de no tener que tenerlo en Internet en el texto de un viejo conocido con cambios extraños de humor, les dedico este texto que necesito soltar de una vez.

Primero, quisiera disculparme ante aquellos compañeros de escuela primaria que se quedaron en Burgos, con los que al final de esos días no me porté del todo bien, de los que no llegué a conocer su madurez, sus sueños convertidos en realidades y la vida que en la ciudad blanca han desarrollado. A uno en concreto lo tengo a media calle de distancia, y sin embargo, tan lejos como a un mundo.

Después, me gustaría pasar mis disculpas a mis compañeros de Valladolid, que tan pacientes en algunas cosas se mostraron. Que me aceptaron aunque mi dirección de correo fuera “Maquina Total”, que me acompañaron y fueron parte fundamental de los viajes que moldearon mis sueños… Que algunos fueron parte de ellos… Este grupo conforma la mezcla más heterogénea y enriquecedora de la que nunca he tenido la suerte de formar parte. Y es sin duda la que más me apena haber relegado al lugar donde termina amontonándose el olvido. No hubo mala intención, tan sólo, insisto, el tiempo, la vida y la indecisión. Sin saber muy bien cómo dirigirme a ellos, al final terminé por no decir nada. Y entonces, cayó el silencio final.

Me quiero disculpar también con las generaciones que ya han pasado, aquí en las islas, y que desaparecen entre los rostros que abigarran los pasillos de mi nueva y vieja facultad. Cada vez es más difícil para mí mantener todos estos hilos que tiran de mí, que no sé controlar, que me hacen sangrar cuando me voy a dormir.

También hay un par de figuras de mis recuerdos que me recuerdan mis momentos más bajos. Mis disculpas a aquella monitora de Poza de la Sal a la que casi saco un ojo con una zapatilla, en unos de esos momentos en los que mi mente no termina de conectar con el mundo en el que existe. De aquel lugar, también disculpas especiales a aquella compañera a la que agüe la fiesta de linternas por no fiarme de su palabra, y aún más por no mantener la mía. Me hice más daño a mí mismo ese día que en cualquier otro.

Continúo por mis primeros compañeros de piso que también fueron amigos. Ella y él, que aunque no del todo, también me encuentran de ciento en viento, que se merecen todo lo bueno que la vida se ha obcecado en hacerles difícil. Apenas puedo si desear que la vida entre en vereda y empiece a mostrarse justa con ellos, pues ya va siendo momento.

Recuerdo y me disculpo ahora a los que me acompañaron aquellos veranos de pueblo, bichos y alergia. A la que me descubrió la belleza, al que me descubrió que la rectitud se puede encontrar incluso en los comienzos más torcidos y al que me enseñó que se puede mantener uno al margen de todo lo que no merezca la pena. Para bien o para mal, nos separamos y os ganáis unas vidas magníficas de las que estoy contento de oír de pasada.

Ya no queda mucho. Ahora llegan ellas. Empiezo repitiendo mi disculpa a una compañera. Otra fascinada por la Ciencia, por el cielo y por el Principito que busca por el mismo. Ella me enseñó que los sueños son de carne y hueso, y a veces tienes la suerte de que te sonríen con ánimo verdadero. Que el esfuerzo es la base de todo, aunque a veces pueda costar todo el tiempo. Un bizcocho acompaña mis disculpas.

De nuevo, disculpas a mi otra compañera, la que me aguantó y me enseñó de su humor de medianoche, algo cínico y con segundas, y que tuvo que aguantar mis torpes intentos de ayudar cuando en su vida se gestaba la tormenta. Me mostraste que la entereza y el aguante pueden ser un grado, y que tal vez escuchar sí sirve para algo después de todo.

También, mis disculpas a la que me enseñó que te pueden decir que “no”, y que eso duele, pero que no es el fin del mundo. Recordándola vuelvo a pensar que no hay nada bueno o malo imposible en el amor.

También, mis disculpas a aquella mujer que me enseñó que lo diametralmente opuesto es enriquecedor, aunque sea difícil encontrar el equilibrio en las palabras o en los gestos.

Finalmente, mis disculpas a las dos últimas ellas, que aunque no entran estrictamente en el tema de las personas que dejé atrás, se merecen igualmente las disculpas.

Por un lado, a la que me dio la vida, pues no termino de encontrar la felicidad que tanto me deseas, y a veces no puedo decidir si es que no la alcanzo o es que la dejo escapar. Siento llevar tanto tiempo siendo una fuente inacabable de problemas y preocupaciones, y me corazón se detiene y se encoge tanto al pensarlo que lo único para lo que me llega sangre al cerebro es para dejar de preocuparte más.

Y por el otro y para acabar, a la que ahora quiere acompañarme en este río que me arrastra por la vida. Porque siempre que doy un paso hacia adelante, doy otro hacia atrás. Porque soy cabezota y hay ciertas cosas en las que no puedo ceder. Porque aún cediendo hay sueños que aún se agarran a mis recuerdos y no terminan de dejarme tranquilo. Porque aunque en ciertas cosas sea maduro, en muchas otras muy importantes aún me siento como un niño asustado. Porque a pesar de todo sigo sin creer que sea la mejor persona que te puedas merecer. Porque mis miedos y fantasmas ya te han dado más de un quebradero de cabeza, y porque estoy seguro de que habrá más. Porque a veces estoy hambriento de soledad y a veces hambriento de ti.

Porque me autodestruyo, pero tú quieres estar ahí.

Lo siento mucho. Lo siento aunque no acepter mis disculpas. Lo siento aunque no sepa como arreglarlo.

Y a todos los demás también. Lo siento. Esto de la vida es uno de los pocos juegos que no termino de manejar bien.

¿Alguno conocéis algún truquito?

Supongo que me merezco el silencio.