El brillo en la oscuridad

¿Sabes?

Durante un tiempo he dejado que me llene una especie de desazón difusa. Una incapacidad sistémica para estar contento con mi vida. Unas ganas muy fuertes de estar triste, de ser incapaz de ver más allá de mi niebla.

Y así, cegado por unas sensaciones de incapacidad extrañas, me he sumido en un silencio grave que hasta he tenido que justificar. Porque me notaba lleno de cosas que contar, pero incapaz de encontrar las palabras que pudieran llevar la carga de mi marejada interior. Pero, de repente, estas canciones me han recordado algo que nunca debía haber olvidado.

¿Sabes?

Soy un algo extraño. Un pajarillo asustado de la mano que lo acaricia; un intento en vano, un niño viejo al que le aterra más seguir siendo joven que hacerse mayor. Soy un cúmulo de contradicciones. Y si hay una contradicción que me define es lo mucho que se me rompe el corazón cuando ni siquiera lo he podido ofrecer. Es uno de estos defectos personales tontos que me han ido llevando poco a poco por el océano extraño que es la vida.

Siempre enamorado, nunca declarado. Me confieso ante la luna como un mal tipo en esto: no porque no ame de verdad, pues trato de dejarme el alma., sino porque nunca doy una oportunidad. Es una locura, pues, crear drama donde no lo hay, y al final, el silencio de la declaración nunca pronunciada me acompaña en la cama todas las noches que su rostro no me ilumina.

Es normal, pues, que con este panorama, sin sonrisa por la que limpiarme el corazón todos los días, tienda a deslizarme hacia regiones menos alegres de mi propia mente y de mi estado anímico. Sin embargo, de vez en cuando, me revelo contra lo “normal”. No lo son, al fin y al cabo, ni la tristeza ni el gris cuando se ama a una persona.

¿Sabes?

Hay en todo esto del silencio una parte positiva, una parte alegre. En la mirada, una promesa no pronunciada, unas ganas de dar cobijo, un brillo especial. El simple placer de escuchar las palabras que elige, para la alegría y la tristeza. El roce que regala una amistad entregada gratuitamente, la promesa de una actitud honesta a pesar de todas las dificultades.

Y aunque es cierto que a veces se hace difícil observar desde la lejanía que es estar a diez centímetros de tu mundo, no es menos cierto que me hace sentir vivo esta mezcla de alegría y sufrimiento. Que me llena el corazón ser testigo de tu sonrisa, aunque mires hacia otro lado. Que disfruto de compartir un paseo o un viaje alrededor del mundo, siempre que sea contigo, aunque no estés conmigo.

¿Sabes?

Gracias por enamorarme, aunque no pueda decírtelo en persona.

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