Avance

La oscuridad lo engulló al cerrar la puerta tras de sí.

Había sobrevivido a una noche más, a otra prueba más. En la oscuridad total de su casa vacía, tuvo que apoyarse contra la pared. Su corazón aún latía como loco, intentando guiarlo con su ritmo frenético de vuelta al coche que se alejaba.

Giró la llave, encerrándose en casa.

Encendió la luz. Sus ojos se quejaron, pero siguieron llorando torpemente. Al fin y al cabo, tenían mucho que expresar, aunque su único público fuera el espejo. Deshaciéndose de las muchas capas de ropa que le protegieron de su tacto, librándose de la mochila donde había guardado sus intenciones; avanzando a tientas hacia el baño, rozando ligeramente la pared con la yema de sus dedos. Sin darse cuenta, se encontró con su rostro, que venía a consistir en unos ojos rojos y llorosos, unas profundas ojeras y una sonrisa apenas dibujada, de esas que tienen su raíz en un corazón roto.

Estaba demacrado.

En el baño, con su frío y su intimidad, se desvistió y se observó. Su campo de batalla descansaba helado bajo sus malas ideas. Tantas derrotas, tantas maneras de perder, tantas ganas de sufrir. Nada de lo que hiciera ya podría cambiar todos los lugares en los que decidió no decidir. Podía ver a través de su piel todos los sitios en los que se acumulaba su arrepentimiento, sus penas y sus recuerdos.

Y sin embargo…

Sin embargo, daba igual. Había llegado hasta ese espejo, pasando por todas las pérdidas, mentiras y noches en vela de su vida. Había subido al cielo, había conocido diosas, había engañado al diablo. Y aunque en el pasado le hubiera sonado a imposible, había conquistado el fondo de su mirada. Esa noche, al salir y arroparse con el manto de las estrellas, había tomado el control de la oscuridad. Adiós a lo que no era, bienvenido el silencio que habita con él.

Él ya no… Tú ya…

Ya está. Ahora sólo queda ponerme en marcha. Encontrar quién soy yo cuando no soy de nadie. ¿Qué puedo conseguir si voy yo primero? ¡Cualquier cosa! Puedo ser quién quiera, lo que quiera. Con quien quiera. Y si ahora ese quién soy yo, ¡pues ea!

¡Maldita sea! Ellos no son nadie. Yo valgo, yo merezco la pena. Y aunque ahora nadie me lo diga, es verdad. Puede que tarde en encontrar a alguien que me lo quiera decir, pero alguien me lo dirá. Y si no, siempre te tengo a ti. Mientras tú no te falles, puedo.

Y bueno, siempre están los otros.

Siempre los otros.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s