Fly

No sé cómo voy a escribir esta entrada. Llevo dándole vueltas muchas semanas ya. Y ya me he cansado de invertir horas delante de una hoja en blanco, rodeado de la oscuridad y acompañado tan sólo por las voces disonantes que en mi cabeza tratan de empezar este texto.

Tengo bastante material viejo esperando a que, como un escriba, por fin lo transcriba a mi ordenador y empiece a programarlo como hice con una Vida en Momentos Congelados. Y sin embargo, aquí estoy, una vez más escribiendo directamente en el editor de WordPress, sin dejar que el tiempo me permita editar como es debido esto que ahora escribo. Una vez más, siento la necesidad de decir algo directamente, sin la intermediación de un futuro yo que, seguramente, no tenga las cosas tan claras como las tiene mi presente de madrugada.

Llevo ya bastante tiempo dándole vueltas a un pensamiento, una duda que poco a poco está corroyendo los muros de este castillo que se pasea y lleva mi nombre. Y sin defensas, no puedo evitar volver a sentirme como el niño que un día decidió salir de su casa a conocer lo que podía esperarle más allá del frío que lo vio crecer. Asustado y temeroso de un tiempo importante e incognoscible, cayendo en un abismo sin final que todo lo envuelve.

Es fácil ver que, en este pequeño rincón que hace ya mucho hice mío, hay una sobreabundancia de textos nostálgicos, tristes y algo depresivos. Con más o menos razón, mejores o peores, ni siquiera me incumbe eso ya. Lo que es cierto es que hay una cierta negatividad en mis escritos. No quiere decir que eso sea lo único que hay, pero sería faltar a la verdad negar que la mayoría de lo que aquí se expone tiene una visión ciertamente oscura de la vida, el futuro y las relaciones personales. Tan sólo unas pocas luces son capaces de atravesar la negrura de mi mirada y obligarme a conceder algo de positividad en este universo.

Esta visión negativa, me han hecho darme cuenta, se extiende más allá de esta parte de mí que aquí expreso. Poco a poco, ha ido tomando también un importante lugar en mi manera de expresarme, en mis conversaciones, en mi forma de ver el mundo… Y aunque una parte de mí me dice que no estoy siendo más que irónico o realista, la verdad es que me he llegado a sorprender con mi negatividad.

Hasta hace poco no le había dado mucha importancia a esto. Mi manera de ser es algo que no pretendo revisar por nadie, me he dicho en varias ocasiones. Pero, un día, volví a observar a los uroboros. Por siempre devorando sus propias colas, atrapados en un ciclo sin fin de destrucción. Como si de una antigua filosofía china se tratara, algo se removió en mi interior. El tipo de duda que te hace plantearte tu vida y varias de las que podrías haber tenido. Imposibilidades y realidades, ambas mezclándose en la imaginación imposible de alguien cuya arquitectura se tambalea.

Es normal que esto me ocurra ahora. De vuelta en Burgos, la nostalgia es como el oxígeno, y no sé qué hacer si no me inunda por completo donde una vez fui inocente y soñé con los años que ahora se derraman entre mis dedos. Es el lugar por excelencia para echar la mirada atrás y hacer inventario de lo que he hecho con esos sueños, lo que he logrado y en lo que he fracasado.

Rodeado de mis jóvenes miradas, siento que desaparezco, que sólo queda una idea malograda de lo que iba a ser. La crisis de los treinta parpadea en mi interior, pero me da igual. Aunque dentro de unos años todo esto me resulte rídiculo, ahora es lo más importante en mi agujereado sentido de mí mismo.

Desde que observé el verdadero positivismo, siento que tan sólo soy una queja sin sentido que se repite incansable, con más o menos humor, mientras sigue fracasando en tantas cosas como se plantea. Y además exagera, como todo mal narrador de historias. Siento que esta negatividad puede retroalimentarse, que me hace menos, que podría ser más si me despojara de ella.

Y al mismo tiempo, siento que si hiciese eso, se detendría toda la creación. Volvería el silencio, la incapacidad de mover los labios cuando las voces perturban el silencio. Siento que sería un fin, no sé si quiera si de algo cierto, pero de algo mío sin lugar a dudas. Sólo las dudas permanecerían seguro, cuando todos los cambios del mundo no serían suficientes para obtener una mirada verdadera, una sonrisa duradera, un abrazo íntimo… Unas palabras susurradas en la oscuridad.

Porque, lo cierto es que siempre habrá un lugar para la tristeza entre las creaciones. Que tomar este desgarro y hacer de ello una oda a la belleza del universo es de genios, y algunos tan sólo somos simples escribas, que anotamos con el frasco roto de nuestros sentimientos en una mano y la pluma en la otra. Que miramos los aterdeceres porque insisten en recordarnos que algunas bellezas sólo pueden apreciarse entre las tinieblas. Que nos olvidamos del mundo al perder nuestra mirada en una mar embravecida, porque nuestra manera de sobrevivir a la infinita nada es perdurar en la imaginación de otros. Que nuestro deporte de riesgo favorito es descolgarnos de nuestras propias desesperaciones, y habiendo obtenido la esencia de nuestros miedos, mostrarla al mundo para que otros puedan encender una luz en sus abismos. Que escuchamos acordes de desesperación porque el ritmo de nuestros corazones ya no atiende a razones ni amores.

Que lloramos ante los finales felices porque aún recordamos lo cerca que estuvimos, y lo cerca que estamos de lo imposible.

Supongo, al menos por ahora, que no puedo dejar de ser como soy, aunque haya una sonrisa genial al otro lado. Soy ciertamente triste, y me cuesta imaginar conseguir crear de forma estable algo distinto. Tal vez me sigo realimentando, tal vez sigo devorando el alma que se desprende de mis yemas.

Tal vez estoy destinado a alejar, por todo esto, a las personas positivas que vaya conociendo. Y no puedo negar que esto me apena. Supongo que lo único que me queda, por tanto, es convertir mi tristeza en belleza, para que al menos pueda elevar el espíritu incluso de las personas buenas.

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2 Comments

  1. Has demostrado, y demuestras, que eres capaz de transformar la tristeza en arte, pero recuerda que tb lo has hecho con otros sentimientos. Puede que me equivoque, pero basta con lo que sientes, no sólo tristeza, para que crees algo que merezca la pena, sólo hay que leer el resto de tus escritos. Tienes una capacidad increíble para convertir en palabras lo que son sólo nociones para los que no sabemos escribir, y eso incluye cualquier sentimiento.
    Además, tus historias y fanarts son geniales, y así como los hay tristes, hay muchas que reconfortan y alegran.
    ¡Sigue escribiendo!
    ¡Un abrazo y mucho ánimo!

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