Miradas

Cuando tu sonrisa es mi espejismo; cuando tu voz es mi aire. Cuando mis sueños se difuminan en conversaciones inocuas que hacen correr las horas. Cuando pienso que estás ahí, pero en realidad no lo estás.

Cada vez que te veo y sonrío; cada vez que vemos juntos otra mañana morir para convertirse en despedida. Cada vez que las estrellas esconden mi mirada y quedas a salvo de tanta pena y tantas verdades a medias. Cada vez que me soplas tus secretos y mi alma se acurruca en tus palabras.

Y siempre que mis sueños te llevan al mar y a los corales, y descienden entre el atardecer y el rayo verde de mi esperanza, entonces me doy cuenta de que tenemos suerte. Suerte de que haya este abismo invisible entre nosotros. Este valle de sonrisas amables y silencios tranquilos; pensamientos eternos dedicados a los ausentes, a los presentes cuando ya no es momento de compartir nuestros gestos y nuestras costumbres.

Pues “tú” y “yo” no se mezclan, y sólo tengo para ser feliz la triste tarea de evitar mezclar el brillo de tu sonrisa y la oscuridad de mi nostalgia.

Y evitar así que te acuerdes de mí allí, tan lejos, a diez centímetros de mí.

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