El diccionario de las oscuras penas: “Sonder”

Esta es la primera entrada de una corta serie que se va a centrar en el trabajo que lleva a cabo el canal de youtube llamado The Dictionary of Obscure Sorrows. Mi objetivo es darle eco en este blog, ya que me parece uno de los canales más interesantes a los que se puede suscribir uno en youtube ahora mismo (o tal vez sea porque tiene que ver con palabras, y está claro que me gustan). En todo caso, estas entradas no sólo servirán para traducir las definiciones de estas palabras inventadas que tratan de dar nombre a esas sensaciones y esos sentimientos que a veces nos toman, sino que también servirán para poner mi granito de arena y añadir mi visión sobre cada una de estas palabras.

Sin más, empiezo.

Sonder: n. La repentina comprensión de que todo el mundo tiene una historia.

De todas las palabras que se han descrito en este canal, esta es, sin lugar a dudas, la única que había sentido en su totalidad de forma previa. Al fin y al cabo, lo que me encanta de estos videos es que me descubren sensaciones familiares pero que, en general, nunca he sentido exactamente como son descritas. Sin embargo, en este caso, puedo decir que hace mucho que sé cómo se siente que te inunde sonder.

Hace muchos años ya que considero que tu primer ataque de sonder es el momento que marca que has dado el primer paso hacia la madurez.

Al fin y al cabo, desde pequeños nos hacen creer que somos únicos e irrepetibles, sin enseñarnos también que todos los demás también lo son. Y cuando todo el mundo es diferente, nadie lo es. Es una realidad que se nos oculta de pequeños por el miedo, supongo yo, a que no sentirnos especiales nos traume de alguna manera, cuando en realidad lo único que ocurre es que los mayores están proyectando sus traumas sobre los pequeños.

En todo caso, crecemos con la idea de que somos únicos. Y cómo tal, la vida resulta una especie de teatro, y cada de uno de nosotros, su actor principal. A veces parece que nos sabemos bien nuestras líneas, y el resto de los actores, los secundarios, salen a escena y vuelven entre bastidores mientras nosotros, actores principales, continuamos siempre sobre las tablas. Cuando dormimos, cerramos el telón para todo el universo. Y al despertar, todo vuelve a ponerse en marcha.

Entonces, empezamos a darnos cuenta. Nos acercamos a la mayoría de edad y nos damos cuenta de que el mundo no deja de funcionar porque nosotros estemos durmiendo. A lo mejor hicimos amigos al otro lado del mundo, y cuando nosotros nos vamos a dormir, ellos comienzan su día. O a lo mejor nos aficionamos a alguna actividad nocturna, como la astronomía. Y nos damos cuenta de que, mientras miramos las estrellas, otros duermen tranquilamente sin pensar siquiera en las maravillas que se esconden a plena vista en el firmamento nocturno.

Empiezas a darte cuenta de que no todo se detiene por las noches. Y esta realización se va extendiendo a otros aspectos. Lo que no ves sigue existiendo. Los países lejanos también están llenos de personas como tú, estudiantes o trabajadores que tienen sus rutinas y sus horarios. Los profesores pasan a tener vidas propias, y empiezas a descubrir que tus padres tuvieran las suyas antes de que tú fueras su nuevo centro.

Pero el momento más fundamental, el verdadero sonder llega cuando ya no te hacen falta grupos de persona distintos a ti para sentir todo esto. Llega cuando ves a una persona, aunque sea simplemente una persona que te cruzas por la calle por vez primera en tu vida, y te das cuenta de que para ella también es la primera vez que te ve pasar por esa calle.

Esa persona puede que haya vivido en ese barrio toda la vida, o puede que se acabe de mudar. Puede que siempre haya salido a esa hora y nunca te hayas fijado, o puede que sea la primera vez porque su vida acaba de cambiar. Puede que siempre haya ido vestida así, o puede que se dirija a ver a su pareja con un nuevo vestido y esa sea la razón por la que te has fijado.

Pueden mil millones de cosas, pero el hecho permanece: era un figurante en la obra de teatro que es tu vida, pero de repente, acabas de darte cuenta de que ella es la actriz principal de su propia obra. Y en su obra, tú eres el figurante.

Tan sólo otra cara más con la que se cruza de camino a su nuevo trabajo, su nuevo amor o su nuevo hogar. O una cara extraña en medio de su barrio de toda la vida, mientras va a hacer una vez más ese recado que lleva repitiendo desde que tiene memoria.

O tal vez…

En fin, como decía al empezar, para mí, sentir sonder es haber comenzado a madurar. A darte cuenta del valor de las personas que no eres tú. Es la primera semilla de la humildad con la que te provee el mundo. Darte cuenta de que eres uno entre siete mil millones. Y todos con sus propias historias donde ellos son los protagonistas indiscutibles.

Y es la única manera de comenzar de forma sana una relación con otra persona, sea de la índole que sea: romántica, amistosa, de trabajo… Cualquier tipo de relación es mucho más sana si en todo momento tienes en la cabeza y en el corazón que la otra persona tiene su propia historia, sus propias razones para hacer ciertas cosas y no otras. Una historia que, a menos de que le dediques el tiempo y el cariño oportuno, jamás conocerás.

Por todo esto, me encanta sonder. Porque esta simple palabra le da más humanidad e importancia a las personas que nos cruzamos que cualquier historia inventada que se nos ocurra. Ellos y ellas tienen sus historias, sus realidades, y en su teatro, tú eres el figurante.

Sé amable en sus obras, y serán amables en la tuya.

P.D.: Todos los videos tienen subtítulos para poder entender perfectamente lo que se dice.

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