¿Alguna vez..?

Sobre la tristeza de tener una realización que nadie más tiene, y lo solo que eso te puede hacer sentir.

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Fuente: http://www.deviantart.com/art/Wes-Anderson-inspired-calendar-579446410

¿Alguna vez te ha pasado que, tras disfrutar de una historia que te gusta mucho, en forma de peli, serie, libro o lo que sea, al reflexionar sobre ella y darte cuenta de lo mucho que te conmueve y que la llevarás siempre contigo a partir de ese momento, te invade la tristeza?

Sé que es raro, pero a mí me sucede. Me sucedió hace poco con Moonrise Kingdom. Es una historia, en realidad, bastante triste. Llena de música fantasmagórica, temas serios y oscuros, y el indefectible ritmo visual de Wes Anderson, capaz de crear nostalgia con colores pasteles.

Entre toda esa amalgama de contradicciones he encontrado cierta inspiración, cierta perspectiva, perfectamente centrada y encuadrada, sobre las verdades que subyacen en este mundo. Sobre la inocencia y su pérdida; sobre la responsabilidad y su adquisición; sobre la realidad y nuestra manera de construirla. En resumen, he encontrado una nueva manera de observar lo que me rodea, y unos nuevos acordes que me acompañen.

Pero eso no es lo importante, o al menos, de lo que quiero hablar. De lo que quiero hablar, sobre lo que pregunto al principio, es la tristeza irremediable que me tomó después. Una especie de nostalgia por algo que nunca he tenido; ese tipo de sentimiento irracional que acosa con más asiduidad a aquellos que aún no han aprendido a tomar las riendas de su propio ser. Un esplín que casi no se puede explicar, pero que me ataca siempre en estas situaciones.

Cuando algo me define; cuando siento que lo que estoy presenciando es una de esas verdades que se esconden a plena vista; cuando no puedo dejar de pensar que el mundo sería un lugar mejor si todo el mundo interiorizase lo que acabo de interiorizar. Entonces, me llena una terrible tristeza que me corta la respiración y hace que pierda un latido o dos de mi vida. Y se me llena la boca de silencio, y mi mente se vacía y se llena sin ton ni son, y no me puedo ni mirar al espejo. Y si no estoy solo con mi reflejo, entonces prefiero esconder la cara. Porque muchas veces la tristeza es demasiada, y no puedo ni mantener la compostura.

Reconozco otra vez que es muy raro. Pero es tan poderoso que no lo puedo negar. Me consume de una forma desmedida, hasta el punto en que suelo revisar varias veces el momento en el que ocurre, y la reacción continúa siendo la misma. Aunque ya lo tenga aceptado o me prepare para ello. Da igual, ese momento me habrá marcado para siempre, y debido a los fuertes lazos que creo entre la memoria y los sentimientos asociados a ella, no fallará en ocurrirme incluso cuando tan sólo esté recordando ese momento.

Honestamente, no sé ni explicar qué me sucede. ¿Es tristeza por la humanidad, una manera de expresar mi desesperanza más profunda por esta especie capaz de lo mejor y de lo peor? ¿O tal vez es algún tipo de onanismo intelectual, una manera sutil de llorar el solipsismo intelectual al que uno se ve sometido a veces al parecer que su ADN se desarrolló en una estrella muy lejana, donde el ser humano era tan sólo un folio mal impreso entre la guía del Museo de Historia Natural Universal? ¿O, tal vez, no sea nada más que la manera de un alma desordenada de expresar una tristeza que no tiene más salida que romper los diques de lo cotidiano y escapar por una grieta entre tanto intelectualismo desbocado que al final no sirve sino para ocultar una mediocridad de la que no se escapa nunca hasta conseguir lo imposible y nunca jamás estar contento nunca más?

Y así, al dejarse ahogar en este océano de tristeza, sentir una justificación más para cerrar los ojos y escapar, venir al folio en blanco y escribir estas cartas sin destinatario que, como buenas riendas, me llevan y me dirigen a seguir avanzando aunque no sepa en qué dirección.

O, tal vez, sea simplemente que soy un tipo triste. Un adicto a la tristeza que necesita su chute incluso si viene de algo alegre, porque de alguna manera hay que poner en marcha la máquina del humor.

Así que, en una especie de nueva y extraña necesidad (tal vez esté madurando, o tal vez me esté haciendo aún más niño), lo pregunto aunque nadie me responda.

¿Alguna vez te ha pasado que te ha hecho sentirte muy triste una lección que has aprendido y que sientes que el resto también deberían aprender, pero te das cuenta de que no lo harán? ¿Sentir que una historia pareciese que está hecha para ti y que nadie a tu alrededor se siente así? ¿Descubrir que nadie entiende una peli o serie o lo que sea como tú, o que nadie le saca el mismo significado?

¿Alguna vez has llorado con un final feliz?

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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