El cambio

Es un regalo y un descanso lo que al fin cambia la dirección en la que Ukyô fija su interés, aunque Mousse no se percate…

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Sucede a los 21 años y 8 meses.


El cambio

Nos bajamos, por fin, del autobús, y mis pulmones se llenan de un aire que hacía mucho tiempo que no tenían la suerte de respirar. Las montañas están de fondo, el cielo es azul sin nubes y los árboles nos marcan el camino.

—Idílico sí que parece, sí —Ukyô no termina de estar de acuerdo con esta escapada, pero ya no se puede echar atrás. Me hubiera gustado que Konatsu también estuviera aquí, pero una vez más, su clan ninja necesitaba de sus habilidades.

—Bueno, venga, que si no luego se nos hará muy tarde.

Mostrando más confianza de la que siento, agarro a Ukyô y tiro de ella en dirección al spa.

Por fin, tras mucho buscar, mucho comparar y mucho pensar, Konatsu y yo nos decidimos por este spa como regalo para Ukyô. Un regalo que no es sino un intento de alejar a la chef de Nerima, del trabajo y de la peligrosa espiral en la que se está atrapando. Ambos tenemos grandes esperanzas en esta escapadita. Pero sólo el tiempo dirá si hicimos bien.

Al cabo de un momento, el viejo edificio aparece ante nosotros de entre la arboleda. El aroma que nos rodea es dulce y relajante, e incluso la arquitectura del edificio parece pensada para que sea agradable a la vista y relajante.

Abro con cierta ilusión infantil las puertas de vidrio y me acerco directamente al mostrador que rige la entrada.

—Tengo una reserva —le digo a la recepcionista sin perder un momento —: a nombre de Mousse.

La chica teclea algo en un ordenador y me sonríe.

—¿El del regalo? —me pregunta, y siento como me mira de arriba a abajo a mí y a Ukyô —¿Para ella?

—Sí.

La recepcionista vuelve a observar a Ukyô, y entonces rompe en una risa amable.

—No parece que ella esté muy de acuerdo —comenta.

—Me obligan —responde Ukyô.

—¡Algunas tienen suerte!

Con ese último comentario, le hace un gesto a la chef para que la siga, y sin saber muy bien qué hacer, me siento en unos asientos que hay dispuestos alrededor de una mesa con varias revistas.

Al cabo de un momento, la recepcionista vuelve, y acercándose un momento a mí, me sonríe.

—El circuito lleva unas horas. Le recomiendo que se dé un paseo por los alrededores. Los terrenos son del spa, así que es libre de andar por ellos mientras espera.

Sin otra cosa que hacer, le hago caso.

Varias horas después, vuelvo a la recepción.

—Justo a tiempo —me informa la recepcionista —. Está a punto de salir.

En apenas diez minutos, por el mismo pasillo por el que se fue, aparece Ukyô.

Pero, sin lugar a dudas, no es la misma. Su andar es más ligero. Su pose, más energética. Y en su cara se dibuja una sonrisa de lado a lado.

—¡Mousse! —no estoy preparado para el abrazo que me da, saltando incluso, y casi me caigo sobre la mesa con las revistas.

Cuando recupero el equilibrio y la dejo en el suelo, ella da unos pasos para atrás.

—Perdona —me dice en voz baja.

—Veo que te ha gustado —digo yo, sin hacer caso de sus disculpas.

—¡Sí! ¡Me ha encantado! —exclama recuperando su nueva energía —¡Es increíble! ¡Tan relajante!

—Me alegro, me alegro —respondo.

Por un momento, noto que me mira directamente a los ojos. Parece que vaya a decir algo, pero se muerde el labio y al final no dice nada.

—Entonces, ¿vamos volviendo? —propongo.

Ella asiente, y cuando nos giramos hacia la puerta, la recepcionista nos llama.

—Nos alegra mucho haberles tenido aquí —dice —. Por lo tanto, nos gustaría obsequiarles con este vale descuento para que vuelvan otra vez.

Me entrega un papel con el sello del spa y, con una sonrisa, hace una reverencia que le devolvemos.

De camino a la parada, Ukyô me coge del brazo y empieza a hablar.

—¿Sabes? —comienza mirando al cielo —Muchas gracias. Realmente necesitaba algo así. Y… Supongo que podía esperar algo así de Konatsu. Pero bueno, digamos que me ha sorprendido que tú también estuvieras en el ajo.

—Ukyô Kuonji —respondo con cierta seriedad —, me has ayudado muchísimo desde que llegué a este lugar. Pensé que ayudarte un poco sería lo mínimo.

Llegamos a la parada, y Ukyô vuelve a mirarme.

—Es curioso —dice Ukyô —, pensé que había encontrado en el trabajo aquello en lo que apoyarme. Tal vez…

 


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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