Consecuencias

Leída la carta, empiezan las consecuencias. ¿Y quién será capaz de aceptar dichas consecuencias y avanzar cuando las cosas cambian de forma tan drástica?

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La carta

Consecuencias

 

-No.-

-¿Qué pasa, Imoto-chan?-

-Onee-chan, dime ya que es ese lugar.-

-Akane, no estoy muy…-

-Nada de eso Nabiki, dímelo YA.-

-Akane…-

-Nabiki.-

El nombre casi había sido escupido con rabia por la menor de los Tendô, y la rabia y el dolor transformaban su cara en una mueca, en una broma para la norma de lo humano.

-Imoto-san…-

-Nabiki, creo que sería lo mejor que… no se lo dijeses.-

-Kasumi…-

-Onee-chan…-

-Akane, me gustaría hablar un momento contigo. A solas.-

Y Kasumi, la siempre atenta, alegre y risueña Kasumi, les hecho una mirada a todos, exceptuando Akari, el Dr. Tôfû y Nodoka, que hacía agujeros donde se posaba.

Nadie se movió ni un centímetro después de aquella mirada.

Llegaron a la cocina, santuario de Kasumi, y ambas se sentaron, una enfrente a la otra.

-Pero Onee-chan, no puedo quedarme así, no puedo dejar que vaya a… eso, y le pase cualquier cosa. No puedo, Onee-chan, no puedo… no puedo…-

-Tranquila Imoto-chan, tranquila… Shhh… Querrás que te enseñe eso de lo que habla Ranma, ¿verdad?-

-Si eso me ayuda a llegar donde esté Ranma, sí.-

-No sé si te servirá para eso, pero seguro que si llegas a él y no has aprendido esto perfectamente, tu viaje no habrá servido para nada.-

-Pero no dijiste que no querías…-

-No quiero que te vayas en su busca hasta que hayas aprendido lo que tanto tiempo le llevó a Ranma poner en práctica.-

-De acuerdo… ¿De qué se trata entonces?-

-Responsabilidad. Modales. Sinceridad con uno mismo. Amor.-

-¿CÓMO?-

-No te habías dado cuenta Imoto-chan, pero Ranma-kun había cambiado de manera excepcional en estos meses desde la boda fallida. Sería inapropiado decir que eso fue resultado solamente de las largas charlas que mantuvimos nosotros dos, pero sin duda ayudaron. Se ha convertido en un hombre, finalmente…-

-Si tanto te gusta Kasumi, ¿por qué no vas tú a por él?-

Decir que Kasumi estaba impresionada por esa sola insinuación era decir poco. Y sin embargo, el cambio por el que pasó en ese mismo instante fue aún más impresionante. Por fin, el sentido común que parecía haber dejado de lado estos años, además del sentimiento que tanto había hecho para hacer desaparecer, enfado, e incluso ira, salieron manifestándose como lo solía hacer en su difunta madre, todo ello aderezado con un mucho de amor hacia el joven de la coleta.

-¿Cómo que? Akane Tendô, ésta es la gota que colma el vaso. Ranma ha trabajado duro para ser una mejor persona, aún mejor de lo que ya era, y tras haber escuchado lo que yo te he dicho, ¿aún te atreves a dudar sobre el valor de él? Deberías estar agradecida de que él te quería, y sin embargo, nunca has mostrado mucho más que desprecio. Sea pues, seré yo quien le haga recapacitar, buscándole. Pero que no se te ocurra nunca más molestarte ante lo que él haga, si consigo convencerlo de que vuelva.-

Con eso, Kasumi se dirigió rápidamente al salón, dejando a una Akane en total shock, intentando comprender todas las verdades que se le habían revelado en un momento. La conversación se había escuchado por toda la casa, y por ende, en el comedor. Y ante la perspectiva de que su pequeña Kasumi se marchara, lo que era aún más chocante que las palabras de Akane, Sôun hizo lo único que parecía saber hacer. Llorar.

Y eso no le gustó nada a la nueva Kasumi.

-¡Deja de llorar en este momento, padre!-

-¿Y ese tono, hermana mayor?-

-¿Hay algún problema?-

-Ninguno, Kasumi.-

-Bien, ¿cuál es ese lugar del que hablaba Ranma?-

-¿Estás segura de eso, Kasumi?-

-Totalmente.-

-De acuerdo. Esto no va a ser fácil…-

-No esperaba menos viniendo de Ranma.-

-Vale. Estoy segura del lugar al que se refiere Saotome es la Cueva de los Filósofos.-

-¿Cómo?- -¿Y eso?- -¿La Cueva de los Filósofos?- -Buaa… mi hijita…-

-¡Silencio! Bien. Nabiki, ¿dónde se encuentra esa ‘Cueva de los Filósofos’?-

-Eso… es más difícil. Si no recuerdo mal, se cree que su localización está en algún lugar de los Pirineos, la cadena montañosa que separa Francia y España.-

-Un poco vago.-

-Ya lo sé Kasumi, ya lo sé. Pero es que, si guardo cosas en mi ordenador es para no tener que sabérmelas de memoria.-

-De acuerdo. Iré a preparar mis cosas.-

Y, antes de que nadie alcanzase a decir nada, la nueva Kasumi subía a su habitación. Poco después, la siguió Nabiki, que entró en la habitación de sin decir nada. Kasumi se dio la vuelta para ver quién había entrado.

-¿Sí?-

-Onee-san…-

-Sí, estoy segura.-

-Pero…-

-Está decidido. He vivido en la idiotez y el engaño por tiempo suficiente.-

-Sólo que…-

-¡He dicho que basta, Nabiki!-

-…creo que deberíais decírselo a los demás.-

-…-

-¿Creías que no lo descubriría?-

-¿Y qué vas a hacer?-

-Mira Kasumi, siendo sinceros, tenía las esperanzas puestas en Akane. Pero desde el intento de boda… Lo noté. Tú habías cambiado y Ranma cada vez pasaba más tiempo contigo. La forma de comer, cada vez más educada, los agradecimientos, cada vez más entusiasmados… ¡Dios, si hasta un ciego hubiera podido verlo! Y…-

-Y…-

-Y cuando llegó esta carta que, además, misteriosamente recibiste tú, todo encajó. Realmente… ya sabes como soy, no estoy muy cualificada para hablar de este tema. Ranma y Akane, al final, estaban hechos el uno para el otro, pero la cabezonería de los dos, y luego la de Akane, ha sido demasiado para el destino. Y si tú estás lo suficientemente convencida…-

-Lo estoy.-

-Sí… si estás tan convencida como para dejar lo que tienes aquí: tu casa, Ono, tu familia… Je, supongo que yo no soy quién para meterme en tus asuntos, Onee-san.-

-Gra-gracias, Imoto-chan.-

-Ah venga, que no es para tanto.-

-Por una vez, haz caso a tu hermana.-

-De acuerdo. Pero no me abraces muy fuerte que esta blusa es muy difícil de planchar, y ahora que no vas a estar por aquí…-

-Oh, Nabiki, siento tener que irme así.-

Así, las dos hermanas mayores se abrazaron fuerte, una sonrisa en sus caras, lágrimas bajando por sus mejillas. Antes de romper el abrazo, Nabiki dejo de ser la buscadora de yenes para pasar a ser una hermana despidiéndose de otra que tanto había cuidado de todos ellos por tanto tiempo.

-Hazme un favor y vive tu vida como dios manda.-

-Te lo prometo.-

De esta manera, con todo empaquetado, Nabiki acompañó a su hermana a la salida con lágrimas todavía saliendo de sus ojos. Curiosamente, nadie apareció por allí y, cuando Nabiki les buscó en la sala de estar, se encontró sólo con las tazas de té vacías y todas las puertas abiertas. En un momento de absoluto silencio, creyó distinguir gritos y ruidos de pelea en la lejanía, pero los ignoró en favor de ir a despedirse de su hermana.

Cuando la mediana de los Tendô llegó a la puerta principal pudo ver como cierto artista marcial de coleta llevaba a cabo una de las técnicas más secretas de su familia: El lamento del tigre herido.

-Vamos Kasumi…-

-¡Ya hemos hablado de esto!-

-Sí, por supuesto, pero…-

-¡Pero nada!-

-¡Guau Onee-chan, no sabía que tuvieras tanto carácter!-

-Mmmm… Me lo tomaré como un cumplido.-

-No lo es.-

-Tú… niño inmaduro… ¡Ven aquí!-

Pero, lo estuvieran intentando o no, Kasumi y Ranma no engañaban a Nabiki, que podía ver en sus cuerpos el tono de broma que estaba escondido en esas palabras. Como se movían, tan relajados que estaban sus cuerpos, y el brillo de sus ojos. Ese brillo que no había visto en ninguno de los dos desde hace tanto tiempo. Sintió entonces una punzada de pena y remordimientos al darse cuenta de las malas jugadas que le había hecho, eso sí, hace ya mucho tiempo, a su “futuro” yerno.

Aún así, podía también ver que Ranma no estaba del todo cómodo en cuanto al tema de tocar el cuerpo de Kasumi. A veces parecía acercarse casi mágicamente a unos milímetros de tocarla para, en un segundo, volver a estar alejado como si nada hubiera pasado. Tuvo que reprimir un suspiro para no deshacer la feliz atmósfera que esos dos habían conseguido crear.

Unos minutos después, las figuras de su hermana mayor y del arrogante artista marcial cambia-sexo de coleta se perdían entre la luz anaranjada del sol. Y no pudo Nabiki reprimir una solitaria lágrima que resbaló por su rostro sin compañeras. La joven se sorprendió al notar el cosquilleo que la lágrima le producía en las mejillas y la comisura de la boca. Limpiándosela recordó el trabajo que tenía por delante, que no iba a ser poco: Mantener su casa en pie cuando todos los que orbitaban alrededor de Ranma descubrieran que se había marchado con Kasumi.

Sí, al dojo, y a ella, le vendría bien algo de paz.

El problema era que no estaba segura de que fuera a tener paz.

—————————

Unas horas después, Kasumi y Ranma llegaban por fin al límite de la ciudad bajo las estrellas relucientes. Ambos estaban muy nerviosos; Kasumi porque nunca había estado fuera de casa tan tarde, y Ranma porque sabía que no había manera de que Kasumi se echara atrás. Pero lo que le inquietaba de verdad era que, en realidad, no quería que eso pasara. Quería que Kasumi lo acompañara hasta el final de su viaje… y más.

Descubriendo un buen sitio para acampar, rodeado de árboles y con un pequeño estanque cerca, dentro de uno de los últimos parques, la pareja comenzó a montar las tiendas sin prisa. O más bien, Ranma montó las tiendas mientras Kasumi miraba atentamente todos sus movimientos, como utilizaba las herramientas, como sus músculos se tensaban y…

-Oh, dios, que… raro.-

Pensó la mayor de los Tendô, olvidando totalmente que últimamente se fijaba aún más de lo normal en el cuerpo del joven Saotome. Sin embargo, no pudo perseguir la respuesta al porqué de tan súbita nueva atención porque el dueño del susodicho cuerpo masculino y de otro femenino de igual calibre la llamó la atención declarando que las tiendas de campaña estaban montadas. Con una sonrisa y un agradecimiento realmente sentido, Kasumi Tendô se adentró en la que sería su nueva habitación durante mucho tiempo, a menos que ella y Ranma decidieran que era el momento de…

-Oh-oh, que, uh, e-extraño…-

A Ranma le pareció oír una exclamación de esas tan típicas de Kasumi a las que tanto cariño había cogido a través de su tienda, consiguiendo que una vaga sonrisa se formara en sus labios. No sólo esas exclamaciones eran lo que le habían enamorado de la mayor de los Tendô. No podía dejar de recordar que con Kasumi había aprendido, había madurado y había pasado tanto tiempo. Todo eso había empezado, e incluso se había desarrollado, sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Muchas veces empezó con una simple taza de té, más por formalidad y algo de pena que por otra cosa, algo que adivinó más tarde. El hecho fue que, tras ofrecerle aquella taza de té, ella volvería a sus tareas y él se terminaría rápidamente el líquido humeante para hacer una cosa u otra. Nunca le pareció que aquello podría llegar a ningún sitio.

-¡Pero, mira si lo hizo!-

El murmullo se perdió en su almohada, mientras se arropaba algo más con su sábana. Que pudiera dormir sin nada encima no quería decir que no le gustase ponerse algo encima, a pesar de lo que toda la gente parecía pensar. Sin embargo, eso poco le importaba entonces, porque el sueño empezaba a apoderarse de él mientras sus pensamientos sobre el viaje que tenía por delante se convertían en sueños y la imagen de cierta ex-ama de casa juvenil le invitaba a dormir en paz y con calor mediante una tierna sonrisa.

Y Ranma Saotome odia entristecer a las damas.

—————————

Una semana transcurrió entre sonrisas y conversaciones amenizadas por el canto de los pájaros como fondo en cada paraje por el que pasaban. Rápidamente ambos se convencieron en darle al viaje un tono de tour por el mundo a pie, cosa que, por supuesto, no tenía nada que ver con que no tuvieran suficiente dinero como para coger los medios de transporte más caros y tenían que hacer gran parte del viaje a pie. Estaba claro que eso no tenía nada que ver.

Sin embargo, a Ranma se le ocurrió una noche la idea de que tal vez hasta podría no ser tan malo eso de viajar a pie, puesto que le daría a él y a Kasumi aún más tiempo para hablar, además de que era una forma barata de cumplir uno de los pequeños deseos que la mayor de los Tendô le había confiado, esto es, visitar lugares lejos de su Tokio natal. Además, podría poner en práctica esos conocimientos que había obtenido en lenguas que Ranma no tenía ni idea de donde habían salido. Simplemente, una buena mañana le había saludado en francés, y otra en inglés, e incluso en italiano. Aunque, cuando le saludó con un efusivo “¡Buenos días, tío!”, lo que luego descubrió era español, asustándole tanto que, cuando saltó hacia atrás, fue a parar a la cabeza de un asustado Sôun que acababa de bajar tras oír lo que a él le pareció un grito de alarma.

La noche “una semana” les vio acampando a las afueras de una pequeña ciudad cuyo nombre ni siquiera habían mirado. Durante la cena, que consistió en unos pocos cuencos de arroz con verduras y un poco de té para acompañar, Ranma le dirigió a su compañera de viaje miradas de preocupación que Kasumi no pudo evitar notar. Pero, antes de que ninguno de los dos consiguiera preguntar nada, la cena se acabó, el sol se hundió del todo en el horizonte, y las despedidas hasta el día siguiente estaban hechas.

-¡Qué extraño, parecía que Ranma quería preguntarme algo!-

Aquel pensamiento rondaba incesante por la mente de Kasumi, consiguiendo que el sueño se le escapara. Se acomodó por décima vez en su saco, pero se sentía incómoda, y una creciente sensación de malestar se apoderó de sus entrañas, secándola la garganta y haciéndola un nudo en el estómago. Indecisa, tratando de decidir si quedarse arropada esperando que el mal rato pasase o levantarse y tomar alguna pastilla que pudiese ayudarla, escuchó un ruido extraño que cortó sus pensamientos súbitamente. Susurros en la noche era lo único que le llegaba a la mente al escuchar esos ruidos. Más sonidos, y lo que parecían pasos amortiguados se acercaban a su tienda. Entonces, quedó paralizada cuando oyó como la cremallera de su tienda se abría muy lentamente. A pesar de la oscuridad, creyó discernir lo que parecía la forma de una mano moviéndose por encima de la cremallera. En un momento, el movimiento del cierre se aceleró, y una luz cegadora entró por la entonces abierta puerta. Y Kasumi dejó de pensar.

-¡AAAAAHHHHHHHHHHH!-

En un segundo, la luz se había ido y un par de manos trataban de cortar el suministro de oxígeno de su cerebro, asfixiándola poco a poco. Sin embargo, ni siquiera tuvo tiempo de contraatacar cuando notó que las manos aflojaban su agarre y el sonido de los puños cortando el aire a toda velocidad llenaba su habitación improvisada. Unos segundos después, aquellas manos ásperas dejaron de estar allí para verse reemplazadas por un calor muy conocido y querido: El que proporcionaba el cuerpo del artista marcial cambia-sexo de coleta. Y Kasumi se derrumbó llorando en sus brazos mientras Ranma la calmaba con sonidos suaves y relajantes.

Así pasaron varias horas hasta que, de repente, Kasumi levantó la mirada, de manera que ambos quedaron entrelazados por sus ojos. Y antes de que ninguno de los dos hubiera respirado una vez, los labios de Kasumi encontraron los de Ranma, atrayéndolos en una súplica por amor y seguridad. Poco a poco, sus ojos se abrieron y, junto a los primeros rayos de luz del día, pudieron ver los ojos del otro, ambos llenos de luz. Se separaron poco a poco, hasta que Kasumi volvió a quedarse sola en la tienda mientras Ranma salía a encargarse de la escoria que yacía fuera, todavía inconsciente.

Habría que pensar mucho en lo que acababa de suceder.

—————————

Al día siguiente, tras haber dejado en comisaría como a un saco al par de criminales y haber respondido a una interminable serie de preguntas ante un par de policías barbudos, Kasumi y Ranma se disponían de nuevo a seguir con su “tour”. Durante todo aquel día, la mayor de los Tendô pudo notar como Ranma la miraba con preocupación una y otra vez cuando ella no miraba. Sabiendo que no serviría de nada intentar discutir, siguió caminando como si nada. Por la noche, sentados junto al fuego, y antes de que ella pudiera abordar el tema, fue Ranma, sorprendentemente, quién tomó la iniciativa y habló primero.

-Kasumi…-

-¿Sí, Ranma-kun?-

-Yo, emm, no he tenido… no he tenido tiempo de preguntarte… qué tal, qué tal estabas…-

-Tranquilo Ranma-kun. Me encuentro perfectamente gracias a ti.-

-Heh, no fue nada…-

Después se hizo un silencio que no era incómodo del todo. Cada uno miraba a un lado: Kasumi a las estrellas y Ranma al fuego, ambos muy sumergidos en sus pensamientos como para notar que se estaba haciendo muy tarde. Entonces, ambos salieron de su ensueño al mismo tiempo.

-Ranma…- -Kasumi…-

-Tú primero, Ranma-kun…- -Adelante, Kasumi…-

-Ha… Haha… Hahahahaha-

-Heh… Venga Ranma, ¿qué querías decirme?-

Ranma dejó de reír abruptamente para conseguir un semblante serio igual a aquel que se le quedó al final de las primeras charlas que tuvo con Kasumi, cuando empezó a darse cuenta de una gran cantidad de verdades que le habían sido escondidas y ocultadas. Y Kasumi había llegado a adorar esa parte de Ranma, esa parte que era el resultado de un pésimo padre y de una vida dura como pocas. Una vida como la suya.

-Kasumi, sé que odias la violencia, pero tengo que pedirte que me permitas entrenarte. Aunque sólo sea en autodefensa. Pero no puedo… no quiero que algo como lo de ayer vuelva a suceder. Sé que… que es duro y que no te gusta pero, por favor, quiero que aprendas a defenderte.-

-Ranma…-

-Además, hay muchos estilos de lucha de los que podría enseñarte las bases que prácticamente no utilizan la violencia. El aikido, por ejemplo, que seguro conoces. Ya sabes, utilizar la fuerza del enemigo. Ni siquiera es necesario querer hacer daño, y con un poco de práctica, se puede inmovilizar al enemigo sin casi producir dolor.-

-Ranma…-

-Y si no, también tienes…-

-¡RANMA!-

-¿Qué?-

-De acuerdo, aprenderé algo de defensa personal.-

-¿Sí? ¿Lo harás?-

-¿No te lo he dicho? Aprenderé algo para que estés más tranquilo.-

-¡Gracias Kasumi! ¡Gracias, gracias, gracias!-

Sin embargo, a pesar del abrazo que Kasumi estaba recibiendo de su querido artista marcial, sólo una débil sonrisa se formó en sus labios. Porque, a pesar de todo, Ranma, ese artista marcial tan cariñoso y preocupado por ella y su bienestar, esa magnífica persona llena de orgullo y honor, capaz de destruir una montaña entera por aquellos que le importan, en definitiva, Ranma Saotome de la Escuela Todo Vale de Artes Marciales, al parecer no se acordaba del beso que habían compartido y en el que ella había puesto todo el amor que sentía por él.

Y al parecer, no era suficiente como para atraer su atención.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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