Cuando te sientas sola

Cuando te sientas sola, recuérdame.

Cuando todo a tu alrededor se desmorone, cuando los dinteles se resquebrajen y las ventanas encojan. Cuando los teléfonos comuniquen y el silencio se apodere de tus canciones. Cuando haga frío hasta debajo de las sábanas y el Sol que entre en tu habitación esté descolorido y apagado. Cuando cierres los ojos y lo único que veas sea tu huida y un mar infinito, embravecido y lleno de todos tus miedos.

Cuando tengas miedo hasta de tu respiración, recuérdame.

Recuérdame en aquella tarde lluviosa de noviembre. Vuelve a dibujar nuestro paraguas en tu mente, y deja que el sonido de la lluvia te envuelva. Siente el calor de nuestro abrazo, y las palabras sin sentido que susurré a tu oído. Trae de vuelta tu sonrisa sin miedo y el latir acelerado de nuestros pechos. Observa una vez más las casas que se mecían a nuestro alrededor, que fueron dejando paso a aquel campo verde como el mar más amable que nunca habíamos visto.

Recuérdame, y no olvides que si lo bueno se acabó, también lo hará lo malo.

Que la oscuridad que vive en tu interior también habita en todos los que te rodean. Que abandonarse a ella a veces parece sensato, y hasta podría decirse que es nuestro destino, que está escrito en nuestros genes. Que cuando lo engulle todo, tan sólo resta cerrar los ojos y fundirse con ella. Dejar a un lado todo lo que fuimos y nunca más volver a preocuparse por la quemazón de la luz.

Pero entonces, recuérdame en la oscuridad.

Recuérdame bajo las estrellas. Vuelve a sentir el suelo en tu espalda, su frío y nuestro calor. Deja que te inunden las infinitas chispas de aquel cielo invernal. Vuelve a aquella mirada y todo lo que comprendimos sin decir nada. Recuérdame con las constelaciones y las estrellas fugaces, y no te preguntes dónde se fue ese tiempo, o no podrás pedir otro deseo.

Recuérdame, y no dejes de comprender que en la oscuridad nace la luz, y que la luz necesita de la oscuridad.

Y si se marchita aquel árbol que te dio la sombra; y si los campos por los que corre tu alma libre están secos; y si las flores de tu pensamiento se han malogrado. Si ya no quedan madreselvas en tus ventanas y te ha crecido una ortiga en la piel cada vez que tocas a alguien. Si te retienen las raíces de un árbol milenario y sientes tu vida ser absorbida por tu celda.

Si el verde dejó paso al negro, recuérdame a la orilla del mar.

Recuérdame en aquella playa desierta. Vuelve, y vuelve a echar todos tus miedos al mar. Que zarpen otra vez todos los barcos de papel que hicimos. Cántame otra vez esa canción que sólo tú conocías. Invoca al fuego, su pureza, y la tormenta que arreciaba a lo lejos.

Recuérdame, para que puedas recordar que allí te liberaste de todos los miedos y lamentaciones que ahora te atacan. Y que no me necesitaste, porque nunca me has necesitado.

Recuérdame, para olvidarme por siempre.

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