La carta (II)

Los tiempos cambian y las noticias se pagan con sangre.

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Esto ocurre a los 24 años y 11 meses.



La carta (II)

Perdóname si me escritura no es que sea precisamente legible.

La aldea está, finalmente, perdida. Ya no puede hacerse nada. Hace una semana que tomó el cargo, y jamás había visto a nadie con tantas ansias en sus ojos. Casi parecía faltarle el aire mientras recitaba las fórmulas ceremoniales. Y a pesar de ello, ella era la única que respiraba.

Lo más tenso de todo aquello fueron los instantes postreros a la toma. Nadie sabía exactamente qué haría, aunque todo el mundo se hacía una idea. Sin embargo, tampoco nadie se opuso. A mí se me pasó por la cabeza, pero me dí cuenta de que soy más útil así.

En unos días se empezarán a revisar todas las comunicaciones con el exterior. Órdenes de la Matriarca. No sé muy bien qué haré entonces. Tal vez tenga que estudiar algo de cetrería. Hay varios pájaros capaces de cubrir la distancia, y es muy difícil sacarles la información de tu escondite. Así que me planteo esa opción.

Aunque claro, incluso así no estoy muy segura de que fuera capaz de mantener la comunicación. Se están implantando trabajos forzados y revisiones regulares de todos los miembros del consejo y ayudantes. Al menos nosotras podemos comer normal. A las no luchadoras se les ha entregado una especie de “cartillas de razonamiento”, y no pueden comer más de lo que se estipula en ellas. ¿Y para qué está guardando la comida? Para venderla, por armas. Y para la casta guerrera, la que usará las armas.

Al parecer, la sed de conquista de Shampoo no conoce límites. Se rumorea que planea atacar a los Almizcle. Y luego a la gente del monte Fénix. Y si sale victoriosa de esas dos batallas… Nadie quiere pensar que podría venir después. Hace mucho que no entramos en ninguna guerra, mucho menos comenzarla. La gente está asustada ante estos prospectos, pero lo está aún más de Shampoo y sus métodos.

Buscó a tu familia, incluida la rama de Mousse. Pero se tragó los informes falsos. No encontró a nadie, y tus últimos familiares escaparon hará unas semanas. Así que ahora son cosa tuya. El resto… bueno, simplemente diré que me alegro de que mis padres no hayan tenido que vivir esto.

Sin embargo, no olvida. Todo el mundo la ha escuchado alguna vez por los pasillos del ayuntamiento maldiciendo el apellido de Mousse y el tuyo. Cuando piensa en vosotros es cuando es más peligrosa. Debe entender que sois los únicos que podéis hacerle verdadero daño. Sois los únicos que la recuerdan como era antes. Aquí, tan sólo se repite por todas partes su imagen de Matriarca perfecta.

Algo muy importante, que me estoy descentrando. Está amasando un ejercito. Y algo mucho peor. Las llama las “cazadoras”. Las entrena ella. Ha desvalijado la biblioteca secreta y les enseña técnicas prohibidas. El rigor del entrenamiento es infernal, y si te atreves a dejarlo no vuelves a tener capacidad de subir escalafones sociales durante al menos tres generaciones. Eso sí, si consigues sobrevivir, te espera lo mejor de la aldea: la mejor comida, las mejores casas, los mejores maridos… La chica sabe promocionar sus fuerzas especiales.

Por ahora estoy segura. Parece que no sospecha nada, y aunque las cosas se tuerzan, creo que puedo escapar. Tengo preparado un salvoconducto en la costa en caso de que lo necesite. No se preocupe por mí. Pero sí la aviso: soy la última. En el momento en el que tenga que marcharme, se queda usted ciega y sorda. Y no sería fácil entrar a mirar. Ha doblado las guardias, las barreras y las defensas. Hasta se rumorea que va a reforzar la muralla del pueblo con tecnología occidental. Aunque bueno, hoy en día se oyen muchas cosas por las calles de la aldea.

No pude poner a salvo ese objeto que me dijo. Lo siento mucho, pero la entrada a su casa está terminante prohibida a todo el mundo excepto ella y a quién ella invite. Y el truco para pasar desapercibida es no estar demasiado cerca.

En fin, buena suerte con todo. Espero que se le ocurra algo para pararla pronto. O si no, no quedará aldea a la que volver.

Suerte.

Dobló la carta y la dejó sobre la mesa. Le llegó unos días atrás, con otra de Cologne. Le explicaba que esa era el tipo de carta que había recibido de su informadora.

Aquella era la última que iba a recibir.

Quería que supiera en qué estado estaba la aldea.

Preferiría no haber leído la carta.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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