El comienzo del camino

Sucede a los 19 años y 11 meses.



El comienzo del camino

La música extranjera es mi favorita, así que siempre que estoy solo aprovecho para escucharla.

Cada vez tengo más tiempo para disfrutar de mi afición. Mi mujer no aparece por casa a veces durante días, y entonces puedo recuperarme y tener la casa bien. A veces, si sé que no va a venir en varios días, invito a mis padres para que podamos pasar un tiempo juntos, ya que ella no les permite entrar en casa si está.

Lo cierto es que ya no estoy seguro de nada. Cologne no termina de decir nada, aunque puedo leer las expresiones de su rostro. No sabe qué hacer. Siempre trato de hacerla entender que no la culpo, que no la pido nada. Pero hay algo que la entristece igualmente. Empiezo a sospechar que, de alguna manera, lo ha visto pasar.

Cada vez habla más de cosas que pasan en el exterior. Cómo va éste o aquel país. Cuáles permiten la inmigración. Entonces parece que algo cambia en su mente, y me habla de algunas de las grandes Nujiezu de la historia, y de los hombres que tuvieron detrás. Pienso que cuando me dice eso, lo que quiere es que siga aguantando y ayudando a su bisnieta. Bromeo, le digo que no sé si tengo suficientes gafas.

Tras eso se suele quedar callada, y me siento mal. No es mi intención hacerla sentir mal. Sólo intento quitarle hierro al asunto.

Aún tengo unas horas antes de que mi mujer llegue, y la cena está comenzando a tomar forma.

En el fondo, estoy seguro de que aún me quiere. Puedo jurar que lo veo en el fondo de sus ojos. Si me lo permitiese, podría volver a hacerla feliz. Pero ya eso no es lo que le importa. Tiene un nuevo objetivo, y yo no soy parte de ello. Mientras pueda seguir con ella, no me importa. Durante mucho tiempo ni siquiera formaba parte de su futuro. No me importa si ahora soy accesorio a su presente. Al menos estoy con ella.

Aunque hay algo que me cuesta aceptar. Quiero que sea feliz, y ella necesita alcanzar el Matriarcado para serlo. Como los hombres detrás de las grandes mujeres de la Historia, me apartaré y le ayudaré en lo que necesite. Pero necesito saber que, cuando ese momento llegue, todo no habrá sido en vano. Necesito saber que las cosas cambiarán y volveremos a ser felices como lo eramos antes. Necesito estar seguro de que esto será un punto y a parte en nuestro matrimonio. Necesito…

Está llegando. Se ha adelantado. No pasa nada, la cena está casi. Por si acaso, hice doble ración.

Le abro la puerta. Le gusta sentirse cómoda en casa, así que me he encargado de que tenga ropa limpia y un baño preparado justo antes de que llegara. Son las pequeñas cosas que la mantienen contenta durante algo más de tiempo.

Su día ha sido largo. La política Nujiezu es complicada y lo que no necesita es que la molesten con preguntas insulsas. Lo que necesita es la cena servida y el marido manso.

Por suerte, parece haber tenido un buen día. Sonríe, casi se carcajea al relatarme cómo le ha arrebatado el puesto a su superior al demostrar ante el Consejo que sus métodos eran ineficientes en comparación con los suyos. No dice nada sobre qué le pasará, aunque me imagino que el retroceso será importante. Seguramente su familia haya descendido un par de escalafones. Mientras, mi mujer sigue avanzando.

Me confiesa que se está acercando. Que ya no le queda mucho para poder entrar en el Consejo. Eso, según dice ella, le permitiría estar en la posición adecuada cuando su bisabuela decidiera descender.

Me horrorizo, aunque me guardo de mostrarlo, cuando se plantea la posibilidad de convencer a Cologne para que deje el puesto en los meses venideros. Parece que la velocidad a la que quiere ascender no hace sino acelerarse.

Entonces, me mira. Me mira de arriba a abajo. Y pronuncia una frase que me deja helado.

—Y para entonces… ya veré qué hago contigo.

Su tono es el de siempre. Pero al fin lo veo de verdad. Frío. Más frío que lo que nunca fue antes de casarnos.

Mi corazón se ha detenido, pero cumplo con mis deberes y me encargo de todo mientras ella se va a la cama donde duerme sola desde hace meses.

Cuando termino de dejarlo todo recogido, me quedo a oscuras y me siento donde he estado cenando con ella.

Acabo de perder mi última esperanza. Mi futuro de repente vuelve a ser tan negro como la noche que se extiende a través de la ventana. Un escalofrío me recorre. Las lágrimas silenciosas no me dejan. Me siento romper, me siento ahogar en la desesperación. Casi sin poder pensar. Aún en silencio. Me cuesta respirar.

Trato de pensar a través del dolor. Sólo consigo recordar una cosa. Cologne, y sus insinuaciones. El extranjero. Me lleno de miedo.

—”Ya veré qué hago contigo.”

El eco en mi mente toma la decisión. Aún tengo que pensar como escapar. No creo que me lo permita de buenas. No es el comportamiento adecuado para un marido.

Tendré que escapar. Necesito un plan.

Escaparé de mi sueño.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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