How to save a life

A veces quieres salvar a alguien. A veces no necesitan ser salvados. A veces, no quieren.

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Ocurre a los 26 años y unos días.



How to save a life

—¡Mousse! ¿Cuándo has llegado? Has hilado fino, ¿no?

Se abrió camino entre la muchedumbre que abarrotaba los terrenos de los Tendô y abrazó con cuidado a Ranma. Los dos tenían una sonrisa de lado a lado.

—¡Felicidades! —dijo antes de nada —Y sí, he ajustado más de lo que me gustaría. Pero al final Kaiko se mantuvo firme y me obligó a venir.

—¿No es ella la que está en cama? —rió Ranma.

—Ya te he dicho que se mantuvo firme —respondió simplemente Mousse, intercambiando una mirada con el a punto de ser marido. Los dos se rieron y se abrazaron otra vez.

—Es bueno que estés aquí —dijo Ranma.

—Felicitaciones de Kaiko, por cierto —recordó.

—Bien, bien. Cuando vuelvas para allá, dile que queda pendiente de venir. Con mi familia es imposible que le guardemos su plato, pero algo se podrá arreglar.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que Ukyô estaba allí también, andando como alma en pena cerca del porche. Se disculpó de Ranma, felicitándole una vez más, y se acercó hasta la chef a través un chico y una chica vestidos en kimonos y observados por una anciana pequeña y arrugada como Cologne.

—Ukyô —llamó. Ella levantó la vista hacia él, pero no dijo nada.

—Tenemos que hablar —dijo, y se la llevo a una habitación vacía.

Entraron y cerró la puerta detrás de sí.

—Siéntate, por favor —ante su súplica, Ukyô le miró con el rostro más inexpresivo que había visto nunca —. Sólo es una charla —añadió con una sonrisa.

Finalmente, ella se sentó en una silla y, milagrosamente, le devolvió la sonrisa.

Mousse se giró hacia la derecha y, viendo una ventana, se acercó a mirar al exterior. Ukyô se mantuvo en la silla, a su izquierda.

—¿Me pregunto por qué quieres hablar conmigo, Mousse? —habló por fin la chef.

Al instante se dio cuenta de lo que quería decir. De lo que le quería decir. Se preguntó por un momento si había hecho bien en apartarse así de la celebración.

—Ukyô, tienes que dejar de autocompadecerte —aseveró yendo directamente al grano —. Pasé por lo mismo que tú estás pasando ahora, y sé que no sirve de nada. Tan sólo te hundes más y más.

—Dudo mucho que sepas por lo que estoy pasando, Mousse —su tono traicionó la sonrisa que aún seguía ahí.

—Créeme, lo sé.

—No, no lo sabes.

Ukyô se removió en su asiento. Él dio un paso hacia ella.

—Mira, no puedes seguir así. Ya te dije que tenías que apretar con la carrera, que ya casi estás al final. Pero aún así, todo esto está afectando a tus estudios. Hace meses que el Utchan’s está casi vacío. Konatsu está preocupado, y él te avisó que si seguías así, Ranma y Akane se darían cuenta. Y se dieron cuenta, y hoy, el día de su boda, estás así. Si ni siquiera pareces estar sana, ¡por todos los santos! Debes seguir adelante, en serio.

Entonces, llegó el silencio. No podía decir si le había escuchado o no. Pero deseaba con todas sus fuerzas que lo hubiera hecho. Le dolía tanto verla así. Por favor, que esta vez me haya escuchado de verdad. Por favor, Sylphé…

—Mousse —comenzó ella, muy bajo, levantándose al mismo tiempo —, no sabes de qué estás hablando. Me cuentas cosas que ya sé, recordándome además que ni siquiera es la primera vez que me las dices. No haces más que decirme que tengo que seguir adelante, que tengo que olvidar… Pero tú ni siquiera sabes de lo que hablas.

Lentamente, Ukyô había ido levantando la voz, hasta que la última frase casi la había gritado, enfadada, enrabietada.

—¡Mousse, ¿acaso sabes por qué estoy así?! ¡¿Lo sabes?!

La observó, callado, mientras su pecho subía y bajaba con violencia, intentando llevar aire a un cuerpo lleno de furia. Finalmente, cuando la chef se calmó un tanto, habló, casi en un susurro.

—No, no lo sé —respondió con ciertos remordimientos —. Pero, eso no cambia nada. No puedes seguir así. Deja que te ayudemos. Deja que te ayude —dio otro paso hacia ella, y se alegró cuando ella no retrocedió —. Superaremos esto. Volveremos al camino y lo recorreremos, juntos.

Ahí estaba. Era lo último que quedaba. Le había ofrecido su ayuda y la de todos. En realidad se la había jugado, porque no había hablado con nadie sobre esa idea. Pero se había quedado sin más ideas. Ahora, atento, observaba cada una de sus facciones. La más mínima señal de que accedía y tendría algo a lo que agarrarse. Cualquier cosa, y sabría que había esperanza.

—No estoy así por Ranma y Akane —empezó ella, tono normal y cabeza gacha —. Sabía desde hacía tiempo que esto iba a suceder. Tal vez, desde la boda fallida, hace tantos años.

—No —la chef clavó sus ojos en los suyos, y la sonrisa de su cara reflejaba tanta pena que no pudo evitar empezar a llorar, la realización de lo que iba a decir chocando contra su pecho momentos antes de que llegasen las palabras —, Mousse, estoy así porque he perdido mi segundo amor antes de que siquiera pudiera luchar por él. Te perdí a Kaiko antes incluso de darme cuenta. Y ahora, no tengo a nadie.

—He cambiado, Mousse —y el resentimiento en su voz le quemó el cerebro —. No puedo ignorar lo que me ha pasado… lo que me ha vuelto a pasar, sonreír, y seguir como si todo fuera igual. No puedo.

—Pero Ukyô —intentó hablar, cortando su llanto y calmando su respiración. Fue en vano, porque la mujer le hizo un gesto para que le dejase hablar.

—En serio que no sé qué hice mal —continuó como si no hubiera sido interrumpida —. Te perdí. ¿Acaso estabas resentido por qué aún perseguía a Ranma? No lo sé. No sabes cuántas noches me quedaba despierta, expectante. Solía construir vidas, futuros, contigo a mi lado. Me salvabas de la amargura de haber perdido a Ranma.

—Lo siento, lo siento mucho… —repitió esas palabras una y otra vez, pero ella no le hizo caso.

—Pero, tú ya habías encontrado a alguien. Así que mis sueños, una vez más, se quedaron en eso.

No quería, pero no podía evitarlo. Estaba dando una imagen patética. Y cuánto más se derrumbaba, más fiera parecía volverse la determinación de Ukyô.

—Me marcho, Mousse —anunció la chef sacándole de su caída —. Espero no tener que volver a verte nunca más. Diles a los otros que Utchan nunca volverá. Ahora soy Ukyô.

Y se marchó, cerrando la puerta tras de sí.

Y lo único que pudo hacer fue recordar su mensaje.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

1 comentario en “How to save a life”

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