Pato a la japonesa

Tranquilamente, un día las cosas cambian, y una nueva oportunidad se abre.

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Ocurrirá a los 21 años y 4 meses.



Pato a la japonesa

–Siempre es lo mismo. ¡Ni tú ni el tío Genma pensáis lo que vais a hacer!

–Ni tampoco lo que dicen, ya que estás.

–¡Utchan! ¿Por qué dices eso?

–Es lo que hay, Ranchan.

–¡Ves! Hasta Ukyô me da la razón. No piensas en las consecuencias.

–Tú tampoco parece que pienses en las consecuencias cuando cocinas, Akane.

–¡¿Qué has dicho?!

Mousse siguió con su okonomiyaki, deseando con todas sus fuerzas pasar desapercibido. Ver discutir a Ranma y Akane era un espectáculo que se disfrutaba sólo desde una distancia prudencial, y no en la misma mesa que ellos como estaba él.

Tampoco importaba mucho de que lado pudiera estar él. Él era una invitado en su casa. Fuera cuál fuera su opinión, por respeto a los que le estaban dando alojamiento, debía guardársela…

No, la verdadera razón por la que no decía nada era que no tenía dónde ir. Si por alguna razón decidían que ya no querían seguir teniéndole en casa, no podría hacer nada. Y él podía sobrevivir perdido en la gran tierra que era China pero, ¿podría sobrevivir en el mar de papeleo, asfalto y cristal que era Tokio? Lo dudaba enormemente.

Se atrevió a levantar la mirada al oír la risa potente y clara de Ukyô. Akane debía haber dejado caer algún hecho vergonzante a Ranma, pues lo único que hacía era abrir y cerrar la boca una y otra vez como un pez fuera del agua. Pero, pronto volvió a mirar de reojo a la chef de Osaka.

Él… la respetaba profundamente, precisamente porque no sólo podía sobrevivir en aquella jungla, sino porque parecía ser su entorno natural. Con dieciséis años ya fue capaz de abrir el mismo negocio que seguía regentando, ir a clase y perseguir a Ranma (Sylphé sabrá por qué). Ahora, en vez de la secundaria, lo que se estaba sacando era una carrera universitaria a distancia. Y aún tenía tiempo para dedicárselo a la pareja. ¡Estaba seguro de que no la detendría nada, ni siquiera un incendio del Utchan¡s o un terremoto! Daba que pensar.

–Si al menos hubieras aprendido algo del idioma antes de ir para allá –Akane no sólo seguía con la discusión, sino que parecía mucho más confiada desde que había dejado a Ranma sin habla –. Pero volvemos a lo mismo, ninguno de los dos pensasteis que lo necesitaríais.

–Aprender idiomas nunca ha mejorado las artes marciales de nadie –respondió Ranma sonando sorprendentemente como su padre.

–Ahora tienes esa maldición por no saber chino, cariño –contraatacó Ukyô.

–¡Argh! ¿Tú también? –se preguntó Ranma exasperado. Miró para un lado y para el otro, y entonces centró su mirada en Mousse –¿Tú también vas a decirme que debería haber aprendido chino?

Al instante notó las mirada de Akane y Ukyô clavadas en él, y dejó el okonomiyaki de vuelta en el plato. Sabía que lo mejor que podía hacer era no opinar o decir algo lo más ambiguo posible. Extrañamente, miró hacia Ukyô, que esperaba divertida su respuesta. Y entonces, se fijó en uno de las ofertas del día que había colgadas en la pared tras la cocinera.

–Watashi wa nipon ahiru desu –dijo forzando una pronunciación incorrecta y un ritmo también erróneo.

–¿Qué? –exclamaron los tres al unísono.

–Pues que… con sólo un poco de japonés, Shampoo ya era capaz de comunicarse. A lo mejor con un poco de chino, hubieras tenido más suerte… Creo yo.

Los tres se rieron un buen rato mientras Mousse les miraba neutral.

–¡Ves! Ya son tres contra uno, no puedes negar lo evidente –retomó Akane.

–Na, en todo caso es dos contra uno. Tu opinión no cuenta –contravino Ranma.

Más tarde, cuando ya se preparaban para volver al dojo, Ukyô le pidió que se acercara a la barra con ella.

–¿Quieres trabajar aquí? –le preguntó directamente la dueña.

–¿Qué? ¿Cómo?

–Pues trabajar con las manos, cogiendo pedidos, repartiéndolos, limpiando mesas… Lo que hacías en el Cat Café, vamos –explicó Ukyô.

–Ya sé cómo –dijo por encima de las risas de Ukyô –. Lo que me quedaba por preguntar era por qué. Y además, no se supone que tienes al ninja, ¿Konatsu era?, trabajando contigo.

–Precisamente, Konatsu está de viaje por no sé qué cosas tiene que hacer por ser el kunoichi. Necesito una mano o dos para mantener el ritmo.

–Eso no responde verdaderamente al por qué –insistió.

–Cierto. Me gustó eso del “pato a la japonesa”. Creo que necesitas hacer más bromas, desarrollar ese sentido del humor tuyo.

Estaba extrañado. Incluso levantó una ceja. Pero, andaba buscando un trabajo y, puestos a elegir, prefería trabajar con Ukyô.

–De acuerdo. Acepto –asintió finalmente.

–Creo que va a ser divertido –sonrió Ukyô.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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