La protección

Hasta los mejores instantes pueden convertirse en un infierno.

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A los 19 años y 5 meses.


La protección

Hubiera sido un día estupendo.

La escapada que empezaba a convertirse en tradición había salido aún mejor de lo que esperaba.

No había habido problemas al salir de la aldea. Ol—hun… Desde aquel día, había entendido la importancia del silencio alrededor de Shampoo. La comida había sido deliciosa, un verdadero banquete preparado con amor y esmero. El propio bosque parecía haberse engalanado especialmente para que este día fuera perfecto.

Lo único que no había acompañado del todo había sido el tiempo. Por descontado, él siempre llevaba un paraguas para dos entre sus armas ocultas. Sin embargo, no había estado exactamente vestido cuando la tormenta empezó.

Shampoo y él habían estado tumbados, cubiertos sólo por el mantel que había servido para tener un sitio donde dejar la comida, cuando la tromba inicial los empapó. Tan repentino fue, que incluso necesitaron un momento para darse cuenta de que se habían transformado. Gato y pato, tuvieron que luchar para escapar de la trampa en la que se había convertido el mantel, sólo para descubrir como el agua y el viento se llevaban sus ropas, y con ellas, su posibilidad de recuperar su forma humana.

No necesitaron palabras para ponerse de acuerdo. Intentar volver a casa bajo una tormenta así era un suicidio. No ayudaba en nada el hecho de que la tormenta no hacía sino aumentar más y más en intensidad. Pronto, acurrucándose contra el tronco del árbol que les había visto yacer juntos, decidieron esperar a que la infernal tormenta pasase.

Pero incluso aunque esperaron más y más tiempo, la tormenta no parecía pasar, al parecer contenta con quedarse justo encima de ellos haciendo todo lo posible por arruinarles algo más que el día. Shampoo, en su forma de gato, no poseía un pelaje muy tupido, y empezó a temblar con violencia.

Estaba desesperado. Le dolía enormemente ver a su mujer así, por lo que hizo acopio de todo el valor que pudo encontrar en su interior y, desoyendo los maullidos de angustia de Shampoo sobre el rugido de la lluvia golpeándolo todo, se lanzó al aire. El vendaval lo empujaba de lado a lado y le obligaba a agitar sus alas con todas sus fuerzas, y la lluvia le golpeaba como si se trataran de agujas heladas.

Aún así, consiguió juntar ramas y hojas hasta que no pudo cargar más. Por desgracia, una ráfaga de viento más violenta que cualquiera de las que había tenido que soportar le arrebató una rama, que se lió con sus gafas y terminó por llevárselas de la cara. Incapaz totalmente de ver a dónde se dirigía, hizo un picado, y rezó.

Ni siquiera aterrizó, chocando más bien contra el suelo y rodando después por el barro sin ninguna elegancia. Pero, milagrosamente, estaba lo suficientemente cerca como para oír los maullidos de Shampoo. Guiado por ellos, regresó junto con su mujer.

Echando mano de los instintos de su forma maldita, rápidamente creó una especie de nido alrededor de Shampoo, que se acurrucó agradecida en el cobijo. Sin embargo, la lluvia, aún tan fuerte como al principio, decidió girar hasta hacer inútil el resguardo del árbol. Shampoo rápidamente empezó a colarse, y los temblores volvieron aún con más violencia.

De nuevo a la desesperada, cubrió a Shampoo con su cuerpo y sus alas. Sus plumas de pato, impermeables, la protegerían. Por supuesto, al extender las alas, provocaría que su sangre se enfriara más rápido, arriesgándose a una hipotermia que, sinceramente, no sabía como evitar.

Después de lo que le pareció una eternidad así, y tras luchar contra su cansancio, frío y sueño, perdió la conciencia.

Cuando volvió en sí, tan sólo registró la falta de lluvia.

Efectivamente, ni llovía, ni hacía frío, ni le azotaba el viento. Todo volvía a ser calma y calor, y si no se equivocaba, la luz difusa que descansaba justo fuera de su campo de visión era el sol de la mañana.

Se fue a erguir, pero un par de manos arrugadas le agarraron de las alas y le mantuvieron tumbado.

—Deberías descansar un poco, yerno —oyó la voz de Cologne viniendo del borrón al que se unían las manos arrugadas —. Nunca había tratado a un pato de hipotermia, así que no quiero transformarte de vuelta hasta que estés recuperado.

Asintió como pudo con su largo cuello y pequeña cabeza, pero trató igualmente de palpar sus alrededores, en busca de su mujer.

—Mi bisnieta está bien —dijo Cologne sintiendo su necesidad —, y es gracias a ti.

A Cologne le traicionó su voz, que le dejó entrever lo preocupada que aún estaba.

—Mousse, has hecho mucho por mi bisnieta, y esta última muestra de sacrificio no hace más que probar eso —dijo con un tono sorprendentemente maternal —. Tengo que confesar que, cuando os casé, lo hice principalmente para salvar el honor de mi bisnieta…

Una revelación que no le sorprendió en absoluto. Siempre había sido consciente de eso.

—…pero ahora, tras todo lo que habéis pasado, tras todo lo que ha cambiado Shampoo… Me alegra haber tomado esa decisión.

Eso, sin embargo, sí que era inesperado.

—Gracias, Mousse. Te has agenciado una bisabuela política de cuidado, ¡te aviso!

Bueno, podía vivir con una bisabuela política.

 


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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