Viejos recuerdos (V)

Ocurre a los 26 años y medio (y unos días).


Viejos recuerdos (V)

—¡Como sigas ahuecando la almohada con tanta fuerza, se va a quedar vacía!

Akane dejó por fin la almohada en su espalda y, tras casi abrirse la herida otra vez del esfuerzo de mantenerse derecho, se tumbó, relajado, y una sonrisa volvió a su rostro.

—De hecho —continuó aún más sonriente sin poder evitar que su mirada se detuviese en la hinchada barriga de su amiga —, ¿no deberías estar descansando en algún sitio?

—Precisamente, más te vale ir ahuecando de esa cama para que este globo hinchado que tengo de mujer pueda meterse en esa cama hasta que dé a luz.

No le extrañó ni lo más mínimo que Akane agarrase una de las sillas que había alrededor de la cama en la que descansaba y procediese a usarla para lanzar a su marido por la ventana, silla incluida.

—En serio, cualquiera diría que después de cuatro meses así habría aprendido a mantener la boca cerrada —se quejó masajeándose las sienes y girándose hacia él.

—Por otro lado —contraatacó —, se supone que tú ya sabías que ese tipo de esfuerzos, sobre todo estas últimas semanas, estaban totalmente prohibidos.

—¡Vamos, Mousse! —exclamó sentándose con dificultad en una de las sillas restantes —Ese estúpido de Ranma se lo merecía.

—¡Tu propio marido!

—¡Sí, el estúpido de mi marido!

—¿Se lo tendré que decir a Tôfû? —amenazó.

Aquello consiguió el efecto deseado. Akane se removió en su asiento incómoda, incluso temblando un tanto.

—No quiero más charlas de esas —meneó la cabeza y le miró con los ojos abiertos al máximo —. No hace más que repetir una y otra y otra vez lo mismo: que si tener un hijo conlleva esto, que si ser madre conlleva lo otro.

—Hablando de eso, ¿habéis pensado ya qué nombre le vais a poner? —inquirió sacando a Akane de su ensimismamiento.

—Lo hemos pensado, pero no nos hemos puesto de acuerdo —respondió entonces Ranma, que apareció por la ventana, silla en mano. Colocó la silla junta a la de su mujer y se sentó del revés, apoyando los brazos en el respaldo, ganándose una mirada reprobatoria de su otra mitad.

—Y hablando de cosas habladas pero no decididas —pudo notar la sonrisa mal escondida en la voz de Ranma, y no pudo evitar dejar escapar un hondo suspiro —, ¿va a venir Kaiko a verte?

—Puede ser —respondió simplemente.

—¿Puede ser? —repitió Ranma desconcertado —Pensé que te gustaría que viniese. Al fin y al cabo, ahora tienes una cicatriz de esas que impresionan al enseñarla.

—¡No le voy a enseñar nada a nadie! —exclamó.

—¡Vamos hombre! —Ranma se levantó y le puso un brazo en torno al cuello de modo conciliador —¡Tampoco es como que fueras a bajarte los pantalones frente a-

El golpe combinado entre Akane y él consiguió dejar a Ranma grogui el tiempo suficiente como para que la futura madre de su retoño le mandara, una vez más, a la calle por la ventana con la silla justo detrás.

—En serio que no sé qué le pasa por la cabeza a veces —se disculpó Akane.

—Creo que lleva demasiado tiempo peleándose con Happôsai —respondió apartando el tema con un gesto.

—En todo caso, hay algo que queríamos hablar contigo, Mousse —continuó Akane, tomando una disposición mucho más seria —. Bueno, lo que hiciste hace unos días… Esa espada…

—Tienes razón —se adelantó bajando la vista —. Os pido, a ti y a Ranma, mil perdones. Por mi culpa vuestras vidas corrieron un peligro innecesario.

—¡No, tonto! —exclamó Akane indignada —Salvaste mi vida y la de mi hija-

—¡Hijo! —se oyó la voz de Ranma apuntillar desde la calle.

—¡O hijo! —añadió a regañadientes Akane, y no pudo evitar sonreír al verla así —Por eso, Ranma y yo habíamos pensado que, tal vez, quisieses ser el padrino del próximo Tendô-

—¡O Saot…! No he dicho nada, cariño —se corrigió Ranma entrando, una vez más, por la ventana silla en mano.

—Eso. Bueno, ¿qué dices Mousse?

No dijo nada. De alguna manera, sus amigos le estaban pidiendo ser el padrino de su futura descendencia, y sinceramente no sabía por qué. Después de todos los problemas que les había causado, que estuvieran dispuestos a algo así. Se sintió tan feliz que, finalmente, permitió que las lágrimas escaparan de sus ojos.

—Gracias —fue lo único que consiguió articular una y otra vez. Hasta que la risa de Ranma, tan abierta como siempre, consiguió que el también riese, olvidando sin dificultad todo lo malo que había pasado.

 


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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