Tú estás ahí, todos estamos ahí

Viendo el videoclip de Numb en Youtube, me dí cuenta repentinamente de lo que es escribir sobre algo tan terrible como lo que ha escrito la sonrisa que esconde oscuridad. De esto hace casi medio año.

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Al escribir, una de las principales fuentes de inspiración suele ser, en la mayoría de los autores, su propia vida.

Normalmente, estas vivencias son deformadas, pintadas, cambiadas o pervertidas lo suficiente para que sirvan el propósito que aquello que se va a contar requiere. A veces, también, sirve para proteger la identidad de las personas implicadas. Porque no nos engañemos, normalmente aquello sobre lo que se escribe tiene que ver con las personas. Incluso cuando se habla de un objeto o una acción, estamos leyendo lo que el autor siente sobre ese tema en particular. Las historias, los textos literarios, siempre versan sobre personas.

Pero, como iba diciendo, el autor o autora usa su pasado para contar su presente. Y lo cierto es que nunca me había planteado esto más allá de la obviedad de que, de esta manera, la autora nos hace partícipes de su vida, más allá de su presente. Y no ha sido hasta que he vuelto a ver el videoclip de Numb, una de las grandes composiciones de Linkin Park, en medio de toda esta vorágine de replanteamientos vitales, cuando he comprendido del todo que quiere decir hacernos partícipes.

En cierto momento del video, cuando la joven protagonista se dispone a descargar su rabia, su frustración y, en definitiva, su alma sobre el lienzo, hay una corta secuencia que es reveladora. Apenas unos segundos son suficientes para hacer comprender un concepto esencial de la expresión artística, sea ésta la que sea.

Cuando nos expresamos libremente, sin pensar en el comercialismo o en las reglas sociales, alcanzamos la capacidad de llevar a cabo obras que nos transcienden. Y al buscar en nuestro pasado aquello con lo que seremos capaces de expresarnos, es como visitar nuestro pasado desde el presente. Hay una disociación severa en este proceso: vemos el pasado con el conocimiento del presente, y sobre ello, minamos de nuestro propio ser para mostrarlo luego. De esta manera, mientras dure la fantasía que hemos creado con trozos de nuestra propia alma, estamos dando cobijo en nuestros recuerdos al público al que ofrecemos nuestro interior.

Somos como guardianes silenciosos que patrullamos nuestro propio pasado y nuestra imaginación, sirviendo de guías a aquellos que deciden dedicar parte de su vida en escuchar aquello que les queremos decir. Y de esto se sigue cuál es comercio más básico que se lleva a cabo en la expresión artística: acceso a mi alma a cambio de que escuches lo que tengo que decir.

Creo que es más complicado que eso. Siempre todo lo es. Nunca nada importante se resume con una sola frase. Ni siquiera eso que se dice mucho en las pelis de Disney. Mucho menos eso.

Creo que las personas con inclinaciones artísticas tienen el alma rota. Esa es la razón por la que son capaces de coger trozos de ella y enseñarlos. Por eso nos dejan en entrar, por eso podemos entrar. Y por eso, precisamente, están tan desesperados por comunicar algo. Comunican la razón por la que su alma se rompió, el golpe que creó todos esos fragmentos.

No creo que todos los artistas sean atormentados. Simplemente es necesario ser especialmente sensible en algún área para que el alma se astille. A partir de ahí, hay muchas maneras de seguir viviendo sin necesidad de estar triste siempre. Pero, lo que sí me resulta innegable es que todos los artistas habrán estado realmente tristes en algún momento de su vida. Triste del tipo de plantearse su valía personal, el sentido y la dirección de su vida, incluso el valor de su vida. Ahí es cuando un alma fluye como la arena, incapaz de tomar una forma definida hasta que el fuego de algún pasión poderosa la hace cristalizar otra vez. El arte no es intrínsecamente triste, pero nace de la tristeza.

En fin, esta especie de ensayo se agota. Ahora creo que entiendo un poco más qué es lo que hago cuando lleno de palabras estas líneas. Uso lo que soy para alimentar el fuego del pensamiento y el sentir de otros. Es como un sacrificio para mantener viva la capacidad de sentir de las personas. Tal vez sea una manera muy grandilocuente de definir algo como el arte. Pero, al menos por ahora, estoy de acuerdo con esta visión. Combustible para la sensibilidad.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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