Sobre el acto de escribir

Hace apenas un mes escribía lo siguiente:

Hace ya un tiempo que quisiera ser más regular a la hora de escribir, tanto estas entradas como las historias que tengo a medias. Pero claro, en esta fresca madrugada de agosto de 2014, tras repasar una larga lista de películas que me dicen algo (desde Cómo entrenar a tu dragón hasta la infinita 500 días juntos), por fin he podido expresar mentalmente el dilema al que me enfrento a la hora de decidir ponerme a escribir.

No debe ser ningún secreto para quién siga este pequeño blog que mis escritos son, en su gran mayoría, relaciones de una noche. En un momento dado, cuando un sentimiento amenaza con rebosarme, me vuelvo al negro sobre blanco y me deshago en palabras. Me vacío, y habiendo dejado un poquito de mi alma en el proceso, como al volver a la tierra después de visitar el cielo, mi alma se relaja y caigo rendido. Este proceso es instintivo, casi violento por naturaleza. Y aunque puedo tratar de dirigirlo o acelerarlo con música o películas, lo cierto es que la mayoría de las veces escapa totalmente de mi control.

Este suele ser el modus operandi que siguen este tipo de entradas. Mis historias, por otro lado, ya no las escribo así. Cada una es un mundo, todo un universo paralelo en el que tengo que zambullirme, recordar, recrear y revivir. Sólo entonces, después de varias lecturas del material que ya tengo, vuelvo a estar en condiciones de continuar su escritura. Aunque no debería ser así, necesito mantener la concordancia y los detalles desde el primer borrador, ya que sino temo que no lograré mantener la coherencia en el relato, y eso algo que no soporto. Y aunque aún estoy muy lejos de crear una historia lo suficientemente profunda como para realmente dármelas de escritor aficionado, cada día me gusta más cuidar los detalles.

Este método es un proceso largo y laborioso, pero también uno que he llegado a conocer. Y por ello, me siento cómodo y, aunque a trompicones, avanzo bien con él.

Esto está muy bien, pero existe un pequeño problema. Hay alguna de mis historias (sobre todo una Vida en Momentos Congelados) que se nutren también de mis experiencias personales. Y cuando la comencé, me sobraba drama para escribir esa historia, las entradas y hasta algunos poemas. Pero hoy en día, no será por falta de drama, pero tal vez sí sea por falta de práctica. La cuestión es que no escribo ni la mitad de lo que me pasa ni la mitad de lo que imagino. Sí, mis responsabilidades y lazos con el mundo real aumentan, y por ello me siento doblemente cabreado conmigo mismo por no escribir. Pienso que tengo ingentes cantidades de material. Pero me resulta tan nuevo, estoy tan poco acostumbrado a la vida que llevo ahora, que no soy capaz de darle la forma adecuada.
Apenas sí soy consciente del paso del tiempo. Sólo las obligaciones me enseñan mi flecha del tiempo. Y es una pena, ya que siento los días escapando entre mis dedos mientras mi vida pasa y sigo sin escribir esa historia fenomenal que tengo en la punta de la conciencia. Y me voy a la cama y ya no me salen historias solas, sino que tengo que concentrarme en crear para que mi mente no se pierda entre cuentas y listas de cosas a hacer al día siguiente. No sé si el trabajo dignifica, pero lo que está claro es que las obligaciones matan la creatividad, el menos en mi caso.

Y bueno, ya ni hablemos de los poemas. Hace tantísimo que no escribo ninguno, que estoy pasando unos antiguos que tenía por ahí sólo para poner algo. Tanto me cuesta expresarme y ponerme a expresarme, que si encima tengo restricciones sobre la manera de hacerlo, el impulso desaparece totalmente y se ve reducido a una ligera molestia en el fondo de la cabeza.

Pero bueno, esto no es una pérdida de esperanza ni nada por el estilo. Sólo quería poner en algún sitio una especie de excusa por la que soy tan irregular a la hora de publicar cosas. Tengo ganas de completar un año de esos que promueve la propia WordPress, un año publicando un post al día o, lo más realizable, uno a la semana. Me gustaría intentar eso. Por supuesto, otra razón de mi inestabilidad escritora es que no es mi única afición. Tengo tantas que literalmente no tengo tiempo para todas. Y eso sin hablar, como ya he dicho, de las obligaciones que marcan el paso desmedido del tiempo.

Y claro, también están ellos y ellas.

En fin, que el tiempo se me agota y la madrugada se me ensancha. Total, que entre que decido si entrada de WordPress, capítulo de historia o cualquier otra afición, y con el tiempo que a veces pierdo sólo repasando la música o historia o película de la que alguna vez tanto aprendí, se me hacen las tantas del 2014 sin darme cuenta.

Así que, si todo sale bien, nos veremos en breve en alguna otra entrada.

Hasta la vista, ¡y por favor, sean pacientes con el mensajero, aunque sea un poco lento!

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