Ni rosas ni violetas

Releyendo como se ha hehco necesario SA, descubro pequeños retazos de mi antiguo ser escondidos entre algunas frases en los últimos capítulos. Ahora, esos pequeños detalles se han cargado de nostalgia, y por ello, escribo…

Anuncios
https://dl.dropboxusercontent.com/u/10059366/Wordpress/14%20-%20Ya%20nada%20es%20lo%20que%20era.mp3%20

“Ni rosas ni violetas.”/p>
¡Qué frase más inocente! Despide una cierta fuerza, una convicción propia que sutilmente te hace plantearte qué tipo de flores son las que a uno le gustan. Es concisa aunque abstracta. Parece no decir gran cosa, pero su significado, simplemente, va más allá de lo que dice, al menos para un servidor. Hay un historia encerrada en esas cuatro palabras.

Ahora, los recuerdos toman la delantera, se interponen a mis ideas y mis dedos. Pero, lo primero es lo primero, y sin contexto nada es lo mismo. Como no quiero que se pierdan, les pondré al día con un resumen.

Releía, estos últimos estertores del verano de 2013, la historia que terminé hace un par de años, Sayonara Amazonas. Me encuentro en medio de la reescritura de varios capítulos, así que necesitaba volver a empaparme de las ideas de la narración. Cuando llegué a uno de los últimos capítulos, y ahora mismo no recuerdo cuál, me encontré con esa frase.

“Ni rosas ni violetas.”

La frase aparecía en referencia a cierto personaje de mi invención y su gusto en el tema de las flores. Hasta ahí normal. Sin embargo, hay confesiones que hacer. Y es que, cómo es ciertamente común en esto de la escritura, mis personajes originales no lo son del todo. Como muchos otros, tiendo a incorporar detalles y conductas de la gente que me rodea en mis creaciones. En cierta manera es una manera de elogio. En otras, una manera de recordar.

Y esa frase es un ejemplo de esa segunda posibilidad. Queriendo crear un personaje femenino fuerte, independiente y con heridas, los ejemplos a mi alrededor me sobraban. He tenido el tipo de suerte que te permite conocer gente interesante y buena, mejor que uno mismo, incluso cuando no estaba preparado para conocerlas.

He tenido la suerte de conocer a gente con la que jamás estaré de acuerdo en casi nada, y gente con la que coincido en casi todo. He convivido con ángeles y demonios, con ladrones y filántropos. Con arlequines emprendedores y contables inmaduros. Con mujeres que embotan tus sentidos y nublan tu conciencia, y con amigas que que te descubren los engranajes escondidos.

Con la frase que encontré escondida entre una historia de pérdida y perdón recordé mis momentos más amargos, el instante en el que toqué fondo. Y cómo yo también encontré el perdón (el propio) y cómo gané mucho más de lo que había perdido.

Ahora son memorias inocuas, que fluyen con tranquilidad dibujando una leve sonrisa en mi rostro y un cosquilleo en mi conciencia. Ahora son nada más que un contexto, que un pasado que ha quedado superado, del que se aprendió, que es aceptado.

No voy a negar que a veces práctico con ellas mi deporte favorito: la creación de mundos imaginarios. ¿Y si hubiera hecho esto? ¿Y si no hubiera hecho aquello? En otro tiempo mi pan de cada día, hoy en día una actividad casi extinta. Tal vez ya no tengo tiempo para dedicarlo a lo que no existe. Tal vez es que estoy contento con lo que tengo y soy. En todo caso, hasta estas actividades tienden a despertar su propio tipo de nostalgia.

Por eso, atiborrado de ella al leer esta historia que me descubre mi propio yo durante los seis años más convulsos de mi vida, mis dedos se lanzan a bailar por el teclado. Como dice el cantautor: “Ya nada es lo que era.” Pero tampoco preocupa. Es mi única intención con esto compartir la indescriptible sensación que se apodera del pecho y calienta el corazón cuando uno recuerda un tiempo en el que tomó decisiones importantes, conoció gente maravillosa y comenzó, en definitivamente, a sembrar los vientos que ahora ya son todas unas tempestades.

Tempestades de seda, lágrimas y letras.

Tempestades propias, irrepetibles.

Tempestades de flores.

Ni rosas ni violetas.

Margaritas, Flor del Pensamiento.

Tulipanes, Flor de las Tormentas.

Y el resto, para tí, mi Flor de Alas

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s