Aquellas locas voces

Hace poco, a principios de este mismo agosto, terminaba al final una de esas historias que llevaban, tan sólo, un par de años en el horno mental.

El tan sólo es, por supuesto, irónico. Por más que disfruto (en general) de escribir estas historietas, estos intentos de mejora de mi capacidad de contar historias, a pesar de eso, he de reconocer que llego a invertir una cantidad desproporcionada de tiempo y esfuerzo en ellas. Y lo peor es que no es una inversión concentrada.

Bueno, eso no es del todo cierto. La verdad es que una historia como esa, de unas 20.000 palabras, la escribí a través de un proceso que suelo seguir para todas: esparcidas entre varios años, durante unas cuantas semanas, dedico toda mi cabeza y gran parte de mi tiempo libre a escribir furiosamente todas las ideas sobre la historia que he ido acumulando a lo largo del resto del tiempo. Una vez que está todo escrito no suelo tardar más de una semana en repasarlo, mejorarlo si hace falta, añadir alguna cosa pequeña que se necesite y decidir la fecha de publicación (que en general suele ser inmediatamente o cercanías de).

Por supuesto, este es un proceso altamente ineficiente, y lo que es peor, que provoca hiatos indefinidos entre la publicación de una y otra cosa.

Es cierto que cuando estuve publicando Sayonara Amazonas tenía un ritmo algo más rápido, aunque ciertamente podía pasar un mes sin dar señales de vida (hasta 3 ó 4 para los últimos capítulos). A pesar de eso, el método de trabajo era muy similar.

No puedo contar ni recordar la de veces que me habré propuesto cambiar esto por un método más contínuo. Un método que me permita no dejar tirados a los 3 ó 4 fans de mis historias que, ojalá, aún se paseen por mi perfil en fanfiction.com. Sin embargo, no puedo decir que ninguno de estos intentos haya fructiferado. No es por falta de ganas de escribir, sino porque “escribir”, en general, nunca ha tenido un lugar fijo en mi lista de prioridades.

Según ha pasado el tiempo, como es natural y resabido para cualquiera que lea este blog, cosas pasan por mi vida. Unas me invitan a alejarme de la pantalla y cambiar mi ambiente. Este tipo se ha vuelto moderadamente común estos últimos años de epopeya islándica. Otras cosas me apagan las luces, me encienden los acordes nostálgicos y me llevan a escribir entradas para este mismo blog. Eso es escribir, pero ya no son historias de Ranma 1/2. Y, finalmente, mi vena más académica respecto a la escritura es la que me impulsa, muy de vez en cuando, a reacometer los proyectos inacabados de fanfiction que tengo esparcidos por el disco duro.

Supongo que también hay una cierta falta de optimismo y diligencia en estas historias por la respuesta relativa que recibo de ellas en comparación con estas mismas entradas o cosas que pueda subir o decir por Facebook o Twitter. Quede dicho por delante que siempre agradeceré enormemente a todo el mundo que ha comentado en alguna de mis historias en fanfiction.net o aquí. Pero, en cierta medida, me desanima la falta de críticas constructivas o de ideas que se lanzan por fanfiction.com. En cierta medida comencé a postear mis cosillas por allí con el ánimo de mejorar, de aprender algo de gente que está por allí para poder, en algún momento, acometer con más seguridad el megalítico proyecto que promete ser Mousse 1/2. En algún momento de mi pasado hasta soñaba con betear y ser beteado con los grandes nombres del fandom de Ranma en español.

Y sin embargo, cuanto más pasa el tiempo, más desligado estoy de dicho fandom. La última vez que me dí un paseo por allí creo que fue hace casi un año o una cantidad de tiempo por el estilo. Y al tener que navegar casi 3 páginas hasta encontrar una historia cuyo título y resumen me llamaran lo más mínimo la atención, pues mis ilusiones sobre el fandom volvieron a enfangarse como lo habían estado por unos años, como aún siguen.

Entiendo también que, al igual que yo, a la gente le pasa la vida, y algunos de los grandes nombres de hace unos años ya no se pasean por cualquiera de los mil motivos que pueden impedirte pasearte por ciertas páginas de Internet. Pero eso no quita que me sienta un poco más triste que antes al pensar que esa gente, de la que podía esperar buenas críticas y algún gesto de complicidad, ya no estén. Me entra una nostalgia muy parecida a la que siento cuando me doy cuenta de que la edad de oro del fandom de Ranma 1/2 ocurrió cuando yo apenas tenía unos años en medio de Estados Unidos. Y que lo que yo descubrí al pasearme por primera vez por un Internet tan distinto al actual en busca de mis primeros fanfics de Ranma 1/2 no eran sino los últimos estertores de unos fans que se hacían mayores y cuya vida se los tragaba.

En todo caso, no todo son nostalgias y sinsabores. A pesar de lo dicho, hace mucho que me prometí a mi mismo, por mi propia cordura, que terminaría todo lo que empecé. Por el camino ya he empezado y acabado un par de cosas nuevas, y estoy seguro de que habrá más que se darán. Que reciba o no comentarios, críticas, ataques, elogios… Sinceramente, no creo que ya nadie se acuerde de mí en ese archivo, así que casi puedo considerar que empezaré de cero.

Ahora, me quedaré un rato más delante del ordenador. Tengo un par de ideas sobre una Vida en Momentos Congelados que me gustaría plasmar en algún sitio. Y, como se solía decir en los antiguos fics:

Matta ne!

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