Viejos tiempos, nuevos tonos

A mediados de Septiembre de 2012, con un poco de falta de sueño, una confesión se abre paso entre las ideas confusas.

 

 

Viejos tiempos, nuevos tonos

Hay… un nuevo viento.

      Aunque ya ni siquiera es nuevo, pues lleva más de medio año soplando. Pero el silbar de su paso entre mis sábanas y mis mentiras ha terminado por instalarse en mi cabeza y en mi pecho. Ahora, cuando el calor abrasante de una presencia deseada, el chirriar de mi colchón de los sueños me ha puesto de nuevo en marcha, en busca, tal vez, de las palabras que puedan expresar este tsunami que no cesa. Porque las olas de este vino que me trae el oxígeno no cesan, no se detienen ante la carne, se desbordan y terminan rodeándome como una luz tranquila que no se puede escapar, que me revuelve.

      La luz, eterna dama que siempre se escapa, ya no se esconde más en mis ojos. Todo lo que una vez ví se ha vuelto a su sitio, ha escapado dejando nada más que una simple nube difuminada en mi mente. Ahora vivo a través de la luz que me es regalada entre las manos del Verano. Su flor más bella, su guerrero más feroz… ¡Qué sé yo! Si apenas me llegan las palabras porque hay veces que no son suficientes en un campo de concentración llamado Realidad, opresión de tantos que no se quieren conformar con las reglas.

      Pero, en todo caso, por ahora multiverso, mañana tal vez destrucción. El huracán que me regala la vida me espía desde mis propios ojos. La paz se decidió mudar hace meses. La corrección brilló fugaz y la normalidad se despidió. Ahora mismo, tan sólo la gravedad parece haber decidido intentar mantener su terreno a capa y a espada. Y la verdad es que no le preveo un muy buen futuro. Pero de nuevo, ¡qué sé yo! Cada día menos a pesar de que cada día más. Es la paradoja que te vuelve loco si intentas dedicarle demasiado tiempo. A veces prefiero surfear la ola, dejar que toda la locura me peine y poder decir que he sobrevivido un día más. A veces, no sé, tan sólo respiro.

      Y esos días en los que la visión celestial no puede estar en todas partes, cuando tan sólo me queda la música para poder recordar lo que ha pasado, lo que fue y lo que aún está por llegar, hay aún más tormenta en mi interior. Zarandeado por mi propia manera de ser, hay cada vez más bajas en lo que una vez fue un gran campo de lamentaciones. Estas tumbas de partes de mi alma han sido abiertas. Sí, los no muertos andan entre los muertos, y no sé qué tipo de discurso los convencerán de que vuelvan a dormir en paz. Dudo que lo quieran hacer. Dudo que termine importándome.

      A decir verdad, nunca había imaginado nada por el estilo. Tras tantas noches en vela, tras tantas lágrimas que murieron en el papel, ahora inundando mi interior. Es como la esperpento que una vez recorrió las imaginarias calles de Madrid. Un ciego que ha nacido sin estrella, de repente le han dado su estrella. Brilla tanto que tal vez le deja ciego otra vez. Pero ese calor… No hay nada mejor. Incluso se gestan los versos en su interior cuando acaricia su estrella. Sí, ya no tiene nada que ver con el esperpento. Es algo aún más extraño.

      Y entre toda esta locura, aún quedan sueños que en otra vida fueron el futuro. Ahora, lenta pero vigorosamente, se encuentran con una realidad que tiene otra cosa que decir. Se van transformando pues, como los ecos de voces lejanas. Pierden una dimensión real, adquieren una dimensión de ensoñación. Pero los compases del pasado los resucitan, les dan fuerza y cuerpo, evitan que se pierdan entre las neblinas de la incertidumbre y la realidad. Ahora, más que nunca, son amargos dulces casi al alcance de la boca. Una miel que se ha tornado hiel justo al entrar en contacto con los labios. Y el grito silencioso de la duda los rodea.

      Pero, el batir de alas y el del corazón no se detienen. Hay un camino que no está marcado, apenas delineado por unas fotos hechas en medio de la noche. Y la filosofía que esconden, el accidente de una vida, tampoco se detiene. Siempre adelante, nos guste o no, es la nueva clase magistral. Más sencilla, más complicada que la nostalgia ya repetida en tantas ocasiones. Pero tan real como la seda que se deshace entre mis manos, como la cordura que pierdo cuando me cubre. Tantos miedos, tanta cera y cables que forman este rigor mortis de avance. Si me siento perdido, lo único que tengo que hacer es mirar hacia adelante. Tal vez no sea la forma a la que estoy acostumbrado, pero sin lugar a dudas parece que es a la que me tendré que acostumbrar.

      Lo único que me queda de atrás son unos acordes y unos fotos, y algún mensaje sin responder que me trajeron las ondas. Los recuerdos, sin embargo, son las difusas ganas de cambiarlo todo y seguir igual. Todo es ahora lo que nunca fue antes. Y ni siquiera sé lo que puede ser. Ni siquiera me planteo la mar de rocas donde lancé mi cuerpo, rasgando mi piel y astillando mis huesos. Ahora, mi miedo me ahoga, agarrando mi cuello y apretando tan suavemente que apenas lo noto. Si se decidiese a partirlo, aún muerto, tal vez…

      La imaginación se acaba. Acaba de llegar la necesidad de avanzar. A la luz de los recientes acontecimientos, tan sólo puedo aclarar que un día fui un tipo sencillo, un desgraciado de los que era transparente al espejo. Ahora, en resumen, con tanta estrella entre mis manos, no sabe cómo agradecerla y disfrutarla. Tal vez, tras tantos años mirando de cerca las luces de los demás, se ha quedado ciego de verdad, y ya tan sólo queda la expresión del blanco eléctrico de la caja de Pandora.

      Por los olvidos que puedan ocurrir, gracias a todos los que una vez me tuvieron que aguantar.

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