Adelante no es tan lejos

Hace algo más de año y medio, a finales de Noviembre de 2011, tuve una de esas revelaciones que sólo pueden suceder con falta de sueño, el trabajo apilándose y la ayuda de una película muy especial.

Adelante no es tan lejos

Estaba, hará unos días, ya a la una de la mañana viendo algunas de mis partes favoritas de (500) Days of Summer, como he debido hacer más de media docena de veces, y me dí cuenta, una vez más, de que aún tenía mucho que aprender de esa película.

(Separadamente, también me dí cuenta de que lo que más valoro de una película, una pintura o una canción es que se conviertan en un espejo. A través del tiempo que paso recordándolas, viéndolas y disfrutándolas otra vez, lo que siento, lo que mi corazón trata de decirme encuentra al fin las palabras, la forma que consigue darme la salud anímica que no tiene precio).

De repente, el ordenador había perdido la tarjeta gráfica. No podía jugar a nada, e incluso los vídeos en HD no iban muy bien. El fin de semana había sido, cuánto menos, decepcionante, y la semana se presentaba bastante más ocupada que de normal. No estaba muy ilusionado con nada, precisamente. Entonces recordé: Bookends. Tenía que escuchar esa canción. Y cómo no, fiel a mi forma de ser, la quise ver en el contexto que la encontré, que le da fuerza.

Por supuesto, no podía ver y escuchar sólo esa. Ya que había puesto la peli (que por suerte no tengo en HD pero sí en VOS), terminé por ver todas las canciones. Y en menos de veinte minutos, sentí la muerte y el renacimiento de Tom Hansen. Y así, sin casi darme cuenta, terminé por casi no darle importancia al hecho de que el ordenador estaba medio jodido, que tenía los platos de tres días aún sin fregar y que al día siguiente iba a tener un test de Química que, en todo caso, sacaría increíblemente raspado.

Todo esto era genial, pero no fue lo que realmente me animó a escribir esto, a compartir un mal momento en el centro de un huracán de cambios. Justo después de alegrarme al saber que pude emocionar a una amiga con apenas unas miles de palabras. Justo antes de poner en marcha un proyecto que siempre quería haber llevado a cabo. Lo que realmente puso una sonrisa en mis labios y me obligó a fregar casi a las dos de la mañana fue la realización de que, a pesar de cómo me sentía y de que llevaba días sin realmente tratar de cambiar eso, no quería sentirme así.

Algunas veces, la simple realización de que quieres mejorar, de que aún queda un pequeño recodo de… lo que sea dentro de ti que no se conforma con pasar por los días como un zombie que se ha rendido, es lo que marca la diferencia. Te provoca y te engaña para que escuches esa canción que te da energía, que enciende tu alma con el fuego de la inspiración. Luego, esa canción te pone en pie, te ensalza hasta el día siguiente, y haces cosas. Y de ahí, como una bola de nieve cuesta abajo, vuelves a ser el hombre que eras cuando el frío seco no estaba sólo en tu memoria.

Así que, con aún tantas historias que terminar en la cabeza, con el test para el día siguiente y la semana cargada como ninguna, me fui a la cama. Sabía que podía emocionar a una persona, y que haría realidad un deseo de esos que refuerzan tu manera de ver el mundo. Tal vez no tenía mucha energía aún, pero sabía que había una fuente, que el viento en el que me solté no era tan fuerte, y que podría continuar.

Y además, a la mañana siguiente no tuve que fregar una taza y una cuchara para poder desayunar.

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