A la luna llena y silenciosa

Esta entrada es mucho más reciente, finales de Marzo de este mismo año. Esta entrada no es sino miedo a evolucionar, a cambiar… y la nostalgia que nunca termina de desaparecer…

A la luna llena y silenciosa

Bajo una luna llena de marzo, el silencio se volvió extraño.

      Trato con toda mi mente de encontrarle sentido a esta sensación que agarrota mi pensamiento y me impide el movimiento. Puede ser que tan sólo sea la consecuencia normal de un estado mental que no tiene parecido en mi pasado, que me tiene pasado de pensamiento y de recuerdo y de alguna otra sensación que nunca pensé serían parte de mi día a día.

      Tal vez, tan sólo, sea esta mi manera de decirme que, efectivamente, tengo más de lo que necesito y lo que necesito es dejar de querer cosas. Estar tranquilo con lo que tengo y no volver a pedir lunas de invierno ni satélites de viento, ni que los espíritus que habitan las cosas se pongan de mi parte y me ayuden sólo porque una diosa que suele estar a mi lado se lo pida. Tal vez lo que necesito no es este silencio que estos días me ahoga, sino el ruido del que hablaban mis recuerdos cuando hace unos días volví a pintarlos en mi mente al saltar desde sus lienzos de blanco y negro.

      Tal vez, por resumir, lo que tengo ahora es un grave caso de eso que me llaman nostalgia. Y me resulta tan raro escribirlo de esta forma, cuando una vez conocí esta nostalgia como a una amiga que nunca me abandonaba del todo, que me susurraba palabras que poner en mis escritos, que se acostaba cada noche conmigo y me acurrucaba con llanto y nanas y sensación de seguridad hasta el día siguiente. Ahora, ya no cabe en la cama, la vida me ha lanzado otra compañera, y el sueño se escabulle como la sangre entre las manos, y estas cosas ya no son lo que eran. Ahora, la nostalgia de la que el otro día hablaba ya no es mi amiga, es una canción enfadada, es una en la que se pierde lo bueno, es un recuerdo doloroso que da miedo y esperanza de que las cosas irán mejor.

      En un momento, baja la luna llena de marzo, observé por un momento las estrellas como aquel día en el que eran puente entre mi fortaleza y una estrella de saber y sonrisa radiante. Las estrellas seguían ahí, la ropa ya bailoteaba con el viento, pero nada era igual. Cambió el observador, el color empezó a llover y se perdió lo que una vez me llenaba hasta rebosar. De nuevo, con este sentido de nostalgia ya no se puede caminar, ya no se puede estar, ya no se puede pensar ni hacer ni decir ni saber. ¿Para qué todas esas cosas cuando hay una corriente que te lleva a una estación mejor? Tal vez sea sólo mi manía de ir contracorriente. Tal vez sea el miedo a las corrientes, que en un momento dado te llevan hasta el fondo, no te dejan salir y te lo roban todo.

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