Numb

Siguiendo con lo que se ha convertido ya en una tradición, siento la necesidad de escribir una entrada con los ecos de una canción especial en mi cabeza.

Esta vez, el motor no es otro que Numb, de Linkin Park (grupo recurrente en mis noches de lluvia como pocos). Pista 13 de su disco Meteora, Numb es una de esas canciones que pasan a ser algo más que tres minutos y pico de canción. Es un mito.

Y es algo más precisamente por la carga de realidad que transporta. Por momentos arrancada de un drama familiar (como muchas canciones del grupo), Numb comienza suavemente, como una seda que al cabo de unas estrofas se vuelve filo cortante, una garganta desgarrada por la frustración y el odio que busca la liberación más cercana que pueda encontrar.

Sí, Numb me ha hecho pensar más de una vez en otras terribles posibles realidades. En realidad yo no debería ni escuchar la canción: acepto totalmente que al menos por ahora, me pueda identificar con ella. Tengo mucha suerte en ese sentido. Y aún así, de alguna manera, usando un término que suelo repetir, no puedo evitar resonar con el sentimiento que hay detrás de la música.

Al fin y al cabo, las exigencias de eso que llamamos sociedad nunca son satisfechas. Día a día, semana a semana, lo que una vez fue visión de futuro ahora se cristaliza en actitud de presente. Y cuando no cumples, cuando desatiendes las normas y no tienes miedo de mostrar cuán poco respeto le tienes a eso que se supone que tienes que ser, ¡amigo! ¡Cómo cambia la expresión del animal social! A veces, en medio del griterío y el paso acelerado del tiempo, cuando mis oídos están cerrados y los ojos no pueden evitar ver, entonces consigo que la calma me haga de máscara. Entonces, las imágenes de las personas viviendo a mi alrededor corren como una película mal preparada, y termino por ver las marcas de cambio de rollo.

Aún así, en general y a diferencia de la canción, no me puedo quejar. Paso a paso, finalmente siento que me estoy acercando al resultado de esa ecuación que de joven escribí en mi mente. Para bien o para mal, las cosas buenas son cada vez mejores, y las cosas malas son cada vez peores. La paciencia, por ejemplo, parece que la gasté toda de joven, y ahora es un recurso que pierdo con una facilidad enervante… Sin embargo, he aprendido a aceptar ese tipo de cosas, más o menos, y ya no me llenan de temor.

Por eso, aunque a veces esté más decaido o desengañado, como un día de lluvia que al final se queda sólo en nubes, aún así estaré feliz. Porque, a fuerza de imaginación, ningún mundo será demasiado terrible como para que una sonrisa y una historia no lo puedan rehacer como un paraíso en el que llevar a cabo esa acción que los amigos hacen que merezca la pena: vivir.

Adenda

Han pasado ya seis meses desde que escribí lo anterior. Mucho ha pasado desde entonces y hoy, a Mayo de 2012, a punto de tener que enfrentarme a los nuevos exámenes, vuelvo a escuchar con ferviente impaciencia Numb. No puedo decir que me sienta tan optimista como me encontraba en esas últimas líneas. Ahora mismo seguramente se pueda decir que estoy en la cima de mi vida. El horizonte al fin muestra visos del final de esta larga carrera universitaria (a pesar de que el futuro después no pinte nada bien profesionalmente), he encontrado a una persona maravillosa que está dispuesta a acompañarme en el que se convierte en nuestro camino a pesar de todos mis fallos, y mi círculo de amigos se ha expandido aún más (lo que hace que me cueste más mantener el contacto con todos, pero eso lo quiero arreglar).

Y aún así, siento que algo se me escapa. Desde hace un tiempo ya, he perdido gran parte de mi capacidad de escribir. Se podría argumentar que lo único que pasa es que de repente tengo muchas cosas a las que dedicarle tiempo, pero no podía terminar de creérmelo. De alguna manera, estoy atorado. He perdido el orden, he perdido el silencio que me ayuda a manejarme. Tal vez tan sólo esté siendo nostálgico, pero no quiero dejar de escribir, ni aquí ni en la página de fanfiction. Tal vez me esté volviendo mayor. Tal vez tenga que empezar a calzarme unos zapatos más grandes y más nuevos. Pero no puedo evitar pensar que eso significaría perder una parte buena de mí.

Bueno, tal vez sólo sea el calor y los exámenes. Veremos.

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