La última palabra

Cuando el final sea el último principio, ¿qué quedará de la vida?

Anuncios

Otra entrada más de esas, cercanas en el tiempo, pero tan lejanas en el sentimiento que apenas se puede decir que pertenezcan a la misma realidad. Aún así, como no soy de no subir algo sólo porque ya ande un poco desfasado, aquí va, como escribí durante las Navidades.

La última palabra

No hace demasiado que observo a través del destino.

Esa red de notas, de melodías eternas compuestas de acordes naturales, producto de  las leyes de las cuerdas, expresión perfecta de la simpleza de una existencia que sus propios productos tratan de contaminar con pensamientos egocéntricos de grandeza divina. Ahora ya tumor de su propia hija y madre, se agarra el presente con la fiereza de un virus y la prepotencia de un niña que cree conocer la respuesta a la pregunta que sus padres nunca le hicieron.

Son los hilos de este telar musical la razón de la duda, el adjetivo vital de las almas errantes en la noche infinita y expansiva de la realidad que nos acuna en su regazo frío pero real. Pero que no cunda el engaño, no por frío es hostil, pues el calor que reside dentro de estos hilos, y el de las estrellas termonucleares que les regalaron la vida, lo transforma y lo amolde en una especie de simbiosis perceptiva que los acompaña a ambos.

Ahora bien, hay aquí también una buena posibilidad para el engaño. Esta simbiosis no refleja el poder de los hilos sobre el telar maravilloso de posibilidades. Tan sólo es reflejo de la profunda conexión que existe entre máquina y producto, conexión nacida de la propia necesidad existencial de su unión, dado que de la máquina misma provienen los hilos, y es la máquina la que los pone en el marco según su programación, nacida también de sí misma.

Y sin embargo, contra todo pronóstico, el telar le hizo un regalo más allá de toda imaginación a sus hilos: ellos mismos son los que eligen que patrón dibujar en su trabajo. Así, con una libertad fuera de toda discusión, los hilos, seres de carbón, silicio, agua o fuego, tantísimas combinaciones como la propia infinitud permite, llevan una eternidad trabajando en su propia carne el motivo que dibujan con su libertad.

Hasta hace apenas un instante cósmico, algunos de estos hilos apenas eran conscientes de sus propios movimientos, así como el agua es inconsciente de su ir y venir en el mar. Pero, tomada al fin conciencia de las consecuencias del dibujo macabro que su movimiento instintivo ha ido creando a través de las épocas, le llega el momento de la verdad a estos hilos.

A los hilos llamados humanidad.

Ahora, que ya no queda la excusa de la ignorancia o el miedo, es momento de mirar hacia atrás, a la terrible marca que nuestra evolución está dejando, y tomar nuestra posición como especie inteligente y, sobre todo, consciente.

Consciente de lo que hace. De lo que hizo. De lo que hará.

Y así, cuando las estrellas se hayan consumido y los agujeros negros se hayan difuminado en un mar de radiación imperceptible; y las matemáticas sean la única Ciencia con cierto sentido, entonces, la última voz de la humanidad será el testamento que dejará al final de la existencia.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s