Reiniciando el sistema

Lo cierto es que tengo aún una buena cantidad de entradas pendientes en el brasero. De repente, sin embargo, su significado ha quedado mojado, disminuido. He sido tocado, y este contacto, por ahora frugal, inocente y salvaje, me ha dejado sin aliento ni palabras. Estoy bastante seguro que terminaré recuperando las palabras, aunque dudo que recupere el aliento.

Ahora, por supuesto, el prisma de mis gafas no sólo ha cambiado, sino que casi se ha invertido directamente. Me encuentro bajo el foco de mis propios sueños, y medirse uno a su propia versión onírica es un tanto aterrador.

Aún así, a parte de esto y más cosas, me deslizo por estos días con la piel en flor y la mente cuajando como una nevada de enero en medio de un campo. Así que, mientras los copos de nieve aún cubren mis ojos, puedo ayudarles a descansar ayudándome de las letras, como las que siguen:

Cambio, ahora

De repente, el tiempo son tan sólo dos manecillas en una persecución infinita. El día perdió su noche, y en un viaje de quietud y susurros, las almas quedaron en carne viva, calmadas a base de abrazos y saliva. Y en ese momento de indefensión, mientras el mundo despertaba y Morfeo se rendía ante la lucha, un viejo sueño, ya casi un mito, decidió descender de los cielos.

Luz cegadora en el centro de un lago de obsidiana, la inocencia resbala con alegría hacia ese fuerte centro que la atrae. La promesa de auroras boreales en el centro del mundo se mantiene, tentadora, mientras miles de luciérnagas revolotean a su alrededor, enjambre de luces encantado que oscurece el objetivo. No importa el magma ni las pesadillas que acechen, ni aunque el pasadizo se estreche y tan sólo haya sitio para uno. El futuro que allí reside la lucha merece.

Ahora, este alma a flor de piel, hoja en blanco en medio del libro de la vida, se desliza lentamente por el aire a merced de la tormenta. Su energía y su fuerza, cada uno de sus rayos, cada gota que descarga, le llena de respeto, de admiración y pasión. Aprender siempre y curiosear son la humedad que le inundan, y no puedo evitar alzar los brazos, el pecho y el corazón en la garganta, gritar y rasgarse la voz en el culmen de la dulce confusión, los miedos y la ilusión. Toda esa ilusión que se desborda de sus ojos, que se afana en aclarar su visión envejecida, desmejorada por el paso de un tiempo a traición.

Ahora, este alma que paso a paso quiere acercarse al ojo de la tormenta, ve sus pensamientos repartidos por un campo de trigo que ondea al viento. Su átomo primordial, su única verdad, parece dividirse en dos según se acerca. Un nuevo olor impregna cada amapola. El color es un caleidoscopio y el tacto, un hielo en la espalda. A su voz se le ha unido otra y en sus labios florece un nuevo entendimiento.

Apenas tras un paso, este alma explota, inundada por un estrella cuyos ojos son fuerza, pasión y comprensión. Este alma explota, felicidad y miedo, y la miel en los labios.

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