Recuerdos de una dicotomía

Han pasado ya… ¿qué, casi 3 años? desde aquel viaje a Túnez que lo cambió todo y al mismo tiempo, lo mantuvo todo igual. Sinceramente, no es un viaje en el que suela pensar. Fue fantástico, revigorizante al tiempo que cansado, familiar al tiempo que desconocido. Muchas de las cosas que aprendí durante aquella semana aún siguen conmigo, desnudas de aquel contexto, pero aún penetrantes en mi mente cansada. Por desgracia, hace tiempo que perdí la mayor parte de las fotos que hice, y entre una cosa y otra, nunca las he pedido a quién pudiera tenerlas (aunque ni siquiera recuerdo si llegué a pasarlas a mis compañeros) (UPDATE: Resulta que no las he perdido, ya que se me ocurrió guardarlas precisamente en el espacio que tengo para mí aquí en el WordPress. Así que, ¡felicidad!). Recuerdo que quedé devastado cuando me dí cuenta de que las había perdido. Pero, con el tiempo (y, si mal no recuerdo, el juego llamado Braid), comprendí que no tenía sentido seguir triste ante una pérdida que no podía cambiar. Así que, de alguna manera, empaqueté bien mis recuerdos de aquel viaje y los dejé en un recodo de mi mente, a salvo del tiempo. Hace unos días, entre emails de una nueva cena de Navidad con los mismos que me acompañaron entonces, esos recuerdos resurgieron ya empapados de nostalgia.

Sé que aún es pronto para la nostalgia, pero es lo que tiene haberte pasado más de medio año sin ver ni un resquicio de nadie conocido. ¡Oh, no me quejo! Estoy conociendo gente fenómena aquí, y haciendo cosas que pensé nunca llevaría a cabo. Pero, simplemente, pasé mucho tiempo en aquel ambiente, con aquella gente. Es difícil cambiar tantas cosas sin sentir cierto miedo. Al fin y al cabo, ya lo dice J.D. en My Musical. A veces, para conseguir lo que quieres, tienes que dejar atrás algo que también te importa.

Así que, recordando aquel viaje, me vino a la mente lo que allí escribí (sí, el paseo por las ramas llega a su fin). Recordé que, al poco de volver, lo pasé todo al ordenador y, efectivamente, encontré dicho archivo. Por suerte, siempre he sido muy diligente a la hora de hacer copias de seguridad de mis escritos, así que lo encontré sin problemas.

Lo que encontré no era, sinceramente, nada del otro mundo. Varios textos sin acabar, frases inconexas que trataban de reflejar el torbellino interior que un viaje así me trajo. Recuerdo que hasta hice algún dibujo (aunque nunca lo escaneé). Pero, lo que más me llamó la atención, fue un poema, sin acabar, que me trae recuerdos de un momento distinto y más fácil de mi (mayor) juventud. A las cinco en el Astoria el disco de La oreja de Van Gogh era más o menos reciente, y había una canción que no se me iba de la cabeza: Sóla.

Aquella melodía de desengaño, de autodesprecio, se fue a unir con la curiosidad que ciertas conversaciones con una de mis compañeras en aquella tierra de arena y mar despertó en mí. Me sentí enormemente afortunado, como si hubiera entrado en una cámara secreta y se me hubieran confiado los secretos del mundo (aunque en realidad, viéndolo con perspectiva, hubiera sido un comienzo mucho más humilde, pero, ¡viva mi manía de hacer una montaña de cualquier cosa!). Y entonces, una extraña imagen se apoderó de mis pupilas el resto del viaje. La visión de una dicotomía viva.

Inefable dicotomía

Curiosa dicotomía viva
como hielo y fuego en perfecta unión
ve pasar sus días
como la sombra de una vida
pesadilla de su infantil indecisión.

Lince del saber
e instinto animal cuando en la jungla.
No le evitará caer
en las penurias de ser
parte de aquella antigua suma.

Sus labios anhelan
el jazmín de una mañana acompañada.
Y sola, desespera
al sentir la espera
que eterna consume su pequeña hada.

Flor eterna de invierno
espera paciente que venga la primavera
Pero el frío eterno
le sume en el infierno
de una existencia en Soledad.

Corazón de niña
eternamente joven en una mujer.
Vive cada día
con la ilusión viva
de encontrar a aquel que complete su ser.

Como el arroyo,
que despertó y se convirtió en río,
sale del foso
y poco a poco,
palpa los bordes de su brillante sino.

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