El otro grito

Una noche tan distinta y tan igual a otras, algo nació, creció y murió en mi interior como una estrella de vida efímera. Esta es la historia de los efectos de esa sensación en mí.

El otro grito

Vuelvo, en la noche, y tras unos momentos de confusión, vuelvo a ser consciente de verdad. Ha habido una atracción, una necesidad instintiva que me ha llevado a una neblina de confusión que en realidad no debía haberme alcanzado.

El grito salvaje, despertado ante las curvas de un camino de dulce destino, aún resuena en mis entrañas, quemándome como el hielo al darse cuenta de su imposibilidad. Y sin embargo, ¡cuán gris me resulta el exterior! En serio, no hay interés por la composición de su interior, pues tanta es la diferencia, que es como tratar de mezclar agua y aceite, una empresa cuyo resultado, en todo caso, resultará turbio.

Pero, por un momento, mi imaginación ha sido excitada como un electrón tras el choque con un fotón, y ahora ya no distingue muy bien realidad de ficción. Dormir se vuelve sueño, y el sueño, aventura. Sin descanso busco completar esas curvas, y pintarlas desnudas sobre el lienzo de una noche, perderme y fundirme en ellas, y entonces, volver a soñarlas. Son obsesión, y mi visión, al cerrar los ojos y lanzarme al vacío, un sueño inquieto, sensual e inconcluso.

Y ya, antes de que nada pase y todo pueda comenzar, el grito enmudece. Se perdió el instinto antes de verse saciado, y roto y baldío, todo vuelve a su estado primigenio, a la triste pero común supervivencia de la carne y la lenta descomposición del alma. Como una metáfora mal hecha, queda a medias como no se sabe todo lo que se pierde en un momento como éste de pérdida antes de la lucha.

Así, tan sólo me queda la noche, la verdadera de farolas titilantes y trenes errantes, que ni siquiera me ofrece una brisa refrescante. Tan sólo ruido y un cielo negro, ciego, sin alma ni valor, alejado de la verdadera unión con el cosmos. Y aunque ya debería estar acostumbrado a tanto gris, de vez en cuando no puedo evitar que se detenga este pobre corazón, y observe la decadencia. Y con los ojos llenos de amarillo eléctrico y descuido tintado de desesperanza, tan sólo puedo volverme al espejo, y recibo otra bofetada de realidad.

Así que me giro a la almohada, y espero. Espero algo de esperanza.

Me pregunto si algún día llegará.

Con o sin curvas, deseo que llegue.

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Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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