Pasado, música y futuro

A través del último éxito de Linkin Park, se abre la veda de los futuros perfectos. Y el mio es la íntimidad de una casa en medio de la nada, cerca de algún Loch escocés.

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“Holding out to what I haven’t got” “The hardest part of ending is starting up again”.

http://dl.dropbox.com/u/10059366/08%20Waiting%20for%20the%20end.mp3%20

Esas son las dos líneas que más me han marcado, casi con toda seguridad, de toda la discografía de Linkin Park. Y eso que toda la canción, Waiting for the end, de su último disco, A thousand suns, resuena conmigo, que toda ella parecen mis sentimientos puestos a ritmo y verso. Pero esas dos especialmente, como sacadas directamente de esa parte de mi mente que nunca está activa del todo y que nunca descansa, me agitan y me hacen zozobrar con la cercanía que poseen. Por un momento, me hacen pensar que el que las escribió y yo compartimos alguna situación, algún momento vital de los que marcan, detienen y obligan a pensar.

Pienso que es probable que me ocurra demasiado a menudo lo que me ocurre con estas líneas: toda esta nostalgia indebida, todos estos recuerdos unidos a canciones. Porque es indudable, la música relanza toda esta feria en mi porque no puedo evitar (y no pretendo tampoco) que mi mente asocie música con algunos de los momentos que más atesoro de mi vida. Y he puesto atesorar porque al principio había pensado en “mejores”, pero algunas de las cosas que reviven con la música, sinceramente, me dan ganas de llorar.

Pero, la gente es normal, y ni llora al escuchar una canción sin más ni habla consigo misma… Así que me callo y me aguanto respectivamente, y simplemente me abstraigo un rato, que parece que es lo que mejor se me da. Junto a imaginar futuros perfectos.

Y hablando de imaginar, el otro día descubrí que una buena amiga mía compartía esa mala costumbre: la de ejercitar la imaginación, sobre todo antes de dormir pero ya acostada. Y como estas líneas (que no me he olvidado del principio de la entrada, no) también me sugieren un cierto camino futuro que últimamente se me ha aparecido con mucha frecuencia, voy a compartirlo, a ver si puedo cambiar un poco escribiéndolo, que me estoy quedando atascado.

No es ningún secreto que me gusta mi intimidad. Incluso podría decirse que me gusta mi soledad. El primer pensamiento que me asalta cuando tengo que comunicarme con alguien (tipo tener que llamar, mandar un mensaje al Facebook o algo así) es: “Espero no molestar”. Sí, tal vez disfrutar tanto de Sólo en casa de pequeño significaba algo más que aprecio por os clásicos de Hollywood. Total, no es de extrañar, pues, que uno de mis… futuros queridos sea el de vivir en una casa en medio de la nada.

Claro, en medio de la nada suena un poco mal. No me malinterpretéis. Yo vivo (voy a hacer como si ya hubiera alcanzado ese futuro ya mismo. Pecata minuta) en una casa, a ser posible, con bastante domótica, aunque no es requisito indispensable. Comodidades básicas de agua, electricidad y calor e internet (aunque seguramente móvil) cubiertas. Seguramente, además, cubiertas a base de un riachuelo cercano junto a minidepuradora, placas solares, molino de viento y todo lo que se necesite para ello. Siempre he sido de ahorrar, así que no sería traumático apagarlo prácticamente todo a partir de cierta hora.

Comida, claro, a comprar en masa en la civilización más cercana. Incluyendo la del Beagle que tengo. Lo llevaría a pasear por los bosques, montes o lagos circundantes (a ser posible, todo mezclado), y evidentemente tendría que llevar un GPS para no perderme, porque mi sentido de la orientación dudo mucho que mejore ya, por mucho que hasta los 35 se crezca.

El trabajo que tenga, claramente, he de poder hacerlo desde casa. Que además dé el suficiente dinero para hacerme (o comprar) una casa así, reduce la posible lista enormemente. Alguno tendrá que haber, de todas maneras.

Finalmente, sobre la familia y amigos. Ambos bienvenidos, pero si vivo en una casa en medio de la nada con un perro… Creo queno hace falta decir cuánto tiempo serían bienvenidos. Además, y éste es el meollo de toda la cuestión, no estaría incomunicado. No pretendo renunciar a Internet. Podría hablar con cualquiera en cualquier momento. La única diferencia es poder desconectar y escuchar Waiting for the end cuando yo quiera.

Dos cosas a modo de final. ¿Dónde puede estar este paraiso solitario? Cerca. Escocia. Debería hacer más público que estoy enamorado de ese país desde que fuí. Tengo que hablar más de ello. Y la otra, que el “desconectar”, una vez más, puede ser la idea más imporante de todo esto. Desconectar con la música, con los recuerdos, con el trabajo de la imaginación, o viviendo le jos, muy lejos. Desconectar, olvidarte hasta de comer un día. Y hacerlo sin remordimientos. Porque parece que últimamente, o para ciertas personas, desconectar u olvidar es de mala eduación. Que la relajacion para ellos es una pérdida de tiempo, como el humor o la risa.

Sin embargo, todas esas cosas son las que nos ayudan a hacer algo maravilloso: nos ayudan a ver más allá de lo evidente. Nos ayudan a empatizar. Nos ayudan, en definitiva, a ver el alma de los momentos que vivimos.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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