Viejos recuerdos (III)

Ocurre a los 26 años y medio.


Viejos recuerdos (III)

—¿Por qué es Matriarca? ¿Cómo ha podido llegar a convertirse en la Matriarca estando así?

—Eso no importa —respondió cogiendo a Akane y enderezándola —. Tú debes irte de aquí.

—¿Y vosotros? —contravino ella con su agarre hercúleo —¿Qué vas a hacer?

—Tranquila —respondió juntando toda la confianza que no sentía — tengo un plan.

Al momento se arrepintió de haber dicho eso. Sonaba tan falso que no le extrañó que lo primero que hiciese Akane fuera mirarle con total incredulidad. Aún así, consiguió forzar una sonrisa en sus labios y un “¡Vete!” mudo que consiguieron que Akane se marchase.

Ahora tan sólo tendría que vencer a Shampoo. Por primera vez en su vida.

Por suerte, Ranma estaba haciendo un muy buen trabajo de mantener ocupada a la Nujiezu. Lentamente, salió del cuarto de estar al jardín, donde Ranma y Shampoo peleaban.

—Maldita violenta Nujiezu, viniendo hasta aquí a atacar a mi mujer y mi amigo, serás…

—No he venido a atacar a nadie —interrumpió Shampoo con el tono desvariado de quién le explica algo muy evidente a un niño —. Tan sólo estoy atando unos cabos sueltos. Y no me lo estáis poniendo nada fácil.

Produjo un chúi más de entre sus ropas y lo utilizó para intentar hundirle las costillas en los pulmones a Ranma de una estocada. Sin embargo, su amiga esquivó el ataque, al igual que la patada giratoria que siguió, contorsionándose hacia atrás como una serpiente. Cuando tocó el suelo con la espalda y Shampoo se acercó para asestar el golpe de gracia con su chúi, Ranma hizo una tijereta, derribando a su atacante y ganando la verticalidad.

—¡Vamos a acabar con esto de una vez! —exclamó Ranma furiosa, sacando una espada que rápidamente reconoció como la antigüedad que su madre le había cedido en la boda —¡Estoy harto de tus perras y de ti! ¡Esto acaba hoy!

—Tienes razón en algo —convino Shampoo aún riendo —. Esta persecución acaba hoy.

De la nada aparecieron otras tres guerreras. Una llevaba una espada como la que había lanzado Shampoo; otra estaba armada con sais y la última con unas dagas pequeñas. A una orden de Shampoo, la de los sais y la de las dagas fueron a por Ranma, y la otra fue a por él.

Justo antes de que le alcanzara, dio un salto por encima de su rival, alejándose de la casa y ganando espacio para maniobrar. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para reaccionar, porque nada más tocar suelo tuvo que esquivar una estocada dirigida a su corazón a una velocidad endiablada.

Esquivo otro para de ataques rápidos y, aprovechando la distracción que un grito de dolor de una de las Nujiezu provocó en su atacante, atacó con una maza de hierro que sacó de la manga. Conectó ligeramente en el hombro, y su atacante dio unos pasos para atrás. No queriendo perder la iniciativa, continuó agitando la maza en círculos al tiempo que sacó la garra metálica que le quedaba más otra de repuesto.

—Mucho mejor —afirmó al tener las garras puestas. Guardó la maza e hizo un gesto a la Nujiezu invitándola a empezar la segunda ronda.

No tuvo que esperar, ya que ella se lanzó contra él gritando con rabia y con la espada en alto. Intercambiaron un par de golpes, y las sonido de metal chocando contra metal llenó sus sentidos. Cada corte que blocaba con sus garras mandaba una fuerte vibración por todo su cuerpo que no hacía sino tensarle aún más.

Saltó por encima de un tajo bajo dirigido a sus tobillos y retrocedió para evitar el corte horizontal al pecho que lo siguió. Cansado de estar a la defensiva, decidió que había llegado el momento de usar lo mejor que tenían aquellas garras.

El siguiente tajo vertical no lo evitó, sino que alzó sus brazos para atrapar la hoja entre las garras. Su contrincante se dio cuenta al ver la sonrisa en sus labios, pero ya era demasiado tarde. Retorció con todas sus fuerzas su brazo, y la hoja cascó limpiamente.

Y entonces, sintió un dolor frío y horrible en el costado.

—¡No! —se giró, y vio la sonrisa de muñeca de cera de Shampoo, y sobre su hombro, más atrás, a Ranma terminando de noquear a la Nujiezu con los sais y corriendo hacia él. El tiempo pareció detenerse, y al bajar la vista, discernió el plateado de un filo perdiéndose en su costado.

—Más vale que te pongas en paz con Sylphé, airen —susurró Shampoo en su oído —, aunque me temo que Sylphé no tiene ganas de escucharte.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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