Viejos recuerdos (II)

Ella es más mortal que nunca, y con el poder del matriarcado en sus manos, no parece que vaya a parar ante nada para acabr con él. ¿Qué puede hacer?

Anuncios

Ocurre a los 26 años y medio.


Viejos recuerdos (II)

—¿Me recuerdas… airen?

En un flash de movimiento, Shampoo tiró el mapa y se dirigió hacia él con la espada en alto en un agarre a dos manos. Tuvo el tiempo justo para sacar de entre su ropa de verano unas garras metálicas de gato con las que desviar el ataque. La mesa quedó hecha pedazos, y decidió poner algo de espacio entre los dos dando un mortal hacia atrás.

—¿Escapando de nuevo? —quería saber dónde estaban Ranma y Akane, decirles que se fueran o algo, pero no se atrevía a perder de vista a Shampoo ni un segundo —Tranquilo, no voy a hacer que esta vez sea tan fácil.

—¿Qué haces aquí? —estaba claro lo que hacía allí, pero tenía que conseguir tiempo como fuera. Como ella empezó a rodearle, él hizo lo mismo.

—¡Oh, esa es una pregunta que tiene una respuesta de lo más graciosa! —había intención asesina en los ojos de Shampoo. Hacia girar la espada como una hélice mortal, y la risa que llevaba dibujada en el rostro no hacía sino aumentar la estampa de peligro que daba —Verás. Resulta que tu pequeña escapadita fue lo mejor que hiciste nunca por mí.

—Fue lo mejor que hizo por él mismo, loca desvariada —maldita sea, Ranma. ¿Cómo se le ocurre? ¿Es que acaso no se da cuenta del aura que está dejando escapar Shampoo? ¿Tanto golpe a la cabeza ha hecho que ya no vea el peligro cuando lo tiene delante?

—Me imagino que eso también —respondió sin dejar de sonreír, y su preocupación se dobló. Estaba demasiado ida como para siquiera enfadarse por los insultos —, pero no, el favor me lo hizo a mí. El día en que se marchó, empecé a ver con claridad.

Vio una oportunidad, y atacó. Intentó un par de cortes con las garras, pero ambos fueron rechazados con la espada. Sin embargo, eso es lo que quería y, levantando un trozo de mesa del tamaño de su pecho de un golpe de talón, se revolvió a su alrededor y lo lanzó de una patada creciente hacia Shampoo.

Sin embargo, la Nujiezu cogió el proyectil con la espada, ensartándolo como un pincho, y lo deshizo en mil pedazos con unos rápidos movimientos. Incluso dio un par de pasos hacia él antes de que un borrón de color le hiciese retroceder.

—¡Tú, loca maniática! —gritó Ranma irguiéndose entre Shampoo y él. Aún así era más pequeña que ellos dos —¡Más vale que te olvides de atacar a un amigo mío o de mi mujer!

—¡Oh! —exclamó Shampoo sin perder su sonrisa de muñeca infernal. Esa expresión le heló la sangre y, movido por instinto, buscó a Akane con la mirada. Estaba de pie, apoyada contra el marco de la puerta que daba a las escaleras del pasillo, agarrándose su barriga con expresión de susto, en línea recta y libre a Shampoo.

—La verdad es —continuó Shampoo con un brillo más negro en los ojos, y supo lo que iba a hacer —, que nunca llegué a terminar aquel beso de la muerte que tenía pendiente con “tu mujer”. Muy mal, teniendo en cuenta que ahora soy la matriarca. Un error, sin embargo, fácilmente solucionable.

Y lanzó su espada como una jabalina hacia Akane.

El tiempo pareció detenerse. Ranma lanzaba una mano hacia la espada, una mano pequeña comparada a su versión masculina, y no la alcanzaba. La horrible sonrisa de Shampoo se ensanchaba aún más. Akane tan sólo abría los ojos y se echaba las manos hacia su hinchado útero.

Y la garra que había lanzado rozaba ligeramente la espada, lo suficiente como para que terminase clavándose a la izquierda de Akane, a un par de centímetros de su cintura.

De repente, Ranma volvió a girarse y asaltó a Shampoo con una ráfaga de puños más rápidos de lo que el ojo pudiera seguir mientras su pamela caía lentamente a su espalda. La Nujiezu aún sonreía, y él se dirigió a toda velocidad hacia Akane, guardándose la garra que le quedaba… de momento.

—¡Akane! ¿Estás bien? —parecía respirar normal, y su pulso, aún acelerado, no era preocupante. Lo peor era el sudor frío y el gesto de dolor que hacía cada vez que miraba hacia su abdomen.

—Sí, sí —respondió al fin, y entonces le agarró como si sus manos fueran un par de pinzas hidráulicas —. ¿Por qué es Matriarca? ¿Cómo ha podido llegar a convertirse en la Matriarca estando así?


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s