Ángel de puños

Ocurre a los 19 años y 4 meses.


Ángel de puños

Me despierto, y siento su calor. Su pelo lavanda acaricia mis ojos recién abiertos, y siento que no puede haber un ser más feliz sobre la Tierra.

Me levanto con mucho cuidado de la cama, para no despertarla, y me dirijo a la cocina. Poco a poco, mientras el sol de la mañana va levantándose por encima del valle, preparo un desayuno que le haga olvidar aquellos que tomó en Japón. Lo coloco en la mesa de la cocina y, durante un momento, los rayos del sol bañan mis manos mojadas y unos destellos de fantasía me ciegan, pero no me molesta.

—Buenos días —me giro y en el umbral de la puerta está ella, despeinada y sonriente. Últimamente siempre se despierta sonriente, y yo me siento tan afortunado de verla así.

Al ver el desayuno, salta como una colegiala y me mira expectante. Le hago un gesto para que empiece a comer, y lo hace con gusto. Después de observarla durante un momento comer, me uno a ella. Cuando terminamos, reímos por el puro placer de hacerlo, y ella me agradece la comida con un beso, tierno y fugaz, que me hace sentir aún más afortunado.

Después, toca limpiar la casa y preparar nuestra pequeña escapada al bosque. Hoy voy a enseñarle alguno de los escondites que utilizábamos Zu-Ren y yo cuando éramos pequeños. Entonces comeremos en el bosque y, al atardecer volveremos a casa a tiempo de disfrutar del ocaso del sol. Será un día maravilloso que recordaremos dentro de muchos años.

Cuando por fin hemos terminado de prepararlo todo, el sol está ya en su punto más alto de su recorrido. Es el momento de mayor actividad de la aldea, pero nos da igual. Estamos cansados de ocultarnos, y la velada que nos espera es demasiado buena como para atrasarla por cosas inevitables.

—Vámonos —insiste ella ante mi reticencia —. No pueden hacernos nada. Enséñame el bosque y olvidémonos de ellos.

Salimos de casa y cierro detrás de nosotros, con nuestro picnic a la espalda. Nunca han llegado al extremo de robarnos, pero no quiero correr ningún riesgo. Aunque nuestra casa está apartada del resto de la aldea, colindante con la empalizada, hemos tenido que aguantar las burlas de casi todas las Nujiezu.

Cómo no quiero que Shampoo tenga que aguantar ni una vejación, nos dirigimos a la puerta de la empalizada. Iremos al bosque rodeando el pueblo. Shampoo, aunque no le gusta ceder haciendo estas cosas, está de acuerdo conmigo en que hoy es un día demasiado especial.

—Mira quién está aquí —por desgracia, Ol-Hun, guardia de la puerta y, cuando éramos niños, amiga mía, no quiere dejarnos pasar sin antes divertirse un poco —. ¿Y qué llevan ahí? ¿De picnic en comunión con la naturaleza?

—Ol-Hun, por favor… —pero mi suplica no tiene más respuesta que más mofa.

—Más vale que comunes mucho con la naturaleza, fracasada —la sonrisa que se dibuja en su rostro lleva arrastrando, me imagino, todos los años que Shampoo ganó el torneo —, porque con esa escoria de ahí no vas a poder comunar mucho…

De repente, Ol-Hun se dobla hacia adelante, expulsando el aire de sus pulmones de un quejido. Cuando me quiero cerciorar de que Shampoo sigue detrás de mí, me doy cuenta de que es ella quién ha golpeado a Ol-Hun. Y ahora, en una fracción de segundo, Shampoo lanza cientos de puñetazos al cuerpo de Ol-Hun. La guarda no puede defenderse, y al cabo de unos segundos, empieza a salir sangre de su boca.

—¡Basta! —grito escondiendo el ápice de satisfacción que había empezado a sentir. Me abalanzo sobre Shampoo, la abrazo por la espalda. Poco a poco, se detiene, y su melena lavanda queda inmóvil. Ol-Hun, en el suelo, escupe un par de veces sangre y se queda en posición fetal, incapaz de poco más que aguantar consciente. Su compañera de guardia se la lleva al médico de la aldea y Shampoo y yo nos vamos hacia el bosque.

–Te dije que no pueden hacernos nada —dice Shampoo casi como en trance. Su cuerpo está rígido, pero su respiración es muy calmada. Mi cuerpo quiere temblar, pero se lo impido a base de fuerza de voluntad —. Soy la más fuerte de esta aldea, y no dejaré que nos hagan nada.

—De acuerdo.

Vamos hacia el bosque. Espero que pueda exorcizar los demonios que la corroen. Es la única salida.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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