Realidad, nada más

Un trozo de realidad, crudo, presentado directamente sin cambios ni mejoras.

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Como reza el título, a continuación viene uno de esos escritos que más bien parecen una hoja arrancada del diario que nunca llevaré al día. Una hoja arrancada y encontrada, además, al ordenar un poco una habitación que poco a poco empezaba a tomar forma de monstruo inabarcable. Así que, sin más título que una declaración de principios, ahí va:



Ha llegado la noche, y con ella el canto descosido de una luna que se ha vuelto solitaria. Intento conjurar imágenes poéticas que tinten de belleza mi estar tirado en la cama con papel y boli. Sin embargo, lo único que se aparece es la misma canción una y otra vez desde el móvil.

No es una llamada. Es un simple vídeo bajado de Youtube. No son los sonidos de la fiesta, son los ruidos de los vecinos. Tampoco son las estrellas, tan sólo una bombilla de bajo consumo.

Lo único que tengo aquí, además del tacto de mi niñez, son recuerdos tuyos que últimamente hacen mis noches algo más penosas. Me roban las fuerzas y minan mi ánimo, obligándome a la cama sin haber hecho nada en todo el día. Justo como aquellos días de habitación solitaria y madurez pretendida.

Ni siquiera sé muy bien lo que pretendo escribiendo todo esto. Las palabras vienen y se van como un vendaval de expresión entrecortada, resonando en mi boca cerrada con la voz de mis pensamientos. Y mis pensamiento me llevan en todo momento a ti, como si fueses algún tipo de solución mitológica a los males que en realidad no me achacan.

La realidad de esta realidad
Las viejas manías...

“Busco” me viene a la cabeza, pero en realidad la búsqueda ya está terminada. Ya sé lo que quiero en mi vida, y eso no te incluye, pero te sigo añadiendo a mi equipaje como un peso muerto del que fuera responsable. Supongo que es la pena, nacida de un entendimiento tan penoso de la supuesta felicidad, lo que me impulsa a recordarte ahora que ya lo tenía todo para olvidarte.

Sigo “buscando” una frase magnífica con la que resumir el estado de ánimo que me maldice, y me entra miedo escénico de no encontrar nada que merezca la pena. De siempre ese miedo a no ser/hacer/dar nada que merezca la pena, que se expone en mi incapacidad para perder el miedo a quedar como un idiota.

Eso sí que sería un buen regalo de Reyes, aunque tal vez pueda conseguirlo por mi cuenta. Ése soy yo, el eterno optimista. ¡Y yo que pensaba que eso le gustaba a las chicas! La verdad es que no; prefieren, y con mucha razón, a los que hacen cosas, aunque no sean buenas, aunque no encuentren la rima de las cosas.

Total, que yo quería deshacerme de ti y al final he escrito otra cosas sentimental sin dejar ni un momento de ser yo. No, si al final cada día más como Woody y menos como un aburrido hombre normal.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

1 comentario en “Realidad, nada más”

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