Un poco de Navidad y sus sombras

Poema en rima libre de melancolía y lluvía en Navidad.

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No sé si fue en Navidad o Nochevieja. Pero llovía con cierta intensidad. Y frente a la cocina de mi casa en Burgos, hay unas escaleras de cemento que suben, suben y unen dos partes de una “urbanización”. Luego, más adelante, tienen unas hermanas de madera que atraviesan el bosque del monte y terminan por dejarlo a uno en el castillo de Burgos. Pero esas son demasiado lejanas y escondidas, y a mí las de cemento son las que me hicieron pensar. Tanto tiempo viéndolas y nunca me había parado a pensar que, efectivamente, podían esconder una historia, ser el reflejo de otra confesión. Y empecé a escribir, y cuando me dí cuenta, no había ni rima, ni métrica ni orden. Apenas había belleza. Tan sólo fluir, como el de la lluvia escaleras abajo. Y por eso este se lo dedico a ese buen amigo que nunca dejará de abogar por la rima libre y la libertad en la métrica, y por fluir por este mundo rocas inamovibles y presas disfrutando cada instante del que disponemos.

El fluir de una sombra

En unas escaleras en la noche,
escaleras de cemento mojado,
mal iluminadas, muy empinadas,
veo una figura que asciende.
Lleva un sombrero y gabardina,
va a juego con la noche,
que le rodea y le traga a veces
y tan sólo se descubre ante
mi atenta mirada.
Sube y se difumina su reflejo
en los charcos eléctricos
de luz y conciencia. Se aleja
pero lo sigo, ya que posee
una parte que se me cayó
al conocerte.
Sigo mirando por la ventana,
la que te ponen los recuerdos
como gafas de un especial cristal
que al mismo tiempo te da
futuro y pasado, todo mezclado.
Vuelve la lluvia, la figura
y las pesadillas que acompañan
a tan distinguido ser,
al que prefiero no poner nombre
pero miedos.
Salta y huye, acelera seguro,
y se funde aún más con
lo oscuro de otro mes arrancado,
aunque parezcan días son semanas,
aún meses, horas.
Entonces se da la vuelta
y en su rostro el miedo,
vampiro de la esperanza,
y su víctima rasgada en sus brazos,
mañana sin vida me observa.
Comprendido y vencido, retorno
de mi ventana a mi cama, y
de ahí al sueño inquieto.
No sabría decir con certeza
si lo que sueño me ayuda o
tan sólo me canta aún más
melancolía.
Sólo sé que con un rostro
al miedo húmedo de cemento
saco un poco más de fuerza
aunque ya apenas quedaba
para afrontar.
Y odio llegar a este punto,
¿por qué será que el calor
y el cariño llevan a este dolor
nacido del miedo? Tan
solo, el erizo, responde.
Sin milagro ni sentido,
todo esto lo escrito, confesión,
lenta disposición del hábito
que pensamiento ha salido
a lo escrito.
Todo esto, decía así,
ni más que los miedos de
uno que a disfrutar
de la compañía le ganan,
ni menos es nada.
Y son los miedos de esas
escaleras mojadas de cemento,
miedos de flores y sus
tormentos y sus faltas,
con eso vivo y quiero
hacerme mejor, más contento.
Vivo pues, pues no me sale
de otra manera, para superarlos
y que el día que viene sea
paraíso de eso de lo que
hace uno cuando vuestras
sonrisas.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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