Años después, me olvido

Es curioso. Empiezo muchas de mis entradas así, recordando alguna cosa y pensando que sería buena idea marcar lo curioso que me resulta ese recuerdo. Esta entrada, sin embargo, va de olvido.

Solía haber una fecha, hace algo más de un mes para los numerólogos, que removía sentimientos y fomentaba promesas vanas. Había reverencia hacia esa fecha; una cierta melodía de nostalgia del que no conoce nada mejor, la naturaleza muerta de un sueño que quedó en el bordillo de una noche dormido y solo, tirado. Había ciertamente más alrededor que en el meollo de la cuestión. Tanto así, me temo, que aún cantando sombras no quería darme cuenta de que estaba en la oscuridad.

Y sin embargo, no puedo dejar de aceptar que había poesía en esa fecha. Dos ojos como faros, y una luz que por un momento me hizo héroe y villano de un teatro que ni siquiera sabía se estaba representando. Los aires de una noche de estrellas eléctricas, de una representación más bien pobre de la cumbre de un corazón. La cicatriz de un atrevimiento, de saltar al vacío sin cuerda de seguridad, y yo pensando que todo estaba bien.

Total, que uno ya se sabe algo tontaco, pero recordando esa fecha no puedes hacer otra cosa que echarte a llorar. De risa. Eso es aprender de los errores, ¿no? Reír al cometerlos otra vez. No llorar. Poner una cuerda de seguridad por tu cuenta.

Ahora, y esto es a lo que iba, ya no queda nada. Dos lagos, un desierto y la sempiterna tormenta han borrado las marcas. Esa sonrisa blanca, los ojos de escarcha y las canciones con tara; todo ello me aleja de un camino que nunca fue mío. Que incluso de haberlo sido, no lo hubiera tenido. También la vara y la persecución de un sueño recién despertado; incluso la felicidad de cada segundo, conocer cada rincón del Mundo, la honestidad brutal o la risa repartida libremente. Todos ellos me renuevan a cada minuto compartido.

Pero claro, a veces los caminos se cruzan a causa de algún delineante macabro, y aunque preferiría seguir escuchando las noches y sus estrellas con otra compañía, resulta que me viene de la nada otra vez esa fecha. Tanto así que llega y se instala en mi casa como el murmullo de aquel riachuelo que son mis días perdidos. Y como una corriente de aire frío, quedo desamparado en mi propia habitación, a merced de una sombra que ya había dejado atrás, que meto en todos mis viajes en la maleta.

Este nuevo estatus de las cosas, aunque no extraño, es como el dolor de muelas: no lo aceptas hasta que te obliga a llorar. Huir, aunque no sea ni cortés ni valiente, es definitivamente una solución que puede llegar a ser consecuente. Sin embargo, no es acción de la que quiera tomar gusto, que poco se arregla cuando se escurre el bulto. Así que a la segunda nada más me enfrento al fantasma, y el pasado trato de tenerlo siempre en cuenta. Y con todo esto en mente, ¿qué me encuentro?

Nada.

No hay hormigueos. No hay tartamudeos, ni miradas obscenas a través de las puertas. No hay impaciencia por la presencia, ni temor a perder el momento mágico del cambio. No queda nada, ni arena en la parte superior del reloj, ni vida en la Luna, por mucho que se empeñen los japoneses. Tan sólo fluye la sangre las venas. Tan sólo exhala humo cuando fuma. Tan sólo bebe para ahogar sus penas.

Ahora tan sólo queda el misterio de qué hubo de especial, el porqué de la imbecilidad que nos inundó de manera sobrenatural. Tantos problemas para tan poca persona; tantas decisiones para tan poca madurez; tanto amor para tan poco corazón. Puede que el tanto para tan poco despierte algún tipo de sentimiento fundamental del cuál yo no tenía conocimiento, pero ahora, tras unos cuántos años más de experiencia, de haber visto alguna que otra ola más chocar contra el risco, tan sólo queda la pena.

Ya nada es aquello que un día me cegó con su inquebrantable certeza, y la dulce confusión que aquella me producía. Años después, tan sólo un collage estático de una historia interminable queda, vetusto, en el museo de un corazón de hule. El melodrama cubre esa espuma de alegría y energía que te hacen valer, y mantienes con fe ciega las excusas de siempre para la autodestrucción y la autoflagelación. ¿Por qué seguir así si lo único que te prometes es llorar siempre en silencio? No puedo imaginarme ni siquiera lo que debes ver al cerrar los ojos.

Pero en fin, ya basta de esparcir el alma de la que está rota por dentro. Si valiese decirlo, podría sacrificar mi voz por hacer entrar en razón. Pero si las palabras quedan enmudecidas por el sonido del silencio, y la ceguera es ahora cortesía y poco más, tengo otros oídos que molestar que me importan más.

Desde aquí, nada más puede desear que encuentres algo o alguien que te haga cambiar de paradigma vital. Vivir así, al fin y al cabo, no puede ser vivir.

Anuncios

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

2 comentarios en “Años después, me olvido”

  1. Rodri… Tras horas y horas de ver solo números, gradientes y electrones abrir el ordenador y encontrarme con ésto es como llegar a un oasis…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s