La historia de un amor doble infinito y un error

Un pequeño relato, simple a propósito, reflejo en el espejo de la inocencia de una realidad que nos puede ocurrir a cualquiera sin merecerlo.

Esta es la historia de un error y un amor infinito.

El amor infinito apareció muchos años atrás, cuando los corazones aún eran jóvenes y algo inmaduros. Ni el momento ni los ancestros eran propicios a este amor, pero su fuerza y su luz eran tales, que nada pudo hacerlo desaparecer.

Y así, con sus momentos buenos y sus momentos malos, este amor fue madurando. Las tardes despierto, las horas de trabajo, las noches sin penas y la rama extraña en la que anidar; todo lo pasó, cada vez más fuerte.

En cierto sentido, parecía ser como la electricidad, con sus dos naturalezas: la positiva y la negativa. Batallando en un equilibrio incierto, una especie de magia indescriptible se escapaba de este amor, encontrando amigos insustituibles en los rincones más insospechados.

Ciertamente, este amor infinito vivía.

Al cabo de un tiempo, cuando el amor estaba tan lleno que parecía que podía explotar, algo maravilloso ocurrió. Decidió que debía ser para más corazones, y cuando se sintió infinito, añadió uno más.

Este nuevo corazón, al principio, pasó desapercibido.

Unas semanas después, empezó a hacerse notar, y llenó de alegría al amor. Pasó meses formándose, y más tiempo deambulando sin un camino claro. Estaba encerrado, y apenas podía comunicarse con el amor, que le esperaba impaciente y nervioso a partes iguales.

Fue una espera larga y en ciertos momentos penosa. A partir del momento en que el amor supo que el nuevo corazón había llegado, se creó en él una necesidad enorme de conocerlo. Pero, no había manera de hacer que el corazón encontrara el camino más rápido, y el amor tuvo que esperar a que lo hiciese por su propia cuenta, a su ritmo.

Finalmente llegó el fin de la espera, y el amor recurrió a la sabiduría para que la llegada del corazón ocurriese tan fácilmente como fuera posible. Nerviosamente, el amor se puso en las manos de la sabiduría, que estaba llena de experiencia y conocimientos.

Sin embargo, la sabiduría, que sabía más que nadie en el mundo, se comportó de forma altiva y, sin escuchar las advertencias del amor, obró siguiendo otro objetivo que no era ayudar al amor y al corazón. Y el corazón, solo, asustado e ignorante del nuevo mundo al que escapaba, tuvo problemas.

La sabiduría reaccionó tarde, y el corazón quedó marcado para toda su nueva vida. Y el amor, demasiado preocupado por su nuevo corazón, olvidó totalmente la responsabilidad de la sabiduría en la desgracia.

Aún así, contra todo pronóstico, el amor se volvió infinito una vez más, transformando así al dañado corazón hasta que sus heridas quedaron embalsamadas en amor.

Este narrador, sin embargo, no quiere, ni debe, olvidar el papel horrible que interpretó en esta historia la sabiduría, y quiere denunciar todas esas veces en las que la sabiduría olvida su servicio fundamental y vital hacia los corazones, y se postra hacia otros intereses oscuros y caducos.

Por eso, ojalá esta historia nunca sea olvidada, se interprete como se pueda, y que las conciencias de los artífices de la tragedia sepan aprender de sus errores.

Porque si la sabiduría carece de conciencia, ¿qué será de nosotros, simples corazones que tan sólo tenemos el amor como conocimiento?

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