Cap. 6 de S.A. original

Shampoo ha de desentrañar los secretos de una base que, de primeras, parece bastante evidente. Sin embargo, esas palabras esconden más de lo que parece, tal como descubrirá tras un encuentro fortuito con una persona menos ajena de lo que ella piensa.

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Eureka (II) o El Porqué del Rayo

Esta vez, “así” es chino y -asa- el sonido de una TV, o una radio, etc…

“Guau, airen ha comprendido la escuela del Dragón lo suficiente como para poder crear un movimiento. Aunque no sé por que me sorprendo. Airen es capaz de eso y más.” De esta manera pensaba Shampoo, guerrera mayor de la casi extinta tribu de las Nujiezu, mientras su boca se mantenía abierta en señal del asombro que sentía al ver como el escudo que Ranma había creado fue capaz de interceptar el proyectil que había lanzado Mousse.

Unos resquicios del astro rey iluminaban el rostro de Ranma, que se dirigía lentamente a la matriarca Cologne para devolverla el bastón que le había hecho perder la concentración. Shampoo pudo apreciar una solitaria gota de sudor que pendía de la nariz del joven. Cuando la amazona empezaba a soñar despierta sobre hasta donde podía caer esa gota, la voz de su bisabuela llegó hasta sus oídos.

“Muy bien. Es tu turno, bisnieta. Muéstrame.” Shampoo captó el mensaje, y empezó a prepararse para llevar a cabo el movimiento que tanto le había costado conseguir. Comenzó a entrar en un estado cercano al de meditación, haciéndose consciente de cada milímetro cuadrado de su piel. Comenzó a notar sus músculos tensándose uno a uno, como los huesos de cada articulación friccionaban el uno contra el otro, como la sangre llena de vida corría por sus arterias, y volvía vacía por las venas. Pudo incluso sentir como su corazón se abría y se cerraba en armonía al mundo.

Y abrió los ojos.

“Bisabuela coger cubo de agua fría y empezar a derramar justo delante tuyo.” Dijo Shampoo con una voz que denotaba profunda concentración. Sin perder tiempo, la matriarca le pidió un cubo de agua a Mousse, que sacó uno con tapa de entre sus ropas, y lo levantó por encima de su cabeza. Entonces, la joven amazona se acercó hasta ella, todavía haciendo ejercicios de calentamiento, y le ordenó. “Empezar a derramar, bisabuela.”

La anciana amazona hizo como se le había dicho, quitando la tapa, mientras en su cara se podía apreciar una sonrisa de anticipación. El agua empezó a caer como si de una cascada se tratase, arrancando preciosos destellos a la poca luz que quedaba, y Shampoo comenzó su demostración.

Abrió los ojos al máximo, y su mano derecha, que hasta entonces había estado apretada en un puño, se abrió, pero se mantuvo con los dedos muy juntos. Entonces la subió hasta la altura del pecho y la dejo perpendicular a la trayectoria del agua. En ese momento hizo algo increíble. Y su brazo, hasta el hombro, se convirtió en una mancha borrosa que ni siquiera Cologne era capaz de discernir completamente. Comenzó a mover su brazo a tal velocidad que, aunque su mano quedaba dentro de la cascada de agua, la chica amazona no se transformaba. Ni siquiera se podía apreciar que su mano se hubiera interpuesto en el camino del agua, porque ésta caía hasta el suelo en una sola corriente continua e ininterrumpida.

Al cabo de unos segundos el agua llegó a su fin, y Shampoo dejó de mover su brazo a esa increíble velocidad. Estaba muy cansada y respiraba pesadamente. Sin embargo, la sonrisa todavía permanecía en la cara de Cologne. “Ni siquiera me ha salpicado un poco. Bien, esto resuelve mis dudas. Ahora descansa un poco, niña mía.” Con eso, la anciana le indicó donde Ranma estaba sentado, con los ojos como platos y la mandíbula en el suelo intentando recogerla, para que se sentara por allí. Shampoo se dirigió lentamente hacía un trozo de tierra que todavía estaba cubierto por un pequeño manto verde, todavía comprobando si su brazo seguía teniendo la misma movilidad, y se dejó caer sin muchos miramientos.

Ranma parecía a punto de preguntarle algo, pero ella le indicó que guardara silencio y le señaló el lugar donde Cologne y Mousse estaban frente a frente. Ranma tan sólo asintió, y así ella, aunque intentó seguir la conversación entre Mousse y su bisabuela, pudo recordar por todo lo que había pasado hasta poder por fin darse cuenta del significado de la base de la escuela del Rayo.


“‘El rayo, tan efímero como la vida de los mortales.'” Esa frase no dejaba de revolotear por la mente de cierta amazona de largos cabellos lavanda mientras preparaba distraidamente la cena. Cuando la comida estuvo terminada, la repartió en tres platos y, sin ningún esfuerzo, se colocó cada uno en una mano y el tercero en la cabeza, y se dirigió al comedor.

Ahí, en la mesa más cercana a la cocina estaba sentada su única familia. Su bisabuela y aún jefa y maestra encima de la mesa, y en una silla sentado Mousse, a quién no era capaz de clasificar en ninguna categoría. Antes era fácil pensar en él como en una molestia o algo parecido a un amigo muy pesado, pero desde la escapada que se tomó unos días atrás, la forma de actuar del último amazona le era indescifrable. Ya no estaba constantemente declarando su amor por ella, ni siquiera le hacía más caso que ella a él, y eso era raro.

“¿Por qué debería molestarme eso? Así estoy mejor, sin nadie que esté constantemente molestándome. Es lo que siempre he pedido, al fin y al cabo. ¿Por qué debería molestarme que Mu-Tzu haya comprendido al fin que su actitud era incorrecta? Y sin embargo…”

La cena pasó sin incidente de mención, los tres comiendo en silencio, cada uno encerrado en su mundo, haciendo sus cálculos, pensando en sus presentes y en sus futuros, luchando en conflictos internos sin fin. Esta vez fue Mousse quién se colocó los tres platos en un solo brazo y se dirigió a la cocina a fregar. Bisabuela y bisnieta se quedaron, pues, solas en el comedor, con un silencio atronador presionando sus oídos.

Mientras que Cologne estaba muy tranquila leyendo y releyendo un papel muy largo que resultaban ser las finanzas del café, Shampoo se revolvía en su asiento y trataba de distraerse mirando a su alrededor, estudiando el lugar, intentando descubrir algún secreto invisible que se escondiera en las paredes o en los muebles.

“¿Qué te pasa niña mía?” Preguntó la matriarca con un tono de voz que denotaba cansancio al tiempo que levantaba la vista del largo papel para poder ver bien a su bisnieta, la cual apartó la mirada de su bisabuela con un gesto altivo. “A Shampoo no pasarle nada.” Respondió con el tono más seguro que pudo conseguir. Sin embargo la matriarca no era tan fácil de engañar.

“Venga Shampoo. Llevo enseñándote, preparándote por demasiado tiempo como para dejarme engañar así.” Respondió la matriarca dirigiendo toda su atención hacía la conversación. Sabía que llegaría el momento de hablar con su bisnieta así. Era increíble que Shampoo no se hubiera derrumbado en un momento cualquiera, sino que hubiera aguantado tanto y tan bien. Una cosa eran los entrenamientos que había pasado, para aguantar el dolor físico. Otra cosa muy diferente era el dolor psicológico. Ese dolor puede llegar a ser un estigma que llevas en secreto y te va carcomiendo por dentro, corroyendo tu inocencia y desatando la locura inerte a los seres humanos.

Pero, hay algo en los seres humanos que es sorprendente e intrigante, y al mismo tiempo maravillosamente intrínseco. Y eso es la capacidad de perdonar, de olvidar, de poder copar con las pérdidas y no hundirse en la miseria. Es tan inherente en el género humano que todo el mundo lo da por supuesto, y sin embargo, es uno, sino el más importante, de los pilares que nos sujetan por dentro y hacia los demás. Y sólo con los años, con la experiencia de la vida, las pérdidas, pero también las ganancias que se hacen durante la vida, se dan las personas cuenta de la hermosura de esa parte humana.

Cologne, como ser experimentado en el juego de vivir, conocía ese hecho, a pesar de su… problema con cierto viejo verde, y no pudo dejar de sonreír al recordar a cierto potencial aliado. Sin embargo, su sonrisa desapareció cuando en su mente entraron imágenes del resto de chicos que poblaban este concurrido distrito que era Nerima. Y para su mayor tristeza, tuvo que aceptar que su bisnieta estaba en el grupo equivocado. Sin embargo, eso todavía tenía arreglo. Y además, varias cosas se estaban poniendo en funcionamiento esos días, así que ¿por qué no?

“Shampoo solo confusa estar.” Dijo la amazona tras una larga pausa, sus ojos mostrando claramente el sentimiento que recorría y llenaba su cabeza. La matriarca sólo pudo asentir. La verdad es que ni ella misma sabía muy bien como empezar. Sin embargo, rendirse sin probar sólo aumenta tu desesperanza. “Ya… Podía suponer eso.” Respondió su bisabuela comprensivamente.

“Mira bisnieta. Como la situación de la tribu en este momento es bastante… precaria, he decidido que los antiguos ‘Besos de’ que resten, así como los compromisos de luchas en el extranjero, sean anulados temporalmente. He trasteado un poco y está hecho. Sin embargo, será mejor que esto no salga de este comedor ¿entendido?” Explicó la matriarca a su mejor guerrera, la cuál sólo asintió muy lentamente, tratando de comprender todo lo que suponía lo que acababa de oír.

“Así que, Shampoo poder ahora airen elegir ¿no?” Preguntó, no sabiendo muy bien si sentirse emocionada o triste. “Así es, bisnieta. Y una cosa más. Es hora de que empieces a tomar más decisiones por ti misma.” “No deberías… nadie debería empezar a tomar las decisiones importantes de la vida tan pronto. Pero no hay otro remedio…” Se dijo a sí misma la apenada y cansada amazona. Mientras, la joven de largos cabellos volvía, una vez más, a asentir, esta vez vagamente, a lo que su bisabuela le decía. Antes de sumergirse del todo en sus pensamientos, hizo un esfuerzo para atender a su bisabuela y matriarca.

“Bueno hija, hora de irse a dormir.” Mientras decía esto, la matriarca se acercó a ella andando por la mesa para dar un abrazo a su único retoño vivo. Sin embargo, antes de que pudiera poner en práctica el verdadero propósito del abrazo, la voz de Shampoo, y sobretodo, lo que dijo, la pararon en seco. “Bisabuela, no es necesario más que ayudarme a dormir hagas.” Cologne sólo la miro a la cara y la preguntó, casi pidiendo perdón. “¿Desde cuándo hace que lo sabes?” De nuevo, Shampoo apartó la mirada de los ojos de su maestra.

“Desde el primer día, al no recordar pesadillas. Seguras debían ser, y sin embargo, no recordabalas. Sólo bisabuela poder hacer punto de sueño retardado tan bien.” Con esa sorprendente declaración, la joven amazona se levantó lentamente de la silla bajo la atenta mirada de Cologne, y se dirigió hacia las escaleras, lanzando un perdido “buenas noches” tanto a su bisabuela como a Mousse, que terminaba de secar los platos para entonces, desapareciendo en la oscuridad del segundo piso.

Mientras vagaba a oscuras, sintiendo la pared con su mano derecha, por el pasillo que conectaba las habitaciones, hasta que sintió su habitación y entró, no pudo evitar pensar en las leyes de la tribu que acababan de ser cambiadas, sin dudas, por y para ella. “Uf… esto es… extraño. Simple y claramente, extraño. ¿Cómo he de sentirme¿Aliviada, al no tener que perseguirle¿Triste, por… eso? Ah…” Suspiró mentalmente, al tiempo que se encerraba a oscuras en su habitación.

Como se la sabía de memoria, no se molestó siquiera en encender la luz, además que siempre pensaba mejor entre las tinieblas. Un sentimiento extraño, pero no necesitar la vista le ayudaba a desbloquearse, a dirigirse y a conocer sus deseos. Por tanto con paso seguro y mano firme, saco su futon y lo colocó sobre el suelo de su habitación. Tan sólo unos solitarios rayos de la luna casi nueva entraban por la ventana semiabierta, iluminando el único mueble que había en la habitación además del armario donde se guardaba el futon. Una cómoda lo suficientemente baja como para servir de mesa, junto a un solitario taburete, la luz plateada que entraba por la ventana, al tiempo que una brisa encandilaba a las cortinas, haciéndolas ondear a su voluntad.

Al lado de la cómoda, una espada apoyada por la punta en el suelo mostraba su filo intimidante, y un par de bonboris encima del mueble, eran signos inequívocos del gusto por las luchas de la amazona. Y de que su vida estaba consagrada a la lucha. Por lo tanto, su esposo tan sólo podía ser aquel que le pudiera vencer en combate, o acaso, tuviera vastos conocimientos en áreas de vital importancia, como la medicina.

“Ah… no me hubiera importado casarme con alguien como el bisabuelo. No era un gran luchador, pero no había enfermedad a la que no encontrara remedio. Y la bisabuela siempre ha dicho que tenía ‘unos dedos de oro’. No sé que significa eso, aunque debía ser algo bueno, de la manera que la bisabuela sonreía siempre después de decirlo. Oh bueno, no sé…” Meneó la cabeza y juntó los hombros en señal de ignorancia, y terminó de prepararse la cama.

“Pero ahora, ya no tengo excusa. Y tampoco podré utilizar ‘débil Mu-Tzu’ nunca más. Y ahora que no hay obstáculos… no. Simple y llanamente, no. Nada más. Ni una explicación, ni una disculpa. Ni una vez más. ¿Y por qué? Esa escapada… le ha cambiado. ‘Como una flor que es semilla, y ahora guarda en su interior la promesa de un árbol alto y robusto. Te estás volviendo lo que él quería…’. ¿Qué significará…? Y lo más importante ¿quién es él?”

Tras ponerse unas ropas más apropiadas para dormir, la joven y confusa amazona se tapó con las mantas. Pero no se puso a dormir inmediatamente, sino que siguió cuestionándose y hablándose a sí misma, como solía hacer al acostarse antes de que su bisabuela la hubiera ayudado a su manera. “Ay… tantas posibilidades, a cada cuál más improbable. Puede que sea mi hermano. Ja, estoy tonta ¿no? O… puede que haya encontrado a otra… ¿eso es… bueno¡Pero bueno! Si yo nunca he querido a ese… cegato. No. Nunca le he querido de esa manera. Pero… es verle y… son tantas las malditas cosas. Supongo que era su manera de mostrar afecto. Pero parece… tan infantil… Y, no sé, parecía que quería… otra cosa de mí.”

Se dio la vuelta en la cama. El mundo estaba muerto. No oía ni su respiración. “¿Y si ya… no me encuentra atractiva? Pero… ¡cómo puedo pensar eso! Si ese pato no puede ver ni lo que está a tres metros. Pero, sin embargo… eso explicaría bastantes cosas… ¡No! Airen no está ya casado conmigo por esa… marimacho que trata de seducirle. Eso es así. ¿O no? La boda… fallida. Fallida. Je. Destrozada. Interrumpida. ¡Dios! Tonta. Y nada más que tonta. Fue, es demasiado. ¿Cómo hice eso? Por favor ¿en qué me he convertido?”

La joven apenas podía impedir que las lágrimas saladas salieran de sus ojos para morir en su almohada. Luchaba y se maldecía por ser tan débil, y trataba de reemplazar esos pensamientos por otros sobre la tarea que tenía entre manos. “¡Pero ya está bien! Ahora ha cambiado. Las cosas cambian. Las cosas siempre cambian, y Ranma siempre ha perdonado. Es increíble que siempre perdone. Aunque Saffron… puede que sea harina de otro costal. ‘Panta rei’. Todo fluye, todo cambia. Y ahora puede cambiar, puedo cambiar. ¿Puedo? Y en ese caso ¿qué pasará? Je… eso nadie lo sabe. Pero ahora sé que puedo. Y mi cuerpo… mi cuerpo está tan bien como siempre, no hay de que preocuparse.”

Shampoo había logrado contenerse. Por esta vez. “‘El rayo, tan rápido y efímero como la vida de los mortales’. Ah… estas escuelas, sus bases, parecen más… poesía. ¿Es que a nuestros antepasados les interesaba tanto? Parece ser. ¿Y qué dijo la bisabuela? Se necesita el mayor conocimiento del propio cuerpo ¿no? Pero que tiene que ver el rayo y el cuerpo de un luchador ¿eh? A ver… si no recuerdo mal, los impulsos y órdenes nerviosas se llevan a través de electricidad, la misma energía que la del rayo, básicamente. Si al final me ayudaran aquellos libros…”

En ese momento, los sonidos inconfundibles de un bastón golpeando el suelo periódicamente llegaron a los oídos de la amazona. Al cabo de un momento, su bisabuela y jefa la observaba desde el umbral de la puerta. Shampoo podía notar la mirada de Cologne a pesar de que todo estaba a oscuras. De repente, la voz de la jefa amazona con un claro tono de orden le llegaba hasta los oídos. “Creo que ya es hora de dormir, Shampoo.” Sabiendo que su tiempo de reflexiones había acabado, la joven Nujiezu sólo pudo afirmar. “Hai, bisabuela.” Así, Cologne cerró la puerta a su habitación y Shampoo cerró la suya a sus pensamientos.

Y esa fue la única noche desde su llegada a Japón que paso frío.


Shampoo se levantó muy tarde para su horario normal. Había pasado una mala noche, revolviéndose en su cama, sin descansar apenas, y eso se notaba en que su pelo estaba muy revuelto y le caía desordenadamente tanto por delante como por detrás. Al llegar al comedor, ya lavada y vestida, con mejor cara pero igual de cansada, su bisabuela la recibió con una sonrisa de esas suyas tan… suya.

“Buenos días, bisnieta.” Se paró, esperando que otro saludo saliera de la cocina. Un desganado “Buenos días” llegó hasta ellas, y, por un segundo, Cologne pareció sorprendida, aunque lo ocultó inmediatamente. O eso le pareció a Shampoo. La matriarca siguió hablando con un ligerísimo tono de irritación que la joven no captó. “Bueno niña ¿qué tal la noche? Pareces cansada.” La joven guerrera miró hacia otro lado.

“Shampoo no haber podido dormir bien del todo.” Respondió en un tono de disculpa. “Haber… pasado frío.” Añadió tras una pausa. Cologne entonces asintió muy lentamente. Sin embargo, en un momento estaba mirando de nuevo a su bisnieta como si nada. “Bueno Xian-Pu. Ve a practicar ahora porque después de comer tendrás que ir a encargar la comida para este mes.” Le dijo la matriarca medio sonriendo, esperando la reacción de su bisnieta.

“Jo… ¿Por qué Shampoo tener que ir a el encargo hacer¿Por qué no ir Mousse?” Preguntó indignada y un poco enfadada Shampoo. Pero antes de que siguiera quejándose de la injusticia de todo ello, su bisabuela la cortó. “Por levantarte tarde, niña. Ahora, empieza a practicar antes de que me enfade y me ponga yo misma a supervisar tus ejercicios.” La respondió con un tono que pretendía ser severo, aunque la sonrisa en su rostro desbarataba todo el efecto. Shampoo asintió entonces con una sonrisa también, y se dirigió a la salida trasera del restaurante.

El orbe amarillo que era el sol estaba ya alto en el cielo, e iluminaba todas las cosas casi perpendicularmente, prácticamente sin crear sombras, pero dando menos calor del que debería. El astro rey estaba de luto. Sin embargo, la joven guerrera Nujiezu hizo caso omiso del sol, y, prácticamente, de todo lo que tenía alrededor mientras se colocaba en posición de preparación para el combate. Estaba demasiado enfrascada en sus pensamientos.

“Entonces ¿ya no está interesado en mí¿Es eso? Ni siquiera saluda, ni siquiera reconoce mi presencia, ni siquiera… ¡Oh! Es… es exactamente lo mismo… que él. Pero… claro, nunca quería… ¡Qué tonto! Y… qué tonta. Pero ya está… otra razón más. La escuela. Eso, vamos a ver. La electricidad ¿qué tiene de especial? No sé… no se me ocurre nada en especial. Tiene muchas cosas, muchas aplicaciones y pro…” Sin embargo, Shampoo paró en seco su monólogo interior y el puño que estaba lanzando contra un enemigo invisible cuando oyó un fuerte golpe venir del tejado del café. Se quedó un segundo congelada en el sitio, pero en cuanto recobró conciencia de su cuerpo, sacó un bonbori de… bueno, algún lugar extraño, y dio un potente salto que la llevó al tejado del edificio que era su casa.

Y allí vio algo realmente extraño, o normal, no sabía decir, en Nerima. Esto es, a Ranma levantándose pesadamente tras haber seguramente recibido un VAN (Viaje Aéreo por Nerima) gratis cortesía de Akane. Entonces, actuando casi por instinto se acercó a él. Tuvo que contenerse para no abrazarle al instante, mientras que por el rabillo del ojo veía a su bisabuela acercarse también a Ranma con una cara que parecía de entretenimiento. No pudo evitar preguntar lo que bullía en su interior. “¿Chica Violenta haberte hecho volar de nuevo?”.

Ranma tan sólo asintió y le quitó importancia al asunto. Pero, en cuanto vio a Cologne, la encaró y habló de una manera tan seria que Shampoo dudó de si ése era el verdadero Ranma Saotome. “¡Eh, Cologne! Esta escuela del Dragón… tú sabes como es, en que se basa.” Dijo él. Después de que la matriarca asintiera, volvió a hablar. “Entonces¿por qué…?” Y Shampoo se sorprendió mucho al oír el tono de… ¿súplica? que había utilizado el joven. Pero entonces escuchó a su bisabuela y se sorprendió aún más.

“Tú decides Ranma. Puedes dejar ahora el entrenamiento, y nadie te culparía, ni te llamaría cobarde. No te tomes esto como un desafío, por que es tu modo de vida lo que está en juego. Ya te deberías haber dado cuenta lo fácil que es manipularte, poniendo las cosas como un desafío. Esto no lo es. Así que piénsalo.” Entonces Ranma se tumbó en el tejado. Por su parte, la mente de Shampoo era un hervidero de preguntas. “¿Cómo ha hecho eso la bisabuela? La única manera que teníamos de conseguir que Ranma se moviese como queríamos ¿y la destruye¿Acaso no quiere que Ranma se case conmigo¿Acaso ha abandonado la esperanza de hacer resurgir a la tribu?”

Antes de que pudiese seguir pensando en más preguntas sin respuesta, el joven de la trenza se levantó de un salto, una aura amarilla apareciendo a su alrededor. Entonces dijo, fuego en sus ojos, confianza en su voz. “Elijo aprender tu escuela Cologne. Ya verás, seré el mejor… ja, ja, ja…” Bisabuela y bisnieta intercambiaron miradas de incredulidad. Shampoo le iba a preguntar el porqué de su vuelo gratis, pero se le adelantó el chico. “Bueno, me marcho al dojo a terminar…”

Aunque no tenía nada que ver con lo que pensaba preguntar, el comentario le había picado la curiosidad. “¿A terminar qué?” Le preguntó al chico que ahora empezaba a caminar sobre una pared cercana. Éste se dio la vuelta y le dedicó una sonrisa de las que muestra muy pocas veces. “A terminar de desayunar, claro.” La mente de la amazona se quedó en blanco y perdió el equilibrio. “‘A terminar de desayunar, claro.’ ¿Cómo no?” Se preguntó a si misma la amazona.


La comida, esta vez obra de Cologne, vino poco después del incidente de Ranma. Mousse, sin embargo, no estaba con ellas y cuando Shampoo le preguntó a su bisabuela donde estaba el chico, tan sólo consiguió un “Por ahí” que no la convenció nada. Pero, antes de que pudiera investigar más a fondo, Cologne la recordó su encargo, y se desplomó en su asiento.

Y así estaba ahora, corriendo en su bicicleta a toda velocidad por la valla paralela al río de la ciudad, con una mano en el manillar y la otra ocupada con la lista de cosas y la cantidad que tenía que encargar en el almacén. Tan absorta estaba leyendo la lista, que no se dio cuenta de que había alguien andando por la valla también. Su pelo era rubio y parecía una joven de la misma edad que Shampoo, ataviada en un traje semi-informal que consistía en una falda que la llegaba hasta prácticamente las rodillas y una camisa azul con botones y mangas, también bien formada, pero no tan… voluptuosa como ella. Cuando unos pocos metros las separaban, la amazona apartó la mirada de la lista y la joven se dio la vuelta al oír un ruido detrás de ella.

La chica sólo pudo abrir exageradamente sus preciosos ojos verdes y levantar sus finísimas cejas en señal de asombro. Pero Shampoo reaccionó por instinto y unas milésimas de segundo se alargaron casi infinitamente para ella. Apretó a fondo el freno delantero, además de echar todo su peso en la parte delantera de su vehículo preferido, notando como la parte de atrás comenzaba a elevarse. Entonces, con toda la fuerza que sus músculos la dieron, apretó la rueda delantera todo lo que pudo contra la valla y, en un cambio más mental que de otro tipo, tiró hacia arriba como si quisiera levantar la Tierra sobre su cabeza, volando hacia arriba, haciendo que la rueda delantera pasara a escasos milímetros de la frente de la chica.

Unos segundos después, aterrizaba con dificultades en el cemento, con su corazón latiéndole tan fuerte que la hacía daño. Se dio la vuelta y vio a la chica mirando a los lados como buscando algo. “Eh¿qué estar buscando?” La preguntó con una mezcla de enfado y confusión. La chica se dio la vuelta y se sorprendió aún más. “¿Có-cómo has hecho eso?” Fue lo único que pudo preguntar.

Shampoo sólo la miró sin mostrar ningún sentimiento, tal y como su maestra la había enseñado. “Yo saber artes marciales de… artes marciales. Poder esquivarte por eso.” Respondió, tratando de que el orgullo no inundara su voz. Sin embargo, la chica sólo meneó la cabeza mientras decía. “No, no me refiero a eso, sino al hecho de que parece que hubieras desaparecido delante de mí. Es como si… flash, ahora estoy, ahora no estoy.”

Y entonces algo encajó en la mente de la amazona. Se acordó entonces, mientras la joven seguía mostrando su asombro, de una de las propiedades de la electricidad. Su velocidad. Y de ahí, a los rayos. Y se acordó. “Velocidad de la luz: 300.000 Km./s. La máxima velocidad. No hay nada más rápido. ‘El rayo, tan efímero como la vida de los mortales’. Efímero, rápido, instantáneo. Viajando a la suficiente velocidad, se puede engañar al ojo humano, haciéndole creer que hay lo que no hay.” Así que, para comprobar su propia teoría, dejó su bici en el suelo de manera que la rueda de atrás quedara en el aire. Cogió fuerte la rueda y, de un potente impulso, la hizo empezar a girar. Se concentró muchísimo, y el tiempo pareció ralentizarse, pues era capaz de distinguir perfectamente los radios de la rueda. Tras unos impulsos extras, cerró los ojos para descargar la tensión que había acumulado, y los volvió a abrir. Y ahora sí.

Donde se supone que tenía que haber un montón de radios que salían del centro de la rueda sólo se podía ver una masa gris que cubría todo el círculo que formaba la rueda. Satisfecha consigo misma, levantó la bici, la rueda parándose al apoyarse de nuevo en el asfalto, se montó, y giró la cabeza para ver a esa extraña chica que de una manera aún más extraña la había ayudado. “Gracias, Chica Rubia.” Y antes de que la susodicha pudiera responder, la joven amazona ya estaba lejos, muy lejos, dirección al almacén para una visita rápida…


Tras llevar a cabo unos ejercicios que implicaban el uso indiscriminado de barro y una increíble fuerza para mover los brazos, y la llegada bastante apurada tanto de Mousse como de Ranma poco antes de que el sol se tornara naranja, Shampoo se dirigía junto a sus dos compañeros de aprendizaje y a su maestra hacia el solar que estaba justo detrás del café. Un pensamiento se mantenía a flote como barco en el embravecido mar, mientras miraba a su compañía, la luz de la tarde iluminando sus caras como si de héroes elegidos por los dioses se trataran. Y una sonrisa de felicidad se extendió por su cara.

“Todo cambia. Y yo puedo cambiar.”


Al capítulo anterior. O a Sayonara Amazonas. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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