Cap. 5 de S.A. original

Ranma ha de encontrar el significado de la base de la escuela del Dragón, pero no le será fácil. Sin embargo, por lo que está en juego, merece la pena hacer todo lo necesario, aunque implique separarse de los seres queridos.

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Eureka (o Las Razones del Dragón)

Una vez más, “así” es chino y -asa- el sonido de una TV, o una radio, etc…

ANY CHARACTER HERE

Un color rojizo se extendía por el cielo, dándole el aspecto de un mar de penurias, mientras resquicios del sol todavía asomaban por encima del horizonte. La luz anaranjada que proyectaban por Nerima le daba un toque mágico al lugar, creando sombras largísimas que se perdían y mezclaban con otras. Cuatro personas, tres jóvenes y otra no tanto, se mantenían firmes contra la luz y la brisa que corría por entre las casas y los árboles. Estaban en un pequeño solar en desuso, donde yacían apilados grandes tubos de cemento que jamás serían usados, a la expectativa.

“Ranma, enséñame si has comprendido.” Dijo la Anciana Matriarca del pueblo Niejzu, estudiando al joven de la coleta que dio un paso al frente de los tres. Ese joven había hecho maravillas antes, y puede que hoy volviera a hacer una.

“Por supuesto Cologne. Ya verá…” Le respondió el joven heredero de la “Escuela de Artes Marciales Todo Vale”, con mayor confianza en cada palabra, la increíble concentración de ese sentimiento mostrándose en forma de aura que se revolvía a su alrededor. El chico empezó a concentrarse, adoptando una pose más recogida, y su aura le imitó, lo que interesó bastante a la amazona. Tras unos minutos de esta manera, Ranma adoptó la misma posición que se necesita para ejecutar un Mokô Takabisha. Sin embargo, cuando parecía que iba a soltar toda su confianza en una bola de energía, cruzó sus dedos y puso las palmas hacia afuera, como si quisiera hacerse sonar los huesos de los dedos.

Este movimiento interesó aún más a la vieja amazona, que levantó una ceja y se animó a hablar. “Y bien Ranma, ¿ahora qué?” Preguntó, camuflando su interés bajo un tono de aburrimiento. Ranma sólo respondió una cosa con voz tensa e inestable. “Lán-zame alg-go.”

La réplica no se hizo esperar por parte de la matriarca, que quería probar una suposición que había hecho. “Mousse, lánzale una de las armas que llevas.” El joven amazona la miró sólo un momento, pero muy intensamente, y se volvió. Apuntó, y en un segundo una punta de lanza atada a una cadena se dirigía a toda velocidad hacia las manos del joven Saotome.

Entonces, cuando la punta estaba a punto de atravesarle la palma de una mano, hubo un destello de luz acompañado de un chisporroteo, y la punta cayo inerte al suelo. Shampoo se quedó boquiabierta, mientras que Mousse levantó una ceja muy como lo había hecho su matriarca, y ésta lanzó su bastón, con dirección a la cabeza del joven que se convertía en chica. El bastón se acercó, se acercó… hasta impactar en la cabeza de Ranma, tirándole al suelo. Se levantó pesadamente y miró con algo parecido a una mezcla de orgullo y confusión a la dueña del bastón que había evitado su nueva técnica.

“Hey, ¿por qué has hecho?” Preguntó molesto el joven Saotome mientras se acercaba a ella con su bastón bien agarrado con una mano mientras con la otra se frotaba el lugar donde había hecho doloroso impacto el proyectil.

“Está claro que todavía tienes que mejorar mucho, pero esto me demuestra que has entendido. Me ha resultado interesante que hayas utilizado el Mokô Takabisha como técnica base.” Con esto, Cologne le arrebató el bastón en un parpadeo, a lo que el chico no le dio mayor importancia, y se puso a hablar con Shampoo. Sin embargo, la conversación se convirtió en murmullos, y después en nada, al adentrarse Ranma en los recuerdos del día, cuando por fin había comprendido lo que significaba ser un alumno de la escuela del Dragón.


“El dragón prepara el alba para alzar el vuelo.” Dijo en voz alta Ranma mientras caminaba de vuelta al dojo Tendo por las calles de Nerima. No podía empezar si quiera a imaginar por donde iban los tiros. Estaba perdido, y a él no le gustaba vivir en la ignorancia, pues ya lo había hecho suficiente para su gusto. Las prometidas, el contrato de Seppuku… la mayoría por culpa de su imitación de padre, pero algunas por su falta de ganas de saber. Eso, sin embargo, no pasaría más, pues después de la boda fallida se había dicho algo. Había sido aquella noche en la que Akane le dijo que estaba cansada de luchar, con lágrimas en los ojos. Eso le convenció de que debería saber más sobre las situaciones en las que se metía. Empezaron desde entonces una ronda de charlas con su madre, que comenzaban al venir del trabajo en el Nekohanten. Y ahora estaba realmente impaciente por llegar a la de hoy, ya que en las anteriores su madre había sido capaz de ayudarle bastante con algunos problemas que tenía.

Así que, acelerando el paso bajo la luz eléctrica de las farolas, en unos minutos se encontraba cruzando el umbral del edificio que fácilmente podría llamar hogar, la casa de la familia Tendo. Anunció su llegada del trabajo, y su madre, Kasumi y Akane salieron a recibirle, cada una por diferentes motivos. Estaba preocupado por la tarea que se la avecinaba, y eso lo notaron sus dos mujeres más preciadas.

“¿Qué pasa hijo? ¿Acaso hay algo que te preocupa?” Le preguntó su madre, preocupación mostrándose en su voz. Ante eso, y una mirada de igual preocupación que Akane jamás hubiese confirmado a nadie, el chico sonrió agradecido. “Oh mamá, no es nada importante, aunque me gustaría hablar de ello contigo.” Su madre asintió en respuesta, y el grupo se internó en la casa.

En el salón ya se hallaban todos los habitantes de la casa, y, como era ya tradición, la lucha por la comida entre Genma y Ranma había dado comienzo, muy reñida entre las triquiñuelas de uno y la habilidad superior del otro. Tal era la algarabía que el sonido de la televisión, sintonizada en Fuji TV, en pleno programa de noticias, era eclipsado por los ruidos de la pelea, además de que todos los comensales miraban atentamente a sus platos para no tener que ver una lucha que había pasado a mayores. La televisión daba otro aviso.

-Según nuestro corresponsal en China, Hideako Anno, nuevas luces misteriosas han sido avistadas por los pobladores cercanos a la cordillera de Bayankala, en la provincia de Quinghai, ¿no es así, Hideako? Sí, Nakaguchi, así es. De nuevo el fenómeno de las luces misteriosas, al que me he permitido darle el nombre de “Advenimientos”, se ha vuelto a producir aquí, en la provincia de Quinghai, con causas desconocidas. Ese nombre no es en vano, pues ya son muchos los que siguen esas luces allá donde aparecen. En efecto, este fenómeno y el que se produjo a unos cientos de kilómetros de aquí presentan las mismas características, es decir, luces extrañas que se elevan unos kilómetros por encima de una zona muy concreta. Esta vez, también, el epicentro es de muy difícil acceso, ya que se encuentra en un altísimo monte que tiene varios nombres: Monte de los Pájaros, del Destino o del Fénix, entre otros. Nada más por ahora, se despide Hideako Anno desde China para informativos Fuji TV.-

En el instante en el que el reportero desapareció de la pantalla del televisor, la batalla por la comida al estilo Todo Vale finalizó, con una ligera ventaja por parte de la nueva generación. Las familias se dispersaron entonces como si se tratara de un movimiento estudiado. Soun y Genma, a jugar al go, Akane a su habitación y Nabiki a la suya, Nodoka y Kasumi a fregar y Ranma… bueno, con Ranma era con el único que no se podía estar seguro. Esta vez decidió quedarse en el salón, con la mirada fija en el adorno del porche, que se movía a merced del viento.

Y en pocos minutos, él y su madre subían las escaleras en dirección a la habitación de invitados, donde la familia Saotome al completo solía dormir. Cerraron tras de si, y Ranma comenzó a hablar, ahora un poco más libre. Pero sólo un poco, porque su madre todavía era un factor que todavía no era conocido del todo. “Mamá sobre lo de esta tarde, no es que sea muy importante, pero me vendría bien tu ayuda. Es sobre palabras, y ya sabes que eso no se me da del todo bien.”

“Muy bien hijo, adelante, veré que puedo hacer.” Le respondió comprensivamente su madre, que trataba de recuperar lo que hace tanto había perdido. Nodoka estaba orgullosa de su hijo, pues, según lo que había oído, había alcanzado grandes proezas en lo que a la lucha se refiere. Sin embargo, y aunque al parecer era también muy varonil por el número de pro… esto, pretendientes que le perseguían, parecía ser que su hijo estaba un poco falto de… tacto.

“Verás mamá. Es que resulta que estoy aprendiendo unas nuevas técnicas, y necesito comprender lo que significa una frase, ya que si no, no me enseñarán las nuevas técnicas.” Se podía notar la impaciencia en la voz del chico, como aquel que busca conseguir algo que es nuevo y resplandeciente. Sin embargo, no es bueno guiarse por la publicidad que te hagan de algo, sino por lo que tú sabes de ese algo. “Bueno, tú dirás hijo.”

Ranma asintió rápidamente. “Sí, claro. Allá va. ‘El dragón prepara el alba para alzar el vuelo.’ Eso es. ¿Qué se te ocurre?” Preguntó impaciente el joven artista marcial. A su madre la frase le parecía curiosa, incluso poética, pero no se podía imaginar nada más. “¿Y dices que esto es..?” Preguntó ella, tratando de obtener una base desde la que partir. “La base de una escuela de lucha muy antigua.” Le respondió al instante su hijo, con lo que ella asintió. Estuvo absorta en sus pensamientos varios minutos, con la mirada perdida, lo que provocó que Ranma se impacientara y se preocupara, y empezara a mover la mano delante de ella.

“Hey, mamá, ¿estás ahí? ¿Te pasa algo?” Entonces ella se fijó en la mirada de preocupación de su hijo, y le dedicó una media sonrisa. Sin lugar a dudas, los innumerables acontecimientos por los que su hijo había pasado habían hecho mella en él, ya que este exceso de preocupación no podía ser normal. Por otro lado, a lo mejor si que lo eran. Pero ese era un tema que debía apartar de su mente, pues ahora su tarea principal era la de ayudar a su hijo, en lo que tristemente se veía bastante inútil.

“No se me ocurre nada hijo. No sé, tal vez tenga algo que ver con la noche, pues es en el único momento en el que el dragón podrá preparar el alba, que es el día.” Se sentó entonces, mirando algo apenada a su hijo que ahora tenía la mirada fija en el suelo. Ranma se puso lentamente en movimiento con intención de pensar un poco más antes de dormir. Cuando cruzaba el umbral de la puerta, se giró a su madre. “Gracias mamá. Eso que has dicho me ha ayudado. Buenas noches.” Su madre le devolvió la despedida y Ranma cerró la puerta, con dirección al tejado.


Antes de la boda fallida, el tejado azulado a dos aguas de la casa había sido su sitio preferido para pensar y pasar un rato tranquilo. Sin embargo, esto había cambiado, ya que últimamente ese lugar parecía que sólo le traía malos recuerdos, y sentimientos. Rabia, impotencia, dolor, pena… incluso el sentimiento de estar siendo el objeto de burla de algún dios. No es que él lo fuera a admitir nunca, ni siquiera a él mismo, pero no le hubiera importado nada haber solucionado su problema de la manera tosca, es decir, haber seguido adelante con la ceremonia aquel día.

Sin embargo, no era momento para ese tema. Lo que había dicho su madre sobre la noche había hecho que algo en su mente le diese un aviso. Además, en cuanto había visto esa medio sonrisa en su madre, los remordimientos habían hecho acto de presencia. Al fin y al cabo, ésta era su lucha, y sería él quién descubriese lo que hiciese falta. Pero, a pesar de sus esfuerzos, era incapaz de concentrarse en el problema que tenía delante, ya que maneras de cumplir e incumplir cierta petición rondaban su cabeza cada vez que posaba la mirada sobre la zona de tejado que pertenecía a la habitación de su prometida. Dejándolo por imposible hasta el día siguiente, de un par de saltos se metió en su habitación para dormir.

Y esa noche, dos ráfagas de viento, una muy intensa comparada a la otra, recorrieron el planeta. Una era cálida, feroz y llena de vida, capaz de reconfortar hasta el corazón más desdichado. La otra, fría y tenebrosa, casi malsana, helaba a las personas hasta los huesos.

Esa noche fue la más fría en Nerima.


Ranma se levantó con un objetivo claro. Ya que si su prometida estaba cerca, él, por alguna razón que se le escapaba, era incapaz de concentrarse, debería evitar estar cerca de su prometida. Antes de levantarse, temprano, como siempre, ideó varios planes, pero ninguno le satisfacía. “Podría ir al Ucchan’s… pero creo que estar al lado de cualquiera de las chicas será mala idea. No sé, no sé… Aagg, ¿dónde están esos viajes sorpresa de Akane cuando los necesitas..? Uhmm… ¡eso es! Tengo que hacer que alguien se la lleve por ahí¿pero quién?” Con esos pensamientos rondando por su cabeza, Ranma bajo en automático a la cocina, donde se encontró de frente con una Kasumi bastante soñolienta.

“Buenos días… Ranma.” Dijo entre bostezos la mayor de las Tendo, frotándose los ojos en un vago intento de despertarse un poco más. Ranma devolvió el saludo sin mucho afán pero sin un ápice de sueño, cuando se dio cuenta de algo. Kasumi le podría ser de gran ayuda. Así que, haciendo gala de la sinceridad y… bueno, falta de tacto que lo caracterizaba, Ranma fue directamente al grano. “Kasumi, ¿podrías llevarte a Akane a dar un paseo contigo esta mañana?” La pregunta pilló desprevenida a Kasumi, que estaba empezando a preparar el desayuno para la familia.

“¿Cómo has dicho, Ranma?” Le preguntó mientras se giraba para, esta vez, entender bien lo que decía el chico. Ranma habló esta vez con menos confianza. “Quiero decir, que si podrías llevarte a Akane por ahí esta mañana. Es que verás, necesito… esto… entrenar, eso, entrenar en una de las escuelas de esas de las que os hablé hace unos días, y es indispensable que esté yo solo, ¿sabes?” Terminó el chico, deseando que la explicación fuera suficiente para aplacar la curiosidad de Kasumi, la cual sonrió comprensivamente. Ciertamente recordaba lo que les contó sobre esas escuelas secretas que iban a aprender. “Este chico tiene una fijación con aprender nuevos movimientos…” Pensó para si Kasumi Tendo, casi suspirando mentalmente.

En unos momentos, gracias a la ayuda de Ranma para poner la mesa, el desayuno estaba casi servido, y, poco a poco, los comensales iban ocupando su lugar. Cuando todos estaban reunidos en la mesa, incluyendo a Kasumi y Nodoka, que al bajar había ido directamente a la cocina a ayudar a la primera, y Genma y Ranma estaban enfrascados en su pelea matutina por la comida, esta vez a baja intensidad por ser tan pronto, la dulce y serena voz de Kasumi se oyó por encima del murmullo general. “Akane-chan, ¿podrías acompañarme esta mañana a hacer la compra?”

La chica de ojos marrones y cabellos negro-azulados sonrió feliz y asintió enérgicamente. “Por supuesto, Kasumi Onee-chan. Estaré encantada de ayudarte.” Sin embargo, el resto, exceptuando a Nodoka, que todavía tenía alguna esperanza por su futura yerna, o más bien, que sólo había probado sus intentos de cocina una vez, no había puesto tan buena cara. Más bien era una de pena infinita y malos augurios. “Si lo llego a saber…” Se le escapó a Ranma, y por desgracia para él, fue escuchado por Akane, la cual se enfadó bastante.

“¿Si llegas a saber qué, Ranma?” Preguntó la joven con un tono que prometía mucho dolor si la respuesta no era de su agrado. Ranma, siendo como era un Saotome, no se dio cuenta de ese tono que delataba peligro inminente, y respondió de manera automática. “Nada que te interese saber, patosa.” En el momento en que Akane levantaba su mazo amenazantemente, intervino Kasumi con la esperanza de ahorrarle a Ranma un viaje no buscado al vecindario de al lado. “Era sólo que Ranma quería estar solo para entrenar en la escuela secreta que la Anciana Cologne le está enseñando.” Dijo ella en un tono conciliador.

Craso error.

“Es decir, que te compinchaste con mi hermana para que no te ‘molestara’. Preparaste todo para que no pudiera ‘molestarte’, ¿no? Y lo hiciste todo antes de que me hubiera levantado.” Gritó Akane, con un enfado tal que hasta una estampida de elefantes se lo pensaría dos veces al acercarse a ella. Ranma, a diferencia de sus compañeros de mesa, que habían recogido toda la comida y se habían alejado bastante, estaba inmóvil, con la posición que se pone cuando se está pensando algo, y, por tanto, ignorando a su prometida.

Lo que la enfadó a más no poder, con lo que, de un potente giro de muñeca, mandó a su prometido a dar una vuelta por los cielos sin necesidad de motor. La voz de Ranma, en forma de un “¡Kawaikunee!”, se oyó bajando de intensidad conforme se alejaba, pero ese grito era mucho más vacío que los que normalmente daba al recibir un golpe de su prometida.


Al mismo tiempo, en las nubes estaba Ranma mientras lo que Akane le había dicho se repetía en su mente. “‘Preparaste todo para que no pudiera molestarte, ¿no?’… ‘Preparaste todo…’ ¡Eso es! Eso es, eso es, eso es. Está claro. En eso se basa la escuela. ‘El dragón prepara el alba para alzar el vuelo.’ He de preparar las circunstancias para poder ganar fácilmente. ¿Pero como? Hmmm… Ah, ya sé. Sólo si me conozco a mi mismo podré saber que necesito preparar… pero esto… es justo lo contrario que el Todo Vale…” La gravedad volvía a hacerse presente cuando la trayectoria de Ranma tomó un rumbo descendente, con dirección a un edificio que le resultaba extrañamente familiar…

“¿Uh? Ou, el Nekohanten, que…” Antes de que pudiera decir nada más, Ranma impactó contra el tejado del café con un sonoro golpe, que por supuesto alertó a los habitantes del lugar. Se estaba poniendo de pie cuando saltaron todas las amazonas, Shampoo por la derecha, Mousse y Cologne por la izquierda, todos con un algún arma preparada. Al ver que se trataba del chico de la trenza, Cologne y Shampoo se acercaron, la primera bastante entretenida, la segunda algo preocupada.

“¿Chica Violenta haberte hecho volar de nuevo?” Ranma sólo asintió. “No pasa nada.” Respondió sin darle importancia al asunto. De repente, se encaró a la matriarca y habló de una forma tan seria que no parecía él. “¡Eh, Cologne! Esta escuela del Dragón… tú sabes como es, en que se basa.” No era una pregunta, sino una afirmación. La matriarca asintió lentamente, sabiendo que este momento tendría que llegar, pero sorprendida de que hubiese sido tan pronto. “Entonces, ¿por qué..?” La voz de Ranma había cambiado drásticamente, tanto que la pregunta parecía más una súplica.

Cologne odió tener que decir lo que era necesario, pero era algo que debía ocurrir. Un sacrificio entre los muchos que habría que hacer. “Tú decides Ranma. Puedes dejar ahora el entrenamiento, y nadie te culparía, ni te llamaría cobarde. No te tomes esto como un desafío, por que es tu modo de vida lo que está en juego. Ya te deberías haber dado cuenta lo fácil que es manipularte, poniendo las cosas como un desafío. Esto no lo es. Así que piénsalo.” La anciana amazona no estaba dándole ni órdenes ni consejo. Era, simplemente, lo que tenía que hacer. Y aún así, su tono no era frío.

Ranma, entonces, se tumbó en el tejado y empezó a mirar las nubes blancas de algodón pasar con miles de formas por encima de su cabeza. Dio un largo suspiro que le internó en su mundo propio, donde no le importaba que la gente que tenía alrededor se le quedara mirando, y comenzó un monólogo qué, esperaba, le ayudase a decidir. “Bueno, Ranma Saotome, has de decidirte. Por un lado, una escuela de lucha de enorme poder, la del Dragón, donde el punto fundamental es conocerse a uno mismo para poder prepararlo todo antes de comenzar una batalla. Y por otro lado, el Todo Vale, escuela que llevo estudiando desde… desde que tengo memoria, y donde lo importante es que te amoldes a las condiciones. Dos polos opuestos, dos extremos de… extremos… opuestos… Hmmm… ¡Sí! Ya sé. Aunque no se lo diré. Ja, voy a ser el mejor arista marcial del mundo, eso si no lo soy ya…”

El joven, una vez decidido, se levantó de un salto, y sin más dilación, anunció su decisión a Cologne, un pequeño aura de confianza brillando a su alrededor, fuego en sus ojos. “Elijo aprender tu escuela Cologne. Ya verás, seré el mejor… ja, ja, ja…” Las amazonas, ya que Mousse se había marchado a seguir con sus cosas, compartieron una mirada de incredulidad al ver la confianza que emanaba del chico. Antes de que pudieran hacer ningún comentario, Ranma se les adelantó. “Bueno, me marcho al dojo a terminar…” Y con ese misterioso comentario, de un salto se equilibró en una pared cercana.

“¿A terminar qué?” Gritó Shampoo, muerta de curiosidad. Ranma le respondió con una sonrisa. “A terminar de desayunar, claro.” Shampoo se cayó de bruces.


Habían pasado unas horas desde la comida, en la que Ranma había estado pensando mucho en como convertir alguno de sus movimientos en uno que pudiese representar la escuela que trataba de dominar, ignorando casi por completo lo que tenía alrededor, y por ende, a Akane, que de nuevo se había tomado tal acción como una ofensa, aunque no había hecho nada más que poner mala cara y terminar rápido de comer para ir a su habitación. Al fin y al cabo, a ella no le importaba lo que el baka hiciera, o eso repetía constantemente.

Por tanto, Ranma se encontraba solo en el dojo, en la posición de la flor de loto, tratando de encontrar una manera de poder sorprender a la anciana. Le quedaban unas horas para ir al entrenamiento, y sólo había hecho un avance. “Los ataque físicos están descartados. Me imagino, ahora que he podido pensarlo bien, que el Hiryuu Shoten Ha tendrá algo que ver con esta escuela. No sé, a lo mejor otro ataque basado en el ki, como el Mokô Takabisha…” Sus pensamientos fueron cortados cuando una persona entró en el dojo. Su gi amarillento de entrenamiento, todavía con una manga rota, la delató al instante.

“Akane…” Dijo el chico, algo arrepentido de haberla hecho enfadar, a pesar de que no comprendía bien el motivo. Él quería hacer las paces, pero como siempre, no sabía como hacerlo. Simplemente Akane le confundía demasiado. No tenían ni por asomo tantas peleas como cuando se conocieron, pero aún así no les era fácil mostrarse nada más que algo parecido a amistad. Aunque había algo más bajo la superficie.

“Ranma…” Suspiró la joven en respuesta. Se fue acercando lentamente a él, mientras el joven de la coleta no le quitaba ojo. Por fin, tras lo que pareció una eternidad, estaba frente a frente, tan cercanos e inalcanzables. Era uno de esos mágicos momentos en los que parecían hablar claro, sin tapujos, sin decir nada. Sus miradas estaban entrelazadas, pero eran frágiles todavía, demasiado debilitadas por su orgullo o por su timidez.

Y por eso Ranma apartó la mirada. No podía resistir esos ojos marrones suplicantes. Hizo un esfuerzo sobrehumano para dar voz a sus pensamientos, pero sin mirarla a los ojos. “Akane… yo no quería, no quería hacerte enfadar…” Dijo Ranma muy bajo, aunque la joven hizo caso omiso, y empezó a hablar por su cuenta. “Así que, seguirás adelante con el entrenamiento…” La suavidad con que la chica dijo eso sorprendió a Ranma. Él esperaba que le hubiera gritado o algo por el estilo después de lo que pasó aquel día en el tejado.

Estaba sin palabras, y no sabía que hacer. Akane volvió a hablar, y sus palabras sonaron tan preocupadas para Ranma que un escalofrío le recorrió la espalda. “Estás perdonado Ranma, pero la próxima vez me gustaría… que me dijeras algo de lo que vas a hacer.” Con eso, ella se fue por donde había venido, pero bastante más rápido.

Realmente su relación estaba cambiando.


Varias horas pasó Ranma perdido en sus pensamientos, repasando lo que le había dicho Akane, pero también formando un movimiento en su mente para la ocasión que se le avecinaba, mientras estaba sentado en el frío suelo del dojo. De nuevo, la quietud se había instalado durante la comida, o esta vez, cena. Todo el mundo había comido despacio y en silencio. En un silencio total, ya que ni siquiera habían encendido la televisión para que acompañara la cena. Por fin, cuando hubo terminado, y tras echar una breve mirada a su prometida, Ranma se levantó y anunció que se tenía que marchar.

El chico sólo notó que Akane se sacudió involuntariamente cuando se iba a marchar. Preocupado, algo confuso y un poco arrepentido se sentía cuando se dirigía lentamente hacia el Nekohanten. Sin embargo, un pensamiento sobresalía en el mar de confusión que era su mente, como faro que indica el camino.

“Todo esto lo hago por ti, Akane.”


Al capítulo anterior. O a Sayonara Amazonas. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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