Son dos mentiras

Micro-historia, salpicada del Linkin Park más duro, del espectador sufridor que ve como por fin su amiga se libera del yugo de las mentiras y de los amigos que las usan.

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Rabia. Muchísima rabia. Canalizada a través de Linkin Park, la rabia por la injusticia cercana casi no me deja pensar a veces. Por eso, escribí esto. Lo empecé hace un mes; lo he acabado esta misma noche, mientras el corazón lanzaba la sangre hasta el cerebro con violencia. Una pequeña confesión que representa el, tal vez, iluso escenario que deseo a veces para poner fin a tantas tormentas que se generan entre cuatro paredes blancas.

Son dos mentiras

Tus ojos son dos mentiras que tratas de hacerme creer cada vez que respiras.

No quiero creer ni una de tus palabras. Ya no siento pena cuando agonizas cada noche en vela. Ninguno de tus golpes, ninguna de tus tretas, son ya lo suficientemente buenas para que me las crea. Y aunque abuses de cada minuto que me queda, pienso dejar que cada instante huya con su recompensa.

Te echas, me atacas. Derribas las defensas mientras me retiro. Ya no me queda ni un nido donde huir de tu influencia. Hay un portazo y no huyo a tu presencia. Quiero seguir calmado, en mi sitio, pero no sé como soportarlo. Tantas confesiones vuelven ahora cargadas de veneno, sin la intención que un día las vio partir del fuero interno. Ahora me derriban, me pesan en el alma, y tú me miras desde arriba.

Se acaba la energía de un día de mentiras y risas; la tensión aumenta, veo que tu máscara se transforma y se diluye. Termino viendo el monstruo que no huye, aquel que mantuve bajo supervisión en cada momento de presión. Ahora no me queda nada de aquella satisfacción. Mantenerte bajo control tomó todo lo que había en mí, y ya no me queda nada que ofrecer a los que realmente lo dan todo por mí.

Y ahora me vuelvo. No puedo seguir escuchando todo lo que al fin se está descubriendo. Tu catarsis es la mía, y mi corazón también se acelera al escuchar la verdadera situación que al final salió a la luz. Tiemblo con anticipación; cada músculo se tensa, y empieza la sudoración, el escape de cada uno de los sentimientos que empujaban en mi pecho.

Todo lo que sentí por ti, todo lo que aguanté, toda la confianza en ti. Cada palabra que dices es un nuevo puñetazo, la respiración entrecortada, el dolor en los nudillos que te hace sentir vivo. La rabia da más puñetazos, y ya me olvido de defenderme; soy todo ataque, pura energía de resarcimiento. No dejaré nada sin decir; no me guardaré ni un golpe, recibirás todas las combinaciones que pueda imaginar. Puede que nunca se repita esta pelea, y por eso no dejaré escapar ni una sola posibilidad de devolverte todo el daño que has hecho.

Tengo que respirar, y la ilusión se desvanece. Sigue la rabia, pero de vuelta a mi cuerpo, mi alma ya no imagina ser la tuya. Aún tus palabras llegan desde lejos, como si estuvieran cansadas. Y es que los cristales de tu voz han terminado por romperse en pleno vuelo. Le cortan y le acuchillan con sus filos de verdad y rabia, y no puede defenderse. Ojalá que el ataque perdure hasta que se rompa en mil pedazos de mentira.

El asalto acaba, y todavía sigue con vida. No la misma; ha sido cegada con la luz eterna de la honestidad brutal. Aún así, los pulmones deberían quemarle tras cada respiración, y tan sólo siente una ligera presión. Pero, son tus pulmones los que realmente me importan. Lo mejor será ponerlos en hielo durante un tiempo para que se recuperen cuanto antes. Tienes demasiado que decir como para parar ahí. Demasiada gente ignorante que hará bien en dejar de malgastarte y escuchar. La otra opción será soledad.

Cada centímetro de la piel me hierve. Tanto tiempo sufriendo te ha hecho impasible a tantas cosas. Un cuero recurre tu piel, no te deja sentir el frío que siempre ha hecho. Es el momento perfecto para usarlo y devolver cada arañazo y cada abuso. Y encontrar el lugar al que perteneces. Buena suerte. Tenme como escudo cuando me necesites. Y destruye a quién te haya mentido, a quién te haya hecho daño. Después de todo, no merecen nada.

Y cuando hayas acabado, dales la espalda y olvídalos. Porque eso es lo que son. Un recuerdo desvanecido, lavado por el tiempo.

Ellos no son nada. Tú eres todo.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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