Y el frescor de la noche…

Pequeño relato sobre las noches con la caja de Pandora, las ventanas y una ciudad que sigue su ritmo incluso en contra de la voluntad de las personas que la habitan.

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entra en mi habitación a través de la ventana abierta; y mece a veces delicado y a veces violento la cortina desgastada. Es como un mudo metrónomo que le hubiera tomado el pulso a la noche torpedeada por la alegría y la algarabía de Burgos. Así, el presente se cuela sin pedir permiso y emborrona por un momento la pantalla de una caja de Pandora, donde un ciego autor se afana en llenar de negro una hoja en blanco.

La habitación, desempolvada y ordenada, no presta a su ocupante la más mínima atención, contenta con tan sólo escuchar el suave rumor de los coches que, fuera, rugen al devorar el asfalto en busca de una pareja con la que aparcar la soledad. Apenas se puede decir que hay vida dentro de esas cuatro paredes blancas que vieron al dueño de tantos miedos expulsar algunos viejos y ganar otros nuevos.

La noche sigue avanzando y los números comienzan una nueva vuelta más, indelebles a pesar de los años. Todo lo contrario del anónimo personaje que los ve pasar con cierta ansiedad. Tiene una nueva meta, un nuevo propósito; más elevado que el que le llevó hasta la habitación, pero también más difícil. Aún así, siente más control de su vida de lo que nunca había sentido. Comprende que ése es el poder de tomar las decisiones correctas, aunque sean complicadas.

Todavía hay una inquietud en su corazón, una espina que le hace revolverse alrededor de su pecho; un olvido, un sueño y una sensación que le dejan inquieto, con la boca seca. Se revuelve el pelo abundante, señal de una época pasada que le enseñó mucho, pero que se descubrió como una corriente incorrecta, tal vez inalcanzable, por aquel que llevaba su nombre meses atrás. La solución, a unas calles de distancia, le espera dentro de unos días.

Morfeo le llama, pero desoye la llamada divina y sigue derramándose en la pantalla. Pero, ya los dedos le pesan, y cada vez las palabras se vuelven más y más difíciles de encontrar. Reconoce los síntomas del final nocturno, de la inconsciencia reparadora que se rompe todas las mañanas. Todavía con un alma por plasmar, cierra las puertas a las musas y abre las ventanas a sus dientes con un enorme bostezo. La batalla está perdida antes de empezar.

Finalmente, se recoge. Preparado en su alma para una soledad más, la disfruta al máximo para poder olvidar que las soledades, siendo sinceros, nunca se pueden disfrutar tanto como las compañías.

 

Cómo escribí a mediados de agosto de 2009 en mi antiguo Space. Y me pesa tener que borrar un comentario que me hicieron a esta entrada, ya que me empujó a seguir escribiendo cuando había perdido las ganas. Aún así, gracias a aquella persona por darle algo de luz a aquel lugar tan oscuro.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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