No, I know… I’m no Superman

Cómo escribí a mediados de junio de 2009 en mi antiguo Space:

Se acabó. Al menos para mí, “Scrubs” ha terminado. Ocho temporadas de humor inteligente y absurdo por momentos. De hecho, Scrubs es más que una serie para un servidor; es el marco en el que se encuadra mi primer año de piso. ¡Y menudo marco más genial!

Pero, antes de que lluevan las críticas (pues hoy en día llueven por cualquier cosa), permítanme explicar el párrafo anterior. Soy de la firme convicción de que la importancia del entretenimiento (libros, películas, juegos…) no es intrínseco a ello mismo, sino que se lo damos los que lo consumimos. Que nadie confunda esto con la calidad (¡por favor…!), ya que muchas discusiones empiezan y acaban por ese mismo hecho. Hablo sobre la huella que dejan en la memoria las distintas formas de entretenimiento que consumimos casi de manera diaria.

Cuando nos enfrentamos a cientos de películas, docenas de nuevas series y tal vez dos o tres libros nuevos al año (así, a ojo de buen cubero), hay que reconocer que al poco empezamos a pensar que “ya lo hemos visto todo”. ¿Verdad? ¿Quién no tiene esa sensación de que ese argumento ya lo ha visto en otra parte? ¿O qué están repitiendo fórmulas que tan sólo unos años atrás eran algo totalmente revolucionario? ¿O qué ciertos actores se repiten hasta la saciedad? Pronto, nos quedamos impasivos ante casi cualquier cosa. Entonces, cuando la sola calidad de lo que vemos o leemos o escuchamos ya no es lo que marca la diferencia, ¿qué lo hace?

La respuesta, como se puede imaginar, es la más obvia, y al mismo tiempo, la imposible de predecir: nosotros.

Cada uno, por su situación, su forma de pensar o cualquier otra variable aleatoria más, encuentra que algo de ese entretenimiento desborda sus barreras y se hace un hueco en su mente. Ya sea la historia de un chico sin ombligo, la visión del siglo XXIV de un visionario o la vida de cinco amigos de Nueva York, hay algo que nos lleva a recordar sus vidas y sus aventuras; tanto como si fueran amigos nuestros de verdad, e incluso aprendiendo de ellos y aplicando sus lecciones a nuestra vida muy real. Incluso si esa lección es: “Tu vida es un programa de ordenador”.

Y es por eso que Scrubs, al llegar a su final, se me ha descubierto como una de esas series que entran en el Olimpo de la memoria. En mi caso se ganó ese lugar en el momento en el que un nuevo residente tiene que meterse en un pequeño almacén para huir de sus miedos en su primer día de hospital real. Divertida pero dramática, absurda pero crudamente real. Incluso sin mayores razones que esas, seguramente hubiera terminado por devorar la serie de todas maneras. Alguien que fantasea tanto como J.D., su personaje principal, debe llevar una vida digna de recordar, aunque sea mental.

Pero, lo que hoy, casi un año después de haber empezado a verla, es la verdadera razón por la que quedará siempre conmigo es la intrahistoria que envuelve a esta serie. Un puente de acceso a una persona que aprecio y admiro, y que ha resultado ser una enorme aliada contra las vicisitudes de este destino incierto. Y, al mismo tiempo, una especie de red de seguridad que se ha ido extendiendo durante todo este tiempo; un vicio en el que recaer sin temor al rechazo cuando todo lo demás fallaba; y sí, por qué no decirlo, otra voz aleccionadora sobre algunos temas que jamás pensé podría encontrar en una serie.

Por momentos, otro reflejo más de mi propia actividad mental.

Por todo ello, Scrubs no es una serie, es un vínculo de unión; un camino que recorrer para llegar a otra persona. Y como el Cid, después de muerta puede ganar otra batalla, ya que en el futuro podrá actuar de nuevo como puente cuando la distancia espacio-temporal de este espacio de Minkowski en el que vivimos haya enfriado una relación que ahora mismo se acerca a su temperatura crítica (o eso pienso yo…).

Hasta entonces, no me queda más que dejar aquí el tema principal de la serie, el que da nombre a esta entrada y que, como todos los buenos temas, cierra el último episodio de esta magnifica serie. Ahí va, letra incluida, “Superman” de Lazlo Bane:

 

Superman

ANY CHARACTER HERE

Out the door just in time
Head down the 405
Gotta meet the new boss by 8 a.m.

The phone rings in the car
The wife is workin’ hard
She’s running late tonight again

Well
I know what I’ve been told,
You got to work to feed the soul
But I can’t do this all on my own
No, I know, I’m no Superman
I’m no Superman

You’ve got your love online
You think you’re doing fine
But you’re just plugged into the wall

And that deck of tarot cards
Won’t get you very far
There ain’t no hand to break your fall

Well
I know what I’ve been told
You gotta know just when to fold
But I can’t do this all on my own
No, I know, I’m no Superman
I’m no Superman

That’s right

You’ve crossed the finish line
Won the race but lost your mind
Was it worth it after all

ANY CHARACTER HERE

I need you here with me
Cause love is all we need
Just take a hold of the hand that breaks the fall

Well I know what I’ve been told
Gotta break free to break the mold
But I can’t do this all on my own
No I can’t do this all on my own
I know that I’m no Superman
I’m no Superman

I’m no Superman
Someday we’ll be together
I’m no Superman
Someday
Someday we’ll be together
Someday
I’m no Superman

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