Caminos y revelaciones

Cómo escribí el primero de marzo de 2009 en mi antiguo Space:

Mucho ha pasado ya desde aquel 21 de enero. Nuevo Año, misma sensación. Hay que ver lo que un simple febrero, con sus escasos 28 días, ha podido darme.

Ismael Serrano. De primeras, eso es lo que me ha dado, aunque en realidad fuera el producto de los últimos coletazos de un enero que se extinguía sin pena ni gloria. Por supuesto, la experiencia resultó inolvidable, no sólo por el conciertazo que el tipo de tirantes y sombrero nos brindó en Salamanca, sino también por la compañía más que fantástica de un tipo de lo más curioso que me acompañó y al que acompañé durante la larga noche de espera que el primer tren de Renfe nos obligó a superar. Hay fotos de ese extraño ocaso de locura y sinceridad, pero como las fotos son algo totalmente personal que no me gusta compartir a la ligera, todo eso quedará para mi acompañante y yo. Acompañante que no dudará ni un momento en saltarme encima en cuanto tenga la menor oportunidad.

Y eso, siempre se agradece.

Túnez. El viaje me recordó por momentos al periplo salmantino, si bien la cosa era diferente en un aspecto fundamental: no estaba sólo. En el concierto de Ismael Serrano sólo había tenido una persona con la que convivir en todo momento, persona con la que tengo una gran complicidad y confianza. En este caso, además de las personas a las que conocía había otros cuantos elementos extraños. Elementos a los que no conocía y que, haciendo una excepción y media, no tenía mayor interés en conocer. A pesar de todo, el viaje fue, también, excepcionalmente interesante, divertido y aleccionador. Interesante porque ha sido un buen primer paso para abrir la mente (¡y el estómago!) a cosas nuevas, y ampliar así los horizontes que hasta ahora nunca habían llegado más allá del país natal. Divertido por razones más que obvias y por otras no tan evidentes al comienzo del viaje. Y aleccionador, la cosa más importante para mí, porque he aprendido mucho de la gente que me acompañaba, y aún más, para bien o para mal, de la gente que no me suele acompañar. Y además, he encontrado una especie de musa encerrada por la fuerza de sus propios sueños en un mundo fantástico que se aleja con cada día que pasa de la realidad en la que vive, una dicotomía escondida en el fuero interno de una mujer que no puede decidirse a nada porque desterró los errores tiempo atrás. Aunque sólo sea, ha sido un viaje de los más revigorizante para mi ansia escritora.

Lo que se agradece.

Por lo que quiero agradecer a la gente que ha hecho posible estas dos gratas experiencias el hecho de que hayan hecho posible tal cosa.

¡Muchas gracias, campeones!

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